Esta
bellísima escultura que os muestro en la pinacoteca simbólica de hoy es una
representación de la diosa Afrodita. Se trata de una copia romana de un
original griego del siglo IV a. C.
En torno a esta figura hay una gran
historia, una historia que ha recorrido el arte occidental y la literatura
clásica, pues de ella se han hecho múltiples copias y versiones tanto
escultóricas, pictóricas, como narrativas. En verdad el interés por esta imagen
no es únicamente artístico o arqueológico sino que principalmente es histórico y
simbólico porque nos habla del mito y del arquetipo que nos ha modelado a
nosotros mismos, es decir al occidente actual.
De esta antigua y bella estatua nos
interesa rescatar una herencia cultural, herencia psíquica y espiritual que nos
pertenece por lo que prescindir de su riqueza no es opcional para nosotros.
Comenzaré
por contar que el artista que la creó fue Praxíteles, uno de los más
reconocidos escultores de la antigüedad del que se decía que estaba dotado de
la gracia para esculpir el mármol dando a su estatuaria formas sensuales y
menos estáticas a las que se hacían hasta entonces
En cuanto a
la modelo que le sirvió para representar a la diosa, su nombre es Friné, una
joven participante en los ritos de la diosa Deméter, una celebración anual de
iniciación. Nos referimos a los famosos Misterios de Eleusis, ritos de
evocación a la diosa madre y a de su hija Perséfone.
Precisamente
fue durante las fiestas eleusinas, las más importantes de la antigua Grecia,
cuando Praxíteles vio a Friné saliendo de las aguas del mar y mostrando
su escultórica belleza ofreciendo a los ojos del artista la imagen de la propia Afrodita. Ese encuentro entre la joven Friné y el escultor tuvo lugar en el puerto natural de
Fáliro, al sur de Atenas, donde los participantes que formaban la procesión
ritual que iba de Atenas a Eleusis, se purificaban en las aguas.
Lo cierto es
que Friné aceptó ser la modelo de Praxíteles para representar a la diosa
Afrodita tal cual la vio el artista: desnuda y saliendo del mar. También la esculpió
vestida y ambas esculturas fueron adquiridas por dos pueblos distintos para depositarlas
en sus respectivas ciudades. Los ciudadanos de la isla llamada Cos, aunque en
la antigüedad tuvo otros nombres, compraron la estatua de la diosa vestida, la
cual ubicaron en uno de los templos de adoración a la diosa. Y la ciudad helénica
de Cnido, en Caria, Anatolia, compró la estatua de la diosa desnuda, que ubicaron
en un santuario consagrado a Afrodita.
Debemos
saber que los templos en esa época eran centros neurálgicos de mucha atracción,
pues eran lugares de peregrinación, de encuentro y de todo tipo de
transacciones y comercio; ejemplo de ello es Delfos, el famoso santuario de
Apolo donde incluso se acuñaba moneda. La bellísima escultura de la Afrodita de
Cnido cobró gran fama y atrajo una gran afluencia de público deseosos de admirar
la belleza desnuda de la diosa, ya que esta escultura se constituyó en el primer
desnudo femenino de nuestra historia, todo lo cual contribuyó a hacer de Cnido una
ciudad próspera.
Dicha
estatua pereció en un incendio, pero se habían hecho tantas copias de ella que
hoy en día podemos imaginarla perfectamente tal cual era en origen. Actualmente
la figura se conoce como “la Venus de Cnido”.
Plinio el
Viejo, en su Naturalis historia, XXXVI, 4.20, alude a Praxíteles y a su escultura
en los siguientes términos:
«Hemos mencionado la estatuaria en la época de Praxíteles,
quien se superó en la gloria del mármol. Sus obras se encuentran en Atenas, en
Cerámico, pero por encima de todas las obras, no solamente de Praxíteles sino
de toda la tierra, está la Venus; muchos han viajado a Cnido para
contemplarla.»
