Platón,
para explicar la creación del mundo, escribió que un cuerpo que lo abarcase
todo, no necesitaría ojos para ver, ni oídos para oír, puesto que todas las
cosas estarían en él contenidas y ninguna fuera de él, y que por eso Proclo
dijo que los más altos misterios deben ser vistos sin ojos y escuchados sin
oídos, asegurando que Orfeo se refería a eso cuando dijo “que Amor es ciego” El propio Ficino repitió
este verso órfico perdido - “guardando en su pecho un ligero amor ciego”-, y a
esto justamente se refiere también Pico de la Mirandola en una de sus conclusiones:
El
Amor une el intelecto inteligible a la primera y secreta belleza por cierta
vida que es mejor que la inteligencia. El mismo teólogo de los griegos (Orfeo)
llama por lo tanto ciego a ese Amor… Y me parece que Platón encontró ese dios
en Orfeo, donde es llamado al mismo tiempo, Amor y gran duende.
No cabe duda de que entre los exploradores y cronistas que llegaron a América los pintores realizaron un papel fundamental como fotógrafos de la realidad.
Ese es el caso de George Catlin, que se convirtió en un foto periodista, un cronista de su época y por ello mismo un rescatador de la Memoria.
"Los Placeres de la Danza", Andrea di Bonaiuto (1365). Capilla de los españoles en Santa Maria Novella. Florencia.
A Guglielmo Ebreo (1420-1484) le debemos nada menos que el único tratado que sobre la danza existe: El Arte de danzar y dirigir conjuntos,
donde cita a su maestro: Domenico de Piacenza, un pitagórico, quien fuera
Maestro de Danza y de Ceremonias en Ferrara, con la familia d'Este. Por ello es a ambos a quienes se les considera responsables
de haber elevado la danza a la categoría de Arte liberal, siendo además los
inventores del oficio de coreógrafo y creadores del ballet. Y aunque es
opinión generalizada que este baile es una danza francesa, en realidad es en Francia
donde el ballet (de balletto) murió, y en su lugar emergió el edulcorado ballet
actual, que se contradice totalmente con los principios de la danza enunciados
por sus creadores, para quienes lo más importante es la armonía, y nunca la
postura forzada y la contorsión corporal que no pueden formar parte de la
esencia de la danza, ya que esta, según sus creadores, debe ser la expresión misma de
la armonía cósmica, idea emanada de la filosofía platónica a través del círculo
intelectual de Ficino.[1]
De Guglielmo Ebreo es De pratica seu arte tripudii vulgare opusculum (obra escrita hacia
1463), donde explica, por ejemplo, que el Balletto
in due o Ballo Amoroso, simboliza la concordia, por lo que
todos los movimientos y gestos deben ser mesurados, señalando que:
La virtud del danzante nace cuando
complementa los movimientos del cuerpo con los movimientos del espíritu, sea cual fuere la danza.
De pratica seu arte tripudii, Folio 21v
Guglielmo Ebreo estaba relacionado con el grupo de Ficino,
especialmente se conoce su relación con Lorenzo de Medici a quien le gustaba
componer canciones que compartía con Guglielmo.
Para este maestro el arte de la danza posee seis
reglas principales, a saber: medida o compás, memoria, división del espacio, ligereza o aire,
manera o estilo y finalmente la expresión corporal.
La importancia de la obra de Guglielmo se acentúa porque en
ella recoge, junto a las suyas propias, coreografías de su maestro: Domenico de
Piacenza. Dicha obra alcanzó una gran popularidad circulando por casi todas las
Cortes italianas en copias manuscritas.
Del prestigio y fama de los que gozaron estos dos músicos y
coreógrafos entre los intelectuales y nobles del Renacimiento, da testimonio el
hecho de que ambos fueran condecorados como Caballeros de la Orden de la
«Espuela de Oro», un título que se otorgaba a los príncipes y jefes de Estado.
Guglielmo, por consejo de sus amigos hermetistas y para eludir las grandes
suspicacias que comenzaron a suscitarse en Europa contra los judíos, se convirtió
al catolicismo y de cara al exterior cambió su nombre por el de Giovanni
Ambrosio.
Lo cierto es que, en cuanto a la danza se refiere, podemos
decir que el movimiento humanista trasformó los bailes campesinos (que
desaparecieron totalmente de la Corte junto a otros movimientos más estáticos
de la danza medieval basados en las posturas de la esgrima) en bellas escenificaciones donde cobra protagonismo el compás, el ritmo, la
memorización de los gestos y el número de los pasos, poniendo interés en no
crear un estilo afectado, ni tampoco estridente.
