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viernes, 6 de enero de 2023

SOBRE ELÍAS ASHMOLE Iniciado Masón y Alquimista


Esta preciosa pintura de gorriones pertenece al género Nihonga, nombre japonés dado a una pintura realizada sobre un tipo de papel vegetal llamado: washi, o sobre seda: eginu. Sin embargo no es de este arte de lo que quiero hablar, sino del museo que contiene esta bellísima obra: el Ashmolean Museum, situado en Beaumont Street, Oxford, Inglaterra. Un museo muy singular por la cantidad de obras y objetos variadísimos que contiene, incluidos manuscritos y objetos raros y curiosos. 

Y toda esa maravilla se debe a las colecciones que llegó a reunir Elías Ashmole (1617-1692), un iniciado masón que jugó un papel determinante durante la época de transición (siglo XVII), momento en que se buscó reunificar y reconstruir una tradición prácticamente desaparecida y dispersa. Como René Guénon dice, al referirse al papel de Ashmole, “en ese momento se buscó reconstruir una tradición que en gran parte ya se había perdido”, a lo que Federico González, en Hermetismo y Masonería cap. II, añade:

En esta extraordinaria labor brilla el nombre de E. Ashmole en dos aspectos: como uno de los reconstructores de la Masonería en cuanto a la relación de ésta con las órdenes de caballería y las corporaciones de constructores, e igualmente como punto de confluencia con la tradición Hermética. El mismo Ashmole se llamaba hijo de Mercurio (Mercurophilus Anglicus).

Fuente de la imagen: https://www.facebook.com/ashmoleanmuseum

Ver sobre este arte: https://es.wikipedia.org/wiki/Nihonga

Este texto es un  fragmento de la entrada: Elías Ashmole del Diccionario de la Masonería, de Francisco Ariza

lunes, 5 de diciembre de 2022

EL BOSQUE SAGRADO (Texto y Vídeo) Mª Ángeles Díaz

Arnold Böcklin. El Bosque Sagrado, 1882. Museo de Arte de Basilea 


El bosque, o la selva, siempre ha representado para el ser humano un lugar plagado de grandes peligros. Desde el punto de vista del simbolismo tradicional es el lugar análogo al laberinto en el que fácilmente podemos extraviarnos o incluso perdernos, tal cual Dante tenía perdida su alma antes de comenzar su recorrido iniciático y hallar la salida a su oscuridad. 

Pero al mismo tiempo el bosque ha sido también un lugar de protección para aquellos que huyen de cierta clase de amenazas y buscan la libertad de sus actos en los pequeños claros que este ofrece, para realizar en ellos sus ritos ancestrales a cielo abierto, en estado puro de comunión con la naturaleza y a salvo de las miradas profanas.

En un claro del bosque, y ante una estatua de Afrodita, nos describe Filóstrato los rituales de Safo y sus alumnas, todas ellas seguidoras de las Musas. También en un abra del bosque tenían lugar los cultos a Diana, la diosa cazadora. Y por supuesto, en ese mismo lugar, y bajo la bóveda celeste, se reunían las brujas, nombre con el que los inquisidores de la Edad Media denominaban a las mujeres que con sus aquelarres mágico-teúrgicos invocaban a las potencias cósmicas para fecundar el mundo, esto es, invocar a las fuerzas constructivas y destructivas, para mantener la tensión en la que se sostiene el mundo. 

"tanto en los bosques como en las selvas existen abras y claros donde poder reposar momentáneamente y ver la inmensa majestad del cielo. En muchas sociedades estos espacios son tomados como lugares de culto tal cual lo hacían las mujeres que en la Edad Media y en la época de la Inquisición la religión denominaba brujas. Incluso en ellos se han erigido templos. Salir de estos accidentes es análogo a partir del laberinto y encontrar el camino de vuelta a nuestra mansión de la que no hemos salido nada más que de modo aparente". 


Texto: Mª Ángeles Díaz

Imagen: Arnold Böcklin. El Bosque Sagrado, 1882. Museo de Arte de Basilea 

Cita: Federico González. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos.