Sin embargo no
todos estuvieron de acuerdo en que la figura de la diosa se exhibiera desnuda y
mucho menos que se equiparara a Friné con de la diosa, pues consideraban que una
hetera que impúdicamente había comerciado con su cuerpo era indigna de equipararse
a una diosa, por lo cual muchos creyeron que Friné había profanado el culto de
Deméter por lo cual acabó siendo acusada formalmente de impiedad en el areópago,
un delito muy grave en esa sociedad, pues estaba castigado con la pena de
muerte. La acusación fue “haber profanado la sacralidad de los misterios de Deméter”.
"Friné ante el Areópago" (1861), Jean-Léon
Gérôme Galeria
Hamburger Kunsthalle en Hamburgo, Alemania
Durante el
juicio su defensor en el areópago fue Hipérides, un discípulo de Platón y un
orador y defensor excelente, según se sigue en su obra. Este, cuando todo parecía
estar en contra de Friné, le arrancó la túnica, mostrándola desnuda ante los
jueces a quienes les preguntó si no veían en ella los rasgos de la diosa de la
belleza descritos por los poetas, y asimismo si eran capaces de afirmar que
aquel cuerpo no había sido esculpido por los propios dioses, y que siendo así nadie
tendría derecho a destruirlo, pues si lo bello es lo bueno y verdadero, la contemplación
de la belleza no puede merecer castigo alguno. El tribunal no pudo sino
reconocer que Friné era un monumento vivo de la diosa y la absolvieron
Este juicio
se convirtiendo en uno de los procesos más famosos de nuestra historia, junto
al de Sócrates. Efectivamente historiadores y poetas se han hecho eco de este
juicio destacando el discurso de Hipérides y su elogio a lo bello, justo y
verdadero. Los pintores y artistas en general, también representaron a
Afrodita-Venus con esa imagen icónica de la diosa saliendo del mar, es el caso
de la Venus Anadyomene, tantas veces representada siempre saliendo de las olas,
de hecho, como nos informa Adara Mª Ariza en su cuaderno sobre Venus-Afrodita
“con este nombre se conoce, ya desde la Antigüedad, una obra
desaparecida de Apeles que representaba a Afrodita saliendo del mar. De hecho,
Anadyomene significa, en griego, «saliendo»”
La leyenda
de Friné tiene un epilogo, parece que ella recibió de Praxíteles como pago a su
posado una estatua de Eros que ella misma había escogido y que para Praxíteles
era la más valorada. Ella la regaló a Tespia, su ciudad natal que colocaron la escultura
en un santuario, siendo la atracción de muchas gentes que tenían interés por
ver la obra del gran escultor, y eso convirtió Tespia en una ciudad atractiva,
la más importante de Beocia. Por esa razón las gentes del lugar festejaban el
recuerdo de Friné, pues gracia a su lascivia les había procurado fortuna por lo
que el regalo de Friné fue considerado fruto de una prostitución sagrada.
Como diría
Cicerón,
“hay diferentes Venus, la de arriba y la de abajo, y entremedias
distintas otras”. La de arriba es uránica, pertenece al cielo y sensualmente
atrae a las almas hacia el Olimpo de los dioses, la otra es la Pandemos, la que
se acerca al hombre para escuchar sus cuitas y aliviar sus sufrimientos.
Y citando
nuevamente a Adara:
la belleza
del desnudo femenino nos remite de forma eficaz y sugerente a la Belleza de la
Esencia divina, mientras que la pasión que provoca alude al deseo por el
Conocimiento de la Verdad que simboliza esta naturaleza de la diosa. Es decir,
la sensualidad, o incluso erotismo, que transmiten la mayoría de las Venus que
conocemos, viene a simbolizarnos el arrobo que siente el alma cuando encuentra
lo que andaba buscando, es decir, cuando logra alcanzar el mundo de las Ideas
Eternas. Mª Ángeles Díaz
VER MÁS SOBRE EL TEMA DE AFRODITA-VENUS:
Federico González Frías. Venus. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos:
Mª Ángeles Díaz "En Pos de Deméter" En la Revista Symbolos, 27-28. En la Librería Dos de Enero y en la Biblioteca Hermética en PDF y Podcast en el Canal La Memoria de Calíope:
Me gusta esta pintura de Johannes Vermeer representando a
la Musa Clío. Por los tonos que emplea, por la actitud con la que la presenta, por
el rico porte que le da el ropaje... En fin, pintar a la Musa Clio requiere saber bien quién es
esta diosa y cuál su simbolismo y atributos.