Guglielmo habla de nueve normas
naturales para la Danza que denomina: 'paso-simple', 'paso-doble', 'repetición', 'posición', 'reverencia', 'vuelta' y 'media-vuelta'. Todo ello aderezado por la
gracia natural en el salto y la elevación. También menciona tres elementos
accidentales, o artificiales: 'el estrechat', 'el paso corrido' y 'el cambio de
pie'.
Es la dulce música o el canto lo que penetrando por el oido llega al corazón y de ahí mueve los pies y el resto del cuerpo. Así nace la danza.
De Guglielmo Ebreo es esta definición sobre la danza que tiene
a la Música y el Canto como forma natural de inspiración:
La suave armonía del
dulce canto
llega al oído y hasta el corazón,
de tal dulzura nace un vivo ardor
del cual surge la danza que tanto gusta
[1] Por cierto que Joscelyn Godwin (cuyos primeros escritos a muchos nos llegaron a través de la revista Symbolos en la época en que esta se editaba en papel y la dirigia Federico González) ha tratado con bastante lucidez este tema en su obra Armonías del Cielo y de la Tierra. La Dimensión Espiritual de la Música.
Dante meditando las palabras de Francesca. Joseph Noel Paton (1881-1901)
Errantes e impelidas por el viento vagan las almas en el
segundo círculo del infierno. Allí encuentra Dante a Francesca de Rímini que cuenta
al poeta la conmovedora narración de su desgracia al haber abandonado la vida,
junto a su amante Paolo, hermano de su marido, a manos del esposo burlado.
Dante siente una gran compasión por las atormentadas almas
que allí se encuentran, pues todas ellas sufren el tremendo dolor de haber sido la
causa, por amor, de teñir de sangre el mundo.
Allí, entre otros, se encuentran Helena y Paris, causantes
de la cruenta guerra de Troya. También está Aquiles quien por amor a Briseida
volvió al combate causando la muerte al gran príncipe Héctor que nunca quiso la
contienda.
También está en ese círculo infernal Cleopatra, y Dido, reina de Cartago,
a quien la pasión amorosa hizo que se prendara de un hermoso cuerpo, lo cual
acabó llevándola al suicidio y a quebrantar la promesa hecha a las cenizas de
su esposo, el sacerdote Siqueo.
Apesadumbrado el poeta por el sufrimiento que padecen aquellas
almas se detiene ante Francesca quien, con tremenda congoja, agradece al poeta su
compasión e interés por todos los que allí purgan con el dolor el haberse visto arrastrados
por su pasión amorosa. La sombra de Francesca cuenta al poeta, mezclando el llanto a
las palabras, de qué modo cayó en las redes del amor
Fue un día en el que estaban ella y Paolo leyendo, por
entretenimiento, las aventuras de amor entre Lancelot y Ginebra:
“aquella
lectura –explica Francesca- hizo que nuestros ojos se buscaran muchas veces y
que palideciera nuestro semblante; mas un solo pasaje fue el que decidió de
nosotros. Cuando leímos que la deseada sonrisa de la amada fue interrumpida por
un beso tembloroso en la boca: el libro y quien lo escribió fue para nosotros
otro Galehaut [intermediario en los amoríos entre Lancelot y Ginebra]; aquel
día ya no leímos más”.
Tras escuchar el relato rememorando aquel momento feliz que
les había llevado a la miseria, Dante siente tal sobrecogimiento que cae
desvanecido. Así lo cuenta el poeta:
“Mientras un alma decía esto, la otra lloraba de tal modo
que, vencido por la piedad, me sentí desfallecer y caí como cae un cuerpo
muerto”
.Mª Angeles Díaz
Episodio relatado en el canto V de la Divina Comedia
Francesca de Rimini y Paolo Malatesta. Jan Bogaerts (1878-1962)
Existe una tradición pictórica de representación de la
última cena de Cristo con sus discípulos.
Al principio las pinturas se nos muestran austeras, como
literales, extrayendo con los pinceles lo más concreto del relato evangélico
donde se escenifica a Jesús rodeado de sus discípulos y señalando directamente
al traidor, a Judas. Algunos pintores incluso han resaltado en sus pinturas a
esta figura antagónica sentándola enfrente de todos ellos, al otro lado de la mesa.
O bien dándole la espalda al Maestro Jesús.
El realismo también llegó a esta tradición pictórica y
entonces se representó a los apóstoles reunidos en torno a la mesa, colocados a
ambos lados de ella.
También se añadieron elementos, como la mesa puesta con los utensilios para la cena, o personajes que no están en el relato evangélico, santos, fundadores de ciertas órdenes, criados y hasta reyes.
