sobre estas líneas:
Mismo tema en los Jardines de Versailles.
El proceso iniciático del alma es asimilado al de la semilla secuestrada por Amor para fecundarla y devolverla de nuevo al mundo trasformada ya en su esposa. A esta clase de amor se refieren precisamente las leyendas que funden a Perséfone con Afrodita-Venus. Esta unión de los contrarios, a veces forzada, señala que ambas partes del ser humano (alma y espíritu) han de vivir juntas el paso por la caverna iniciática. Morir o disolverse juntos para nacer finalmente a su unidad. Es lo que en el Hermetismo y la Masonería se conoce como la realización de las Bodas Alquímicas. Orfeo se refiere a este mito invocando a la bella Afrodita en estos términos
"Venerable compañera de Baco. Que te complaces en las festividades. Propiciadora de las bodas. Madre de los Amores. Manantial de persuasión que se complace en el lecho. Apasionada por los hombres. Vivificadora que a muchos pueblos cautivas por la desenfrenada fuerza de la pasión amorosa".
Y en este mismo sentido, la controvertida y mítica poetisa griega Safo, la invoca para que sea su aliada en los temas del amor:
"¡Acude a mí [Afrodita] y líbrame de mis penas, y todo aquello que mi corazón desea que se cumpla, cúmplemelo tú en persona, sé mi aliada! Sólo contemplarte un solo instante y ya ni una sola palabra decir puedo, mi voz se quiebra y un tibio fuego al momento recorre mi piel, con mis ojos nada veo, y sordos tengo los oídos, de arriba abajo el sudor me brota y toda yo tiemblo, más verde que la hierba estoy y sin embargo siento que poco me falta para la muerte".
La cultura popular, que si bien no crea sí conserva las tradiciones a través del folklore, ha recogido la idea del rapto simbólico y de las Bodas Alquímicas entre el espíritu y el alma, asociándolas a los cortejos nupciales; es así que en algunos ritos de esponsales incluso se escenifica el rapto de la novia por parte del novio o de algún familiar de éste, que lo hace en su nombre, dando con ello inicio a la ceremonia. Casi siempre amparándose en la noche se produce el secuestro de la mujer para conducirla a su nueva casa, y en ocasiones nuevo pueblo, ritualizando mediante esta escenificación el cambio de estado. Siendo secuestrada, la novia es, con respecto a sus dioses tutelares (es decir los dioses lares y los penates que eran los propios de cada familia y de sus hogares), inocente de haberlos cambiado por otros nuevos, evitándose con esto el enojo de cualquiera de ellos. Hacer traspasar a la recién casada el umbral de su nueva casa en brazos del marido tiene su raíz en esta tradición del rapto que ejemplifica el secuestro sagrado del alma por el espíritu fecundante.
El arte en la antigüedad, y luego en el Renacimiento, especialmente el pictórico, escultórico, la cerámica, la tapicería, el bordado, etc., se vieron completamente inspirados por este mito del rapto. Hoy podemos ver escenas reproduciendo el secuestro de Perséfone-Proserpina por Hades, el de Europa por Zeus o el de la hermosa Helena (ganadora del primer certamen de belleza) por el príncipe troyano Paris, en los principales museos del mundo. Son escenas representadas sobre lienzos, decorando vasos, fuentes, ánforas, sobre baúles o arcones, así como en otros muchos enseres pertenecientes a ajuares, lo que se advierte al ver que en bastantes de estas piezas se presentan escenas nupciales en donde la novia, engalanada según las costumbres de la época, aparece violentada de alguna manera, bien siendo agarrada por el brazo o directamente viéndose introducida en un carro con el que será conducida a su nueva morada. La tradición popular ha conservado este mito, aun sin comprenderlo en su esencia más profunda, en la costumbre de que los nuevos esposos se retiren de la ceremonia nupcial en una carroza o coche, a menudo tirado por caballos, con el que emprenden su primer viaje de casados, desapareciendo así de entre los suyos para morir definitivamente a su etapa anterior y tornar renacidos inmersos ya en su nueva vida de casados.
La asociación tradicional que hace del matrimonio y de la muerte asuntos semejantes, en el sentido de que ambas situaciones suponen un tránsito a otro estado, también ha quedado arraigada en la memoria popular, ya que en muchos lugares aún se acostumbra a guardar el traje de la boda para el propio funeral. El mismo origen mítico tiene la costumbre de ataviar, como si de una novia se tratase, a la joven fallecida antes de haber sido desposada. E igual equivalente simbólico tiene, entre algunos pueblos americanos y también africanos, la manta nupcial utilizada en el lecho y empleada luego como mortaja.
"de ninguna manera son sólo eso las deidades correspondientes al viento. El aire también transporta el sonido e igualmente el polen y las semillas de las plantas. Pero por sobre todo es el símbolo del espíritu, el aliento o soplo vital, e inclusive de la palabra, y en este sentido debe recordarse al verbo como vehículo creacional y generativo, presente en numerosas tradiciones universales y también mencionado en varias de la América Antigua, especialmente cuando se comprende que ese verbo no es otra cosa que el logos griego. En todo caso, el viento como gestor de la fertilidad de la tierra interviene perennemente en el acto creacional, precediendo a las lluvias que son su consecuencia". Los Símbolos Precolombinos, cap. XVI: "Plantas y animales sagrados". Mª Ángeles Díaz
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El Rapto de Europa. Rembrandt |
Y en la página de la Librería Dos de Enero, sección Symbolos
En la Biblioteca Hermética PDF, con el título DEMÉTER. SÍMBOLOS Y RITOS DE LA DIOSA MADRE.
http://dmiventana.blogspot.com/2019/01/en-pos-de-demeter-revista-symbolos.html