Vermeer tuvo que leer en las fuentes tradicionales, y me
refiero en este caso a Hesíodo pues es este poeta quien la nombra como la
primera de las "Nueve Hermanas", hijas de Mnemosine, la
Memoria.
Cada una de ellas encarna un arte que no es para los demás
dioses sino para los humanos, porque somos nosotros los que tenemos necesidad
de dichas ciencias. Clio representa la Historia y en su libro anota lo que
debe ser recordado. También porta una trompeta heroica, para cantar la gloria que para nosotros poseen los dioses. También porque Musas viene de Música.
Siempre se la representa joven y coronada de laurel, como
todas las seguidoras de Apolo. También lleva una clepsidra, o sea un reloj de
agua, con la que mide el tiempo, también en la obscuridad de la noche, cuando
los relojes de sol han dejado de funcionar. También lleva un globo terráqueo indicado con
ello que en su libro tiene anotada la Historia del mundo entero.
Platón,
para explicar la creación del mundo, escribió que un cuerpo que lo abarcase
todo, no necesitaría ojos para ver, ni oídos para oír, puesto que todas las
cosas estarían en él contenidas y ninguna fuera de él, y que por eso Proclo
dijo que los más altos misterios deben ser vistos sin ojos y escuchados sin
oídos, asegurando que Orfeo se refería a eso cuando dijo “que Amor es ciego” El propio Ficino repitió
este verso órfico perdido - “guardando en su pecho un ligero amor ciego”-, y a
esto justamente se refiere también Pico de la Mirandola en una de sus conclusiones:
El
Amor une el intelecto inteligible a la primera y secreta belleza por cierta
vida que es mejor que la inteligencia. El mismo teólogo de los griegos (Orfeo)
llama por lo tanto ciego a ese Amor… Y me parece que Platón encontró ese dios
en Orfeo, donde es llamado al mismo tiempo, Amor y gran duende.
No cabe duda de que entre los exploradores y cronistas que llegaron a América los pintores realizaron un papel fundamental como fotógrafos de la realidad.
Ese es el caso de George Catlin, que se convirtió en un foto periodista, un cronista de su época y por ello mismo un rescatador de la Memoria.
"Los Placeres de la Danza", Andrea di Bonaiuto (1365). Capilla de los españoles en Santa Maria Novella. Florencia.
A Guglielmo Ebreo (1420-1484) le debemos nada menos que el único tratado que sobre la danza existe: El Arte de danzar y dirigir conjuntos,
donde cita a su maestro: Domenico de Piacenza, un pitagórico, quien fuera
Maestro de Danza y de Ceremonias en Ferrara, con la familia d'Este. Por ello es a ambos a quienes se les considera responsables
de haber elevado la danza a la categoría de Arte liberal, siendo además los
inventores del oficio de coreógrafo y creadores del ballet. Y aunque es
opinión generalizada que este baile es una danza francesa, en realidad es en Francia
donde el ballet (de balletto) murió, y en su lugar emergió el edulcorado ballet
actual, que se contradice totalmente con los principios de la danza enunciados
por sus creadores, para quienes lo más importante es la armonía, y nunca la
postura forzada y la contorsión corporal que no pueden formar parte de la
esencia de la danza, ya que esta, según sus creadores, debe ser la expresión misma de
la armonía cósmica, idea emanada de la filosofía platónica a través del círculo
intelectual de Ficino.[1]
De Guglielmo Ebreo es De pratica seu arte tripudii vulgare opusculum (obra escrita hacia
1463), donde explica, por ejemplo, que el Balletto
in due o Ballo Amoroso, simboliza la concordia, por lo que
todos los movimientos y gestos deben ser mesurados, señalando que:
La virtud del danzante nace cuando
complementa los movimientos del cuerpo con los movimientos del espíritu, sea cual fuere la danza.
De pratica seu arte tripudii, Folio 21v
Guglielmo Ebreo estaba relacionado con el grupo de Ficino,
especialmente se conoce su relación con Lorenzo de Medici a quien le gustaba
componer canciones que compartía con Guglielmo.