Algunos artistas florentinos añadieron a la escena una arquitectura y perspectiva centrando sus obras en destacar la institución de la Eucaristía, o comunión de los apóstoles.
Y si bien es cierto que Leonardo sigue la estela de esa
tradición de pintores florentinos en su representación de "La Última Cena", también es cierto que a
todos superó en cuanto a la tensión dramática que consiguió imprimir al acto,
acorde con el relato evangélico que se estaba ejemplificando. A.M.A.D.
Bernardo Bembo, seguidor
de la poesía de Dante y de "Los Fieles de Amor" es, de algún modo, el
que inició la restitución del poeta florentino al lugar de honor que por su
exilio en Rávena nunca debió perder en Florencia.
Bernardo, a decir de Cristóforo Landino, miembro como él de la academia platónica florentina, no
solo escribió versos que no pueden ser distinguidos de los del propio Dante, sino que también tuvo a su Beatriz; se llamaba Ginevra, un nombre
que a Bernardo le evocaba, por su simbolismo sonoro, al enebro.
Es por ello por lo que
cuando pidió a Leonardo da Vinci que pintara para él un retrato de esta dama, en él
aparezcan varios enebros de fondo. Y es que si algo caracterizó el espíritu de
los “Fieles de Amor” fue, precisamente, el amor hacia el ideal que representaba
la dama, siempre identificada con la imagen simbólica de la Sabiduría y la
Belleza interior del alma.
En el reverso del cuadro Leonardo pintó la insignia de Bernardo: una rama de laurel y otra de palma abrazando en el centro un enebro y, enlazandolo todo el lema de Bernardo en latín que dice: VirtutemForma Decorat. (La belleza orna la virtud), pues como para Platón "la Belleza es el esplendor de lo verdadero".
Perséfone 🌺, la amada hija de la diosa Deméter 🌾, fue llevada por Hades a su reino, el Inframundo.
Como consecuencia, Deméter, diosa que provee fecundidad a la tierra, cae en una desesperada y profunda tristeza que se traduce en el fin de toda vida vegetal sobre el manto terrestre.
Ante el peligro que esta esterilidad se vuelva definitiva, Zeus, rey de todos los dioses, determina que Perséfone pasará una parte del año con su esposo, y la otra con su madre.
Por eso hay épocas del año en que las semillas permanecen bajo tierra como si no tuvieran vida, y épocas en que de ellas brota la belleza exuberante del mundo vegetal 🌱🌾🌷🌴, y con ella, se dota de vida a todo ser viviente.
La imagen (cuyo autor desconozco) que acompaña este texto, captura el momento exacto en que la ya diosa del Averno, Perséfone, contempla extasiada el fruto de la granada que le ha ofrecido su esposo con el fin de asegurar su vuelta una vez al año a su reino. Cosa que ocurre cuando ésta toma un bocado.
Este fruto representa a la vez la vida y la muerte, porque:
- al estar henchido de semillas, simboliza esa dualidad de las simientes: enterradas bajo tierra, parecen muertas, pero atesoran toda la vida en su seno.
- su sorprendente belleza interior, cual piedra preciosa, simboliza los tesoros del mundo subterráneo 💎, del corazón de la Tierra, solo al alcance de quien reciba el don de llegar a él, muriendo y volviendo a renacer 🌱.
🤍 Esta página pretende ser un homenaje a esa Belleza interior (que todos atesoramos, como imagen que somos del Cosmos), a través de piezas hechas a mano con conciencia y Amor.
💎 Encontrarás sobre todo MINERALES, esos regalos tan preciados, y tan preciosos, que salen directamente de las entrañas de la Tierra. Que con esfuerzo, con pico y pala, ⛏️ se arrancan y son llevados a la superficie. Imposible no pensar en el duro trabajo del camino del Conocimiento, ese bajar a los Infiernos para renacer, renovado.
🧶 También encontrarás lana, hilo, y quién sabe qué más. Todo lo que nos permita transitar el camino de la creación artesanal con alegría y gozo.
📖 Y, por supuesto, habrá reflexiones para no perder de vista el foco que da origen a esta aventura.
Seguimos descubriendo el periodo medieval, y más concretamente el movimiento trovadoresco que se dió en las llamadas Cortes de Amor con Leonor de Aquitania, reina de trovadores y trobairitz.
Un movimiento que, con una gracia inusual, rescató para nuestra época los valores de una cultura que estaba en plena decadencia para imbricarlos en la cultura emergente de un nuevo ciclo.