Para este maestro el arte de la danza posee seis
reglas principales, a saber: medida o compás, memoria, división del espacio, ligereza o aire,
manera o estilo y finalmente la expresión corporal.
La importancia de la obra de Guglielmo se acentúa porque en
ella recoge, junto a las suyas propias, coreografías de su maestro: Domenico de
Piacenza. Dicha obra alcanzó una gran popularidad circulando por casi todas las
Cortes italianas en copias manuscritas.
Del prestigio y fama de los que gozaron estos dos músicos y
coreógrafos entre los intelectuales y nobles del Renacimiento, da testimonio el
hecho de que ambos fueran condecorados como Caballeros de la Orden de la
«Espuela de Oro», un título que se otorgaba a los príncipes y jefes de Estado.
Guglielmo, por consejo de sus amigos hermetistas y para eludir las grandes
suspicacias que comenzaron a suscitarse en Europa contra los judíos, se convirtió
al catolicismo y de cara al exterior cambió su nombre por el de Giovanni
Ambrosio.
Lo cierto es que, en cuanto a la danza se refiere, podemos
decir que el movimiento humanista trasformó los bailes campesinos (que
desaparecieron totalmente de la Corte junto a otros movimientos más estáticos
de la danza medieval basados en las posturas de la esgrima) en bellas escenificaciones donde cobra protagonismo el compás, el ritmo, la
memorización de los gestos y el número de los pasos, poniendo interés en no
crear un estilo afectado, ni tampoco estridente.
Guglielmo habla de nueve normas
naturales para la Danza que denomina: 'paso-simple', 'paso-doble', 'repetición', 'posición', 'reverencia', 'vuelta' y 'media-vuelta'. Todo ello aderezado por la
gracia natural en el salto y la elevación. También menciona tres elementos
accidentales, o artificiales: 'el estrechat', 'el paso corrido' y 'el cambio de
pie'.
Es la dulce música o el canto lo que penetrando por el oido llega al corazón y de ahí mueve los pies y el resto del cuerpo. Así nace la danza.
De Guglielmo Ebreo es esta definición sobre la danza que tiene
a la Música y el Canto como forma natural de inspiración:
La suave armonía del
dulce canto
llega al oído y hasta el corazón,
de tal dulzura nace un vivo ardor
del cual surge la danza que tanto gusta
[1] Por cierto que Joscelyn Godwin (cuyos primeros escritos a muchos nos llegaron a través de la revista Symbolos en la época en que esta se editaba en papel y la dirigia Federico González) ha tratado con bastante lucidez este tema en su obra Armonías del Cielo y de la Tierra. La Dimensión Espiritual de la Música.
Dante meditando las palabras de Francesca. Joseph Noel Paton (1881-1901)
Errantes e impelidas por el viento vagan las almas en el
segundo círculo del infierno. Allí encuentra Dante a Francesca de Rímini que cuenta
al poeta la conmovedora narración de su desgracia al haber abandonado la vida,
junto a su amante Paolo, hermano de su marido, a manos del esposo burlado.
Dante siente una gran compasión por las atormentadas almas
que allí se encuentran, pues todas ellas sufren el tremendo dolor de haber sido la
causa, por amor, de teñir de sangre el mundo.
Allí, entre otros, se encuentran Helena y Paris, causantes
de la cruenta guerra de Troya. También está Aquiles quien por amor a Briseida
volvió al combate causando la muerte al gran príncipe Héctor que nunca quiso la
contienda.
También está en ese círculo infernal Cleopatra, y Dido, reina de Cartago,
a quien la pasión amorosa hizo que se prendara de un hermoso cuerpo, lo cual
acabó llevándola al suicidio y a quebrantar la promesa hecha a las cenizas de
su esposo, el sacerdote Siqueo.
Apesadumbrado el poeta por el sufrimiento que padecen aquellas
almas se detiene ante Francesca quien, con tremenda congoja, agradece al poeta su
compasión e interés por todos los que allí purgan con el dolor el haberse visto arrastrados
por su pasión amorosa. La sombra de Francesca cuenta al poeta, mezclando el llanto a
las palabras, de qué modo cayó en las redes del amor
Fue un día en el que estaban ella y Paolo leyendo, por
entretenimiento, las aventuras de amor entre Lancelot y Ginebra:
“aquella
lectura –explica Francesca- hizo que nuestros ojos se buscaran muchas veces y
que palideciera nuestro semblante; mas un solo pasaje fue el que decidió de
nosotros. Cuando leímos que la deseada sonrisa de la amada fue interrumpida por
un beso tembloroso en la boca: el libro y quien lo escribió fue para nosotros
otro Galehaut [intermediario en los amoríos entre Lancelot y Ginebra]; aquel
día ya no leímos más”.
Tras escuchar el relato rememorando aquel momento feliz que
les había llevado a la miseria, Dante siente tal sobrecogimiento que cae
desvanecido. Así lo cuenta el poeta:
“Mientras un alma decía esto, la otra lloraba de tal modo
que, vencido por la piedad, me sentí desfallecer y caí como cae un cuerpo
muerto”
.Mª Angeles Díaz
Episodio relatado en el canto V de la Divina Comedia
Francesca de Rimini y Paolo Malatesta. Jan Bogaerts (1878-1962)
Existe una tradición pictórica de representación de la
última cena de Cristo con sus discípulos.
Al principio las pinturas se nos muestran austeras, como
literales, extrayendo con los pinceles lo más concreto del relato evangélico
donde se escenifica a Jesús rodeado de sus discípulos y señalando directamente
al traidor, a Judas. Algunos pintores incluso han resaltado en sus pinturas a
esta figura antagónica sentándola enfrente de todos ellos, al otro lado de la mesa.
O bien dándole la espalda al Maestro Jesús.
El realismo también llegó a esta tradición pictórica y
entonces se representó a los apóstoles reunidos en torno a la mesa, colocados a
ambos lados de ella.
También se añadieron elementos, como la mesa puesta con los utensilios para la cena, o personajes que no están en el relato evangélico, santos, fundadores de ciertas órdenes, criados y hasta reyes.
Algunos artistas florentinos añadieron a la escena una arquitectura y perspectiva centrando sus obras en destacar la institución de la Eucaristía, o comunión de los apóstoles.
Y si bien es cierto que Leonardo sigue la estela de esa
tradición de pintores florentinos en su representación de "La Última Cena", también es cierto que a
todos superó en cuanto a la tensión dramática que consiguió imprimir al acto,
acorde con el relato evangélico que se estaba ejemplificando. A.M.A.D.
Bernardo Bembo, seguidor
de la poesía de Dante y de "Los Fieles de Amor" es, de algún modo, el
que inició la restitución del poeta florentino al lugar de honor que por su
exilio en Rávena nunca debió perder en Florencia.
Bernardo, a decir de Cristóforo Landino, miembro como él de la academia platónica florentina, no
solo escribió versos que no pueden ser distinguidos de los del propio Dante, sino que también tuvo a su Beatriz; se llamaba Ginevra, un nombre
que a Bernardo le evocaba, por su simbolismo sonoro, al enebro.
Es por ello por lo que
cuando pidió a Leonardo da Vinci que pintara para él un retrato de esta dama, en él
aparezcan varios enebros de fondo. Y es que si algo caracterizó el espíritu de
los “Fieles de Amor” fue, precisamente, el amor hacia el ideal que representaba
la dama, siempre identificada con la imagen simbólica de la Sabiduría y la
Belleza interior del alma.
En el reverso del cuadro Leonardo pintó la insignia de Bernardo: una rama de laurel y otra de palma abrazando en el centro un enebro y, enlazandolo todo el lema de Bernardo en latín que dice: VirtutemForma Decorat. (La belleza orna la virtud), pues como para Platón "la Belleza es el esplendor de lo verdadero".
Perséfone 🌺, la amada hija de la diosa Deméter 🌾, fue llevada por Hades a su reino, el Inframundo.
Como consecuencia, Deméter, diosa que provee fecundidad a la tierra, cae en una desesperada y profunda tristeza que se traduce en el fin de toda vida vegetal sobre el manto terrestre.