A los autores ya nombrados, como René Guénon (Esoterismo Cristiano) o Joseph Campbell (La Historia del Grial), queremos añadir ahora a Julius Evola (El simbolismo del Grial) pues cada unos de ellos aportan datos suficientes para que podamos reconstruir todo lo que ese movimiento de las Cortes de Amor significó y significa para todos aquellos que entienden esos valores como un patrimonio del que son legatarios, pues hay herencias que no se reclaman por desconocerse que son bienes que en verdad les pertenecen.
Las Cortes de Amor de las trobairitz tuvieron sus tribunales, sus
reglamentos y sus deberes. Para las Órdenes de Caballería, donde estos tribunales
estaban insertados, y para aquellos que son recipiendarios de los valores iniciáticos de una Tradición,
no hay otra cosa que deberes, nunca derechos, los derechos nacen en las
sociedades que se infantilizan y hacen caso omiso a sus responsabilidades (véase
el caso de los landmarkso antiguos deberes de la Masonería, recipiendaria de
los valores de la Caballería espiritual).
El tema actual es el libro de André el Capellán (Libro del Amor Cortés) donde este autor medieval recoge el reglamento en el que se basaron los tribunales que dirigieron Leonor de Aquitania y las damas del Grial para ordenar su tiempo, todo ello en base a las normas dictadas por Amor.
En él se dice que son treinta y una las reglas que de viva
voz fueron prescritas por el mismo rey Amor, y puestas por escrito con el mandato
de que fueran entregadas a todos los amantes.
Dichas reglas, inscritas en el ciclo del Grial, y recogidas,
según llevamos dicho, en el siglo XII por André el Capellán en el ámbito de la
Corte de Aquitania, se custodiaban en el palacio del Rey Arturo en una percha
de oro, junto a un halcón, hasta que un día fueron conquistadas por un joven
caballero bretón cuyo afán era hacerse merecedor del amor de una hermosa
doncella de la que se había enamorado. Fue otra bella dama, a la que
casualmente encontró cabalgando en el bosque, la que dio al bretón los consejos
y las claves para vencer los grandes y peligrosos obstáculos con los que se
habría de encontrar en el camino hasta culminar exitosamente su aventura
heroica. Conseguir el halcón y el manuscrito con dichas reglas.
Los consejos de la dama misteriosa, los cumplió el
bretón a rajatabla, y de ahí que pronto se le viera de regreso con el halcón y
el manuscrito encontrándose nuevamente con la enigmática dama del bosque de la
que recibió un primer beso que repitió treinta veces. Tras la despedida el joven
reemprendió su camino hacia Bretaña, donde estudió dichas reglas tras lo cual
hizo entrega del halcón y el manuscrito a su amada para que fuera ella quien
tomara el deber de entregarlas a los amantes.
“Ella, reconociendo su plena fidelidad y dándose
cuenta de su arrojo y valentía, premió sus hazañas entregándole su amor. La
dama, cumpliendo con el deber adquirido hizo públicas dichas reglas del Amorante
una asamblea de numerosas damas y caballeros mandando a todos los amantes su
fiel cumplimiento por orden terminante del rey Amor. Toda la asamblea las
aceptó y prometió obedecerlas para no caer en el castigo de Amor. Asimismo,
todos los que estuvieron convocados en dicha asamblea, se llevaron las reglas
escritas y las difundieron por diversas partes del mundo a todos los amantes”.
Estas treinta y una reglas que el dios del Amor dictó
están, como es natural,acomodadas a una
época, pero en lo esencial siguen siendo actuales y algunas de ellas incluso
las podemos considerar más avanzadas, por ejemplo las que tratan el tema del
matrimonio, del compromiso, de los celos, de las causas que hacen que crezca o
disminuye el amor, de la edad a partir de la cual se está en condiciones de
amar, de que a nada sabe el amor cuando el amante lo consigue contra la
voluntad de la pareja, de que nadie puede amar si no es incitado por el amor,
de que el verdadero amante no quiere más abrazos que los de la persona que ama,
de que el amor no puede negar nada al amor, de que nada impide que dos hombres
amen a una mujer, ni que dos mujeres amen a un hombre…
De acuerdo a estas leyes, Leonor de Aquitania, su hija
María y el resto de damas de su corte, crearon un reglamento y unos tribunales
llamados de Amor, donde aplicarlo para dar a las personas que se sometían a sus
juicios, un veredicto que solventara sus conflictos cuando los propios
litigantes no eran capaces de hacerlo razón por la que pedían tal arbitrio.