Ante el peligro que esta esterilidad se vuelva definitiva, Zeus, rey de todos los dioses, determina que Perséfone pasará una parte del año con su esposo, y la otra con su madre.
Por eso hay épocas del año en que las semillas permanecen bajo tierra como si no tuvieran vida, y épocas en que de ellas brota la belleza exuberante del mundo vegetal 🌱🌾🌷🌴, y con ella, se dota de vida a todo ser viviente.
La imagen (cuyo autor desconozco) que acompaña este texto, captura el momento exacto en que la ya diosa del Averno, Perséfone, contempla extasiada el fruto de la granada que le ha ofrecido su esposo con el fin de asegurar su vuelta una vez al año a su reino. Cosa que ocurre cuando ésta toma un bocado.
Este fruto representa a la vez la vida y la muerte, porque:
- al estar henchido de semillas, simboliza esa dualidad de las simientes: enterradas bajo tierra, parecen muertas, pero atesoran toda la vida en su seno.
- su sorprendente belleza interior, cual piedra preciosa, simboliza los tesoros del mundo subterráneo 💎, del corazón de la Tierra, solo al alcance de quien reciba el don de llegar a él, muriendo y volviendo a renacer 🌱.
🤍 Esta página pretende ser un homenaje a esa Belleza interior (que todos atesoramos, como imagen que somos del Cosmos), a través de piezas hechas a mano con conciencia y Amor.
💎 Encontrarás sobre todo MINERALES, esos regalos tan preciados, y tan preciosos, que salen directamente de las entrañas de la Tierra. Que con esfuerzo, con pico y pala, ⛏️ se arrancan y son llevados a la superficie. Imposible no pensar en el duro trabajo del camino del Conocimiento, ese bajar a los Infiernos para renacer, renovado.
🧶 También encontrarás lana, hilo, y quién sabe qué más. Todo lo que nos permita transitar el camino de la creación artesanal con alegría y gozo.
📖 Y, por supuesto, habrá reflexiones para no perder de vista el foco que da origen a esta aventura.
Seguimos descubriendo el periodo medieval, y más concretamente el movimiento trovadoresco que se dió en las llamadas Cortes de Amor con Leonor de Aquitania, reina de trovadores y trobairitz.
Un movimiento que, con una gracia inusual, rescató para nuestra época los valores de una cultura que estaba en plena decadencia para imbricarlos en la cultura emergente de un nuevo ciclo.
A los autores ya nombrados, como René Guénon (Esoterismo Cristiano) o Joseph Campbell (La Historia del Grial), queremos añadir ahora a Julius Evola (El simbolismo del Grial) pues cada unos de ellos aportan datos suficientes para que podamos reconstruir todo lo que ese movimiento de las Cortes de Amor significó y significa para todos aquellos que entienden esos valores como un patrimonio del que son legatarios, pues hay herencias que no se reclaman por desconocerse que son bienes que en verdad les pertenecen.
Las Cortes de Amor de las trobairitz tuvieron sus tribunales, sus
reglamentos y sus deberes. Para las Órdenes de Caballería, donde estos tribunales
estaban insertados, y para aquellos que son recipiendarios de los valores iniciáticos de una Tradición,
no hay otra cosa que deberes, nunca derechos, los derechos nacen en las
sociedades que se infantilizan y hacen caso omiso a sus responsabilidades (véase
el caso de los landmarkso antiguos deberes de la Masonería, recipiendaria de
los valores de la Caballería espiritual).
El tema actual es el libro de André el Capellán (Libro del Amor Cortés) donde este autor medieval recoge el reglamento en el que se basaron los tribunales que dirigieron Leonor de Aquitania y las damas del Grial para ordenar su tiempo, todo ello en base a las normas dictadas por Amor.
En él se dice que son treinta y una las reglas que de viva
voz fueron prescritas por el mismo rey Amor, y puestas por escrito con el mandato
de que fueran entregadas a todos los amantes.
Dichas reglas, inscritas en el ciclo del Grial, y recogidas,
según llevamos dicho, en el siglo XII por André el Capellán en el ámbito de la
Corte de Aquitania, se custodiaban en el palacio del Rey Arturo en una percha
de oro, junto a un halcón, hasta que un día fueron conquistadas por un joven
caballero bretón cuyo afán era hacerse merecedor del amor de una hermosa
doncella de la que se había enamorado. Fue otra bella dama, a la que
casualmente encontró cabalgando en el bosque, la que dio al bretón los consejos
y las claves para vencer los grandes y peligrosos obstáculos con los que se
habría de encontrar en el camino hasta culminar exitosamente su aventura
heroica. Conseguir el halcón y el manuscrito con dichas reglas.
Los consejos de la dama misteriosa, los cumplió el
bretón a rajatabla, y de ahí que pronto se le viera de regreso con el halcón y
el manuscrito encontrándose nuevamente con la enigmática dama del bosque de la
que recibió un primer beso que repitió treinta veces. Tras la despedida el joven
reemprendió su camino hacia Bretaña, donde estudió dichas reglas tras lo cual
hizo entrega del halcón y el manuscrito a su amada para que fuera ella quien
tomara el deber de entregarlas a los amantes.
“Ella, reconociendo su plena fidelidad y dándose
cuenta de su arrojo y valentía, premió sus hazañas entregándole su amor. La
dama, cumpliendo con el deber adquirido hizo públicas dichas reglas del Amorante
una asamblea de numerosas damas y caballeros mandando a todos los amantes su
fiel cumplimiento por orden terminante del rey Amor. Toda la asamblea las
aceptó y prometió obedecerlas para no caer en el castigo de Amor. Asimismo,
todos los que estuvieron convocados en dicha asamblea, se llevaron las reglas
escritas y las difundieron por diversas partes del mundo a todos los amantes”.
Estas treinta y una reglas que el dios del Amor dictó
están, como es natural,acomodadas a una
época, pero en lo esencial siguen siendo actuales y algunas de ellas incluso
las podemos considerar más avanzadas, por ejemplo las que tratan el tema del
matrimonio, del compromiso, de los celos, de las causas que hacen que crezca o
disminuye el amor, de la edad a partir de la cual se está en condiciones de
amar, de que a nada sabe el amor cuando el amante lo consigue contra la
voluntad de la pareja, de que nadie puede amar si no es incitado por el amor,
de que el verdadero amante no quiere más abrazos que los de la persona que ama,
de que el amor no puede negar nada al amor, de que nada impide que dos hombres
amen a una mujer, ni que dos mujeres amen a un hombre…
De acuerdo a estas leyes, Leonor de Aquitania, su hija
María y el resto de damas de su corte, crearon un reglamento y unos tribunales
llamados de Amor, donde aplicarlo para dar a las personas que se sometían a sus
juicios, un veredicto que solventara sus conflictos cuando los propios
litigantes no eran capaces de hacerlo razón por la que pedían tal arbitrio.
André el Capellán recoge veintiuno de esos juicios, en
cinco de ellos la sentencia es emitida por María de Champaña; tres son
sentenciados por su madre, Leonor de Aquitania; tres más por Alix de Champaña,
cinco por la vizcondesa Ermengarda; dos más por la condesa de Flandes,
Elizabeth de Vermandot de Narbona y uno por la asamblea de Gascuña.
Sin embargo, no debemos pensar que por ser tribunales
femeninos estos se decantaban a favor de las mujeres, sino que buscaban en todo
momento un veredicto ajustado a las reglas y se sancionaba por igual a quien
las hubiera incumplido, teniendo gran peso el cómo se habían roto dichas reglas
y cual debía ser la justa y proporcionada sanción a tal deslealtad.
Como decíamos, los Tribunales de Amor existieron desde
el siglo XII al XIV en la Provenza y también en otros lugares, eran escenarios creados
expresamente para actuar de mediadores en conflictos y disputas entre hombres y
mujeres, siendo ellos mismos quienes elegían este modo de dirimir sus
diferencias, comprometiéndose ambos a acatar su veredicto.