André el Capellán recoge veintiuno de esos juicios, en
cinco de ellos la sentencia es emitida por María de Champaña; tres son
sentenciados por su madre, Leonor de Aquitania; tres más por Alix de Champaña,
cinco por la vizcondesa Ermengarda; dos más por la condesa de Flandes,
Elizabeth de Vermandot de Narbona y uno por la asamblea de Gascuña.
Sin embargo, no debemos pensar que por ser tribunales
femeninos estos se decantaban a favor de las mujeres, sino que buscaban en todo
momento un veredicto ajustado a las reglas y se sancionaba por igual a quien
las hubiera incumplido, teniendo gran peso el cómo se habían roto dichas reglas
y cual debía ser la justa y proporcionada sanción a tal deslealtad.
Como decíamos, los Tribunales de Amor existieron desde
el siglo XII al XIV en la Provenza y también en otros lugares, eran escenarios creados
expresamente para actuar de mediadores en conflictos y disputas entre hombres y
mujeres, siendo ellos mismos quienes elegían este modo de dirimir sus
diferencias, comprometiéndose ambos a acatar su veredicto.
Por nuestra parte, y a modo de ejemplo, reproducimos
tres de esos juicios y su sentencia:
PRIMER JUICIO, ACTÚA COMO JUEZA MARÍA DE CHAMPAÑA
El dictamen lo reclama cierto caballero, oficial de
palacio, quien expone ante el tribunal que amaba sin medida a su dama y
disfrutaba de sus abrazos, ella sin embargo no le amaba del mismo modo. Ante
esa situación él quiso romper la relación, pero ella temiendo perderlo se opone
a su voluntad.
El veredicto de María es el siguiente:
“Ciertamente es perversa la intención de una mujer que
exige ser amada, pero se niega a amar. No tiene sentido exigir a los demás sin
consideración algo que uno niega”.
SEGUNDO JUICIO, ACTÚAN COMO JUECES UNA ASAMBLEA DE
DAMAS
El caso que exige una resolución es el siguiente: Un
caballero divulgó torpemente las intimidades y secretos de su amor con cierta
dama. Todo el tribunal, militantes del ejército del amor, piden que se castigue
severísimamente semejante exceso, pues temen que el ejemplo de tal traición sea
motivo para que otros lo sigan. En consecuencia, la asamblea de damas, reunidas
en Gascuña, tomó por unanimidad la firme y definitiva resolución siguiente:
Que ese hombre perdiera toda esperanza de amor y
llevara en todas las cortes, tanto de damas como de caballeros, el estigma de
persona censurable y despreciable. Y si una mujer violara temerariamente las
resoluciones de estas damas, entregándole su amor, quedaría sometida para
siempre a la misma pena y, por tanto, sería tenida por una mujer deshonesta.
TERCER JUICIO, ACTÚA COMO JUEZA LA REINA LEONOR DE
AQUITANIA
Un caballero solicitó el amor de una dama, que esta se
negó rotundamente a concederle. El caballero, no obstante, le envió unos
regalos muy valiosos que ella aceptó complaciente. Después, sin embargo, se
mostró esquiva en el amor y su respuesta fue rechazarle de nuevo. El caballero
manifestó ante el tribunal sus quejas, creyendo que el aceptar los regalos era
expresión del amor, una esperanza que ahora le negaba sin motivo.
La reina Leonor respondió así:
“O la dama rechaza los regalos ofrecidos, o los
compensa con el favor del amor, si no tendrá que soportar pacientemente que se
la incluya en la compañía de las prostitutas”.
La labor de Leonor de Aquitania junto a la su hija mayor, María de Champaña, y un selecto grupo de damas de la nobleza, tuvo para la posteridad cultural una gran repercusión al ocuparse de recoger por escrito las leyendas celtas del Santo Grial, la copa tallada en piedra esmeralda vinculada con el Cáliz cristiano, en ambos casos un símbolo del corazón de una Tradición y de uno mismo. Mitos y leyendas conocidos como "la materia de Bretaña" que contaban y cantaban los bardos y juglares que se acercaban a ellas y que estas fijaron en la letra ganándose Leonor el título de "reina de los trovadores".
La gesta de Leonor, de su hija María y del resto de compañeras y compañeros trovadores y escritores, como Chrétien de Troyes o André el Capellán, dió como fruto para la humanidad la recuperación de leyendas y valores ancestrales que estaban en plena decadencia, como es la tradición Celta, y revestirlos de la literatura caballeresca y de toda la saga del Grial que era a su vez el Cáliz cristiano, por lo que ambas fuentes tradicionales quedaron fundidas en su propia unidad esencial. Este fue el baluarte, o la ciudadela, en la que se adentraron los que se sintieron partícipes de esa visión contribuyendo a dar vigor a la propia Tradición, lo que permitió la continuidad de la cadena áurea de pensamiento, es decir, de la influencia espiritual emanada directamente de Dios mismo, esto es, de la Unidad.