Por nuestra parte, y a modo de ejemplo, reproducimos
tres de esos juicios y su sentencia:
PRIMER JUICIO, ACTÚA COMO JUEZA MARÍA DE CHAMPAÑA
El dictamen lo reclama cierto caballero, oficial de
palacio, quien expone ante el tribunal que amaba sin medida a su dama y
disfrutaba de sus abrazos, ella sin embargo no le amaba del mismo modo. Ante
esa situación él quiso romper la relación, pero ella temiendo perderlo se opone
a su voluntad.
El veredicto de María es el siguiente:
“Ciertamente es perversa la intención de una mujer que
exige ser amada, pero se niega a amar. No tiene sentido exigir a los demás sin
consideración algo que uno niega”.
SEGUNDO JUICIO, ACTÚAN COMO JUECES UNA ASAMBLEA DE
DAMAS
El caso que exige una resolución es el siguiente: Un
caballero divulgó torpemente las intimidades y secretos de su amor con cierta
dama. Todo el tribunal, militantes del ejército del amor, piden que se castigue
severísimamente semejante exceso, pues temen que el ejemplo de tal traición sea
motivo para que otros lo sigan. En consecuencia, la asamblea de damas, reunidas
en Gascuña, tomó por unanimidad la firme y definitiva resolución siguiente:
Que ese hombre perdiera toda esperanza de amor y
llevara en todas las cortes, tanto de damas como de caballeros, el estigma de
persona censurable y despreciable. Y si una mujer violara temerariamente las
resoluciones de estas damas, entregándole su amor, quedaría sometida para
siempre a la misma pena y, por tanto, sería tenida por una mujer deshonesta.
TERCER JUICIO, ACTÚA COMO JUEZA LA REINA LEONOR DE
AQUITANIA
Un caballero solicitó el amor de una dama, que esta se
negó rotundamente a concederle. El caballero, no obstante, le envió unos
regalos muy valiosos que ella aceptó complaciente. Después, sin embargo, se
mostró esquiva en el amor y su respuesta fue rechazarle de nuevo. El caballero
manifestó ante el tribunal sus quejas, creyendo que el aceptar los regalos era
expresión del amor, una esperanza que ahora le negaba sin motivo.
La reina Leonor respondió así:
“O la dama rechaza los regalos ofrecidos, o los
compensa con el favor del amor, si no tendrá que soportar pacientemente que se
la incluya en la compañía de las prostitutas”.
La labor de Leonor de Aquitania junto a la su hija mayor, María de Champaña, y un selecto grupo de damas de la nobleza, tuvo para la posteridad cultural una gran repercusión al ocuparse de recoger por escrito las leyendas celtas del Santo Grial, la copa tallada en piedra esmeralda vinculada con el Cáliz cristiano, en ambos casos un símbolo del corazón de una Tradición y de uno mismo. Mitos y leyendas conocidos como "la materia de Bretaña" que contaban y cantaban los bardos y juglares que se acercaban a ellas y que estas fijaron en la letra ganándose Leonor el título de "reina de los trovadores".
La gesta de Leonor, de su hija María y del resto de compañeras y compañeros trovadores y escritores, como Chrétien de Troyes o André el Capellán, dió como fruto para la humanidad la recuperación de leyendas y valores ancestrales que estaban en plena decadencia, como es la tradición Celta, y revestirlos de la literatura caballeresca y de toda la saga del Grial que era a su vez el Cáliz cristiano, por lo que ambas fuentes tradicionales quedaron fundidas en su propia unidad esencial. Este fue el baluarte, o la ciudadela, en la que se adentraron los que se sintieron partícipes de esa visión contribuyendo a dar vigor a la propia Tradición, lo que permitió la continuidad de la cadena áurea de pensamiento, es decir, de la influencia espiritual emanada directamente de Dios mismo, esto es, de la Unidad.
Para nosotros, los contemporáneos, la gesta trovadoresca y educativa de la corte de Leonor de Aquitania, con sus tribunales de justicia, supone una conquista ejemplarizada en las Órdenes de Caballería cuyos antecedentes tienen su origen en la tradición druídica, de donde pasaron de forma regular al cristianismo que fue la tradición que los imbricó en las vivencias y aventuras del rey Arturo, antepasado de los bretones y de los Caballeros de la Tabla Redonda, de Lanzarote y Ginebra y por supuesto de Perceval, símbolo del iniciado.