Para nosotros, los contemporáneos, la gesta trovadoresca y educativa de la corte de Leonor de Aquitania, con sus tribunales de justicia, supone una conquista ejemplarizada en las Órdenes de Caballería cuyos antecedentes tienen su origen en la tradición druídica, de donde pasaron de forma regular al cristianismo que fue la tradición que los imbricó en las vivencias y aventuras del rey Arturo, antepasado de los bretones y de los Caballeros de la Tabla Redonda, de Lanzarote y Ginebra y por supuesto de Perceval, símbolo del iniciado.
Jesús nace en el seno del pueblo judío, y su linaje se remonta a los reyes de
Israel, a la casa de David, de la cual desciende. Su nombre hebreo, con el
agregado del griego Cristo, identifican a aquél que enviado del Padre para
la Redención y la Salvación de la humanidad, gustaba de apelarse "Hijo del
Hombre", evidenciando así su doble naturaleza, divina y humana, arquetipo
de la composición dual del hombre, símbolo vertical y axial de la
comunicación cielo-tierra, hecho a imagen y semejanza de su Creador.
Jesús nace oculto en un humilde sitio y es visitado y adorado por tres reyes
y magos que siguiendo la luz de la estrella han llegado a conocerlo. Luego
va creciendo en sabiduría y bondad y después de sortear varios peligros, en
los que sus padres lo protegen, quiere ser bautizado por su primo Juan, el
asceta que vive en el desierto, el cual bautiza con agua, mientras que él
bautizará con fuego, con su sangre sacrificial simbolizada por el vino. De
allí en más se desarrolla una historia iniciática que los Evangelios recogen
puntualmente y donde prima el sentido esotérico sobre cualquier otra cosa,
a tal punto que si no fuera por este sentido resultaría absurdo lo que se
afirma en ellos, por contradictorio e irracional y por lo tanto oscuro y
confuso.
En los Evangelios florece el conocimiento de la auténtica
tradición de Israel, aquélla que acuñara Moisés el Egipcio y que el
Salvador hereda y plasma de acuerdo al desarrollo del tiempo y los ciclos y
ritmos de todo proceso. Todo está en los Evangelios si se los sabe leer. Su
enorme contenido emocional, y su belleza rebasan las interpretaciones
racionales y materiales y nos presentan la tremenda y magnífica semblanza
del Hombre-Dios y el paradójico recorrido de su vida que acabará en el
corazón de la cruz, después de haber sido recibido triunfalmente en
Jerusalén y luego de haber pasado por pruebas y atravesado el Jordán
varias veces.
Allí entrega finalmente la vida y el tiempo y renace
definitivamente en la Vida Eterna en comunión con su Padre con el que
forma una sola y única substancia revestida de un Cuerpo de Gloria. Tal es
aquel hombre histórico y arquetípico, imagen viva del Cristo interno,
Universal y Eterno, que dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida";
también dejó dicho: "Buscad y encontraréis". Introducción a la Ciencia Sagrada. Programa Agartha. Federico González y Colaboradores.
Las Sibilas son sacerdotisas itinerantes que recorren toda una geografía sagrada y significativa del Occidente Cultural para profetizar un idéntico mensaje oracular: el nacimiento de Cristo. Son, pues, anunciadoras del Dios único, y del Verbo encarnado que comunica al mundo un tiempo nuevo.
Homero, Virgilio, Platón, Marco Varrón, Eliano, San Agustín, San Isidoro, Ptolomeo o el neoplatónico Cristóforo Landino, entre otros, nos hablan de estas sabias precristianas que cumplen un papel determinante en la historia de las ideas al ejercer de intermediarias entre el antiguo politeísmo pagano y la idea de un solo dios, creador del Cielo y de la Tierra, que ampara bajo su manto a todo el Universo.
Del prestigio y consideración que tuvieron estas entidades en nuestro pasado dan cuenta los Oráculos Sibilinos Hebreos, una recopilación de textos en lengua griega que van del siglo III a.C. al X d.C.
El número de estas sabias varía un poco según las fuentes. Por ejemplo, Lactancio en sus “Instituciones Divinas” nombra a diez, sin embargo a partir del siglo XV se habla de doce Sibilas. También varían los nombres de algunas de ellas, pero lo que no cambia es lo que ellas simbolizan como anunciadoras, mensajeras y puente que une al tiempo inmemorial la idea representada en la “Buena Nueva”.
El bosque, o la selva, siempre ha representado para el ser humano un lugar plagado de grandes peligros. Desde el punto de vista del simbolismo tradicional es el lugar análogo al laberinto en el que fácilmente podemos extraviarnos o incluso perdernos, tal cual Dante tenía perdida su alma antes de comenzar su recorrido iniciático y hallar la salida a su oscuridad.
Pero al mismo tiempo el bosque ha sido también un lugar de protección para aquellos que huyen de cierta clase de amenazas y buscan la libertad de sus actos en los pequeños claros que este ofrece, para realizar en ellos sus ritos ancestrales a cielo abierto, en estado puro de comunión con la naturaleza y a salvo de las miradas profanas.
En un claro del bosque, y ante una estatua de Afrodita, nos describe Filóstrato los rituales de Safo y sus alumnas, todas ellas seguidoras de las Musas. También en un abra del bosque tenían lugar los cultos a Diana, la diosa cazadora. Y por supuesto, en ese mismo lugar, y bajo la bóveda celeste, se reunían las brujas, nombre con el que los inquisidores de la Edad Media denominaban a las mujeres que con sus aquelarres mágico-teúrgicos invocaban a las potencias cósmicas para fecundar el mundo, esto es, invocar a las fuerzas constructivas y destructivas, para mantener la tensión en la que se sostiene el mundo.
"tanto en los bosques como
en las selvas existen abras y claros donde
poder reposar momentáneamente y ver la
inmensa majestad del cielo. En muchas sociedades estos espacios son tomados como
lugares de culto tal cual lo hacían las mujeres que en la Edad Media y en la época de
la Inquisición la religión denominaba brujas. Incluso en ellos se han erigido templos.
Salir de estos accidentes es análogo a partir del laberinto y encontrar el camino de
vuelta a nuestra mansión de la que no hemos
salido nada más que de modo aparente".
Sócrates dialogando con Diotima de Mantinea y quizá con Platón (anónimo).
Consultar al Oráculo de Apolo, tanto en el templo que tuvo
en la isla de Delos como el que luego fue su famoso templo en Delfos, del que Plutarco fue sacerdote, requería de una
pregunta bien planteada ya que solo de ese modo el Oráculo podía emitir una
respuesta adecuada. Nadie que tuviese que tomar una decisión crucial para su
vida, enfrentar un dilema o realizar un viaje dejaba de acudir al consejo de
Apolo. Sabemos que Eneas se detuvo en Delos para preguntar al dios, qué camino
debía tomar para fundar Alba Longa, que fue el origen de Roma. Otros dirigían
sus preguntas en pos de una orientación que les guiase a elegir entre la
diversidad de creencias y filosofías que había en esa época.
Querefonte, un ciudadano ateniense, buen amigo de Sócrates y reconocido político
demócrata, fue al Oráculo de Delfos para hacer la siguiente pregunta: ¿Quién de
todos los filósofos y pensadores es el más sabio? El Oráculo, por medio de la Pitonisa,
respondió que Sócrates era el más sabio de todos ellos. Ciertamente, aunque la
Filosofía nace con Pitágoras siendo el primero en nombrarla, es Sócrates quien
la desarrolla y le da forma.
Naturalmente enseguida corrió por todas partes esta
respuesta oracular llegando hasta el propio Sócrates quien quedó totalmente
sorprendido. ¿Cómo podía haber emitido el dios aquella respuesta cuando él se
consideraba tan ignorante sobre tantas cosas?
Y es por ello que a partir de ese momento se dedicó a
desentrañar el enigma del dios, esto es, a preguntar sobre lo que no sabía a
los que decían tener las respuestas. Y así fue como se ganó la enemistad de los
sofistas que tras ser interrogados, primero uno, luego otro, y ponerse de
manifiesto que los que se tenían por más sabios eran los más carentes de
sabiduría, estos se enojaban al quedar en evidencia ante las personas que
seguían a Sócrates, en su mayoría jóvenes de familias nobles, que eran también
los más ilustrados. Platón es el mejor ejemplo, un aristócrata hijo de una
familia muy ilustre de la antigua realeza del Ática, que desde niño escribía y
componía textos teatrales.
Sócrates cuya su filosofía se basa en la “docta ignorancia”,
se tomó esa búsqueda como si se tratara de realizar los trabajos de Hércules,
pues se propuso ser fiel a su deber consigo mismo y con la divinidad.
Y así, dialogando y reflexionando con unos y otros y
esperando saber si habría alguien capaz de rebatirle aquella certeza,
refrendada por el propio dios Apolo, fue como descubrió que los poetas no son
sabios, sino inspirados con ciertas dotes naturales y que escriben bajo
inspiración, Asimismo vio que los profetas y adivinos practican frases inteligentes
y bellas, pero nada es fruto de su inteligencia y por ello muchas veces lanzan
mensajes sin darse cuenta de lo que están diciendo. Descubrió también que hay
otra clase de conocimientos que son los que poseen los artesanos. De todo eso
Sócrates reconoce no saber nada.
Como respuesta a las afrentas que recibían por no saber
responder a las preguntas de Sócrates algunos de los agraviados, entre ellos un
tal Anito, acabaron denunciándolo ante el tribunal bajo la acusación de
pervertir con sus ideas a los jóvenes.
Finalmente, el tribunal decidió por mayoría que Sócrates era
culpable por lo que fue condenado a la pena de muerte, aunque le dieron a
escoger: pagar una cuantiosa multa, o bien aceptar la pena capital a través de
la ingesta de cicuta.
Ciertamente Sócrates no tenía esa cantidad que le exigían,
ni quiso endeudarse permitiendo que otros pagaran por él la multa, así que no
le quedó otra que aceptar tomar la cicuta, lo cual era una deferencia dado que
a los reos en general se les encerraba y simplemente se les dejaba morir de
sed.
La defensa que Sócrates hizo sobre sí mismo ante los
miembros del Senado no solo es conmovedora, sino que constituye el fundamento del
pensamiento filosófico que atraviesa y articula la historia y la cultura de Occidente.
Este que sigue es un fragmento de su propia defensa que puede seguirse en la
Apología de Sócrates, de Platón:
“Veréis atenienses, todos sabéis quien era Querefonte,
demócrata como vosotros, desterrado por el régimen de los 30 tiranos y que
luego contribuyó a restaurar el sistema democrático. Este amigo mío, en cierta
ocasión fue a Delfos y se atrevió a hacer la siguiente consulta al oráculo;
preguntó si había algún hombre más sabio que yo, y este le dijo que no había
nadie más sabio que yo. Cuando conocí la opinión del oráculo sobre mí, empecé a
reflexionar. ¿Qué quiere decir realmente el dios? ¿Qué significa éste enigma?
Porque yo sé muy bien que no lo soy. ¿A qué viene, pues, proclamar que lo soy?
(…)
Al desenmascarar a la gente ésta se encorajina contra mí (…)
Es probable que ni uno ni otro sepamos nada que tenga valor, pero estos hombres
creen saber algo y no lo saben, en cambio yo, así como, en efecto no sé,
tampoco creo saber. Parece, pues, que al menos soy más sabio que ellos en esta
misma pequeñez, en que lo que no sé tampoco creo saberlo (...) Luego ha surgido
un grupo de jóvenes que parece que se interesa y me sigue pues le gusta ver
cómo interrogo a la gente y ellos mismo me imitan.
De esta indagación, atenienses -sigue diciendo
Sócrates- han surgido todos estos odios y estas enemistades, que han provocado
las calumnias que sabéis, y me han hecho adquirir el nombre de sabio; porque
todos los que me oyen dialogar creen que sé todas las cosas sobre las que
descubro la ignorancia de los demás. Me parece, atenienses, que sólo Dios es el
verdadero sabio, y que esto ha querido decir a través de su oráculo, dando a
entender que toda la sabiduría humana no es gran cosa, o mejor dicho, que no es
nada; el oráculo ha elegido mí nombre como un ejemplo, y como si dijese a todos
los hombres: el más sabio entre vosotros es aquel que reconoce, como Sócrates,
que su sabiduría no es nada.
Toda mi ocupación ha sido y es trabajar para
persuadiros, jóvenes y viejos, que antes que del cuidado del cuerpo y de las
riquezas, es del alma y de su perfeccionamiento de lo que os habéis de ocupar,
porque no me canso de deciros que la virtud no viene de las riquezas, sino por
el contrario, que las riquezas vienen de la virtud, y que es de aquí de donde
nacen todos los demás bienes públicos y particulares. Pues bien, si diciendo
esto corrompo a los jóvenes, tendré que aceptarlo, pero si alguien sostiene que
yo digo una cosa distinta miente. Atenienses tened presente que aunque se me
impongan mil penas de muerte no puedo sino afirmarme en todo lo que he dicho,
así hagáis caso a Anito, me absolváis o no me absolváis. Y no digo más, porque
es hora de partir, yo para morir, y vosotros para vivir. Quién de nosotros va a
una mejor suerte, nadie lo sabe, solo los dioses lo saben". Mª Ángeles Díaz(Fb)