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martes, 7 de junio de 2022

ANDROS, PARADIGMA DEL CENTRO DE UNA HISTORIA VERTICAL Mª Ángeles Díaz


No todos los viajes terminan cuando uno regresa al lugar donde tiene su casa, su familia, su trabajo, su rutina… Algunos son como si se llevaran dentro y por eso son viajes que continúan realizándose en el interior, suscitándonos nuevas aventuras intelectuales y encuentros con personajes verdaderamente fascinantes, a los que merece la pena conocer, indagar en sus vidas y obras, lo que abre una ventana a otra época y otro entorno vital y geográfico. Pero especialmente abren un espacio nuevo en el corazón y una renovada percepción sobre las cosas. Cierto que eso nos puede ocurrir en cualquier parte a donde vayamos, pues personajes insignes los ha habido por doquier a lo largo del tiempo, pero lo que no es habitual es descubrir que las personas más relevantes con las que te vas encontrando «fortuitamente» en el trayecto, si bien pertenecen a diferentes momentos de la Historia, están todas ellas mágicamente vinculadas a la isla de Andros y al mismo tiempo a la Tradición Hermética.

El hecho de que Hierogliphyca, el libro de Horapolo del Nilo, nada menos que el eslabón que une la tradición griega a la egipcia, y que descubre los misterios de la lengua del sacerdocio, se conservara en Andros hasta el Renacimiento –cuando fue adquirido allí por Cristóforo Buondelmonte quien lo hizo llegar hasta Marsilio Ficino–, para mí está indicando que Andros es un lugar especial y que su vinculación con Thot-Hermes está ratificada en todos y cada uno de los fragmentos de su historia y su arqueología. Así lo intuyó Federico, que es quien primero se fijó en esta isla vinculada con la Tradición Hermética.

Lo cierto es que he podido comprobar que estas ilustres personas a las que me refiero, y que de forma asombrosa desde el principio me salen al paso, constituyen en mismas eslabones de la cadena áurea. Se trata de personajes cuya relevancia ha sido la de sustentar a lo largo de las épocas, la Filosofía Perenne, siendo ellos los que, en distintas coyunturas del tiempo, han mantenido vivo el lazo de los seres mortales y transitorios con la Identidad Suprema. Y aunque el nivel de aproximación y comprensión que alcanzaron es distinto en cada uno de ellos, como diferentes han sido sus circunstancias y sus propias sensibilidades, lo llamativo es que todos se han constituido en la correa de transmisión de la Antigua Sabiduría egipcia y greco-romana que vivió a través de Pitágoras, Sócrates, Platón, los neo-pitagóricos y los neo-platónicos, quienes asimilaron y sintetizaron todo ese saber ancestral heredado de la Tradición Primordial: aquélla que nos señala a los hombres de todas las épocas el camino vertical y nos da los valores eternos, soporte fundamental para crear –o refundar–, adaptándola a los tiempos, una Cultura.

El caso es que hace más de cuatro meses que volví de Andros y sin embargo el recuerdo de ese lugar no ha dejado de tener presencia viva en mi memoria, especialmente porque no han dejado de producirse hechos verdaderamente mágicos que me acercan una y otra vez a la isla, dándome a conocer una historia verdadera, aunque aparentemente oculta, relacionada con la Tradición de Hermes y con el Mediterráneo. Sin duda algo me querrá decir todo esto, tal vez tenga que volver a Andros...

No me mueven deseos de aventura, aunque sabemos la eficacia que tienen los viajes para cambiarnos las imágenes e integrarnos en un tiempo nuevo. Aquello que me llevaría de nuevo a la isla es más bien una necesidad espiritual de rememorar y fijar, o sea, de seguir profundizando en ciertas señales e indicaciones que me dicen y me hablan con fuerza magnética de Andros.


La intención no es devolverles la memoria a esos parajes y a los héroes que los poblaron, y que me asaltan continuamente en el camino, sino que estos antepasados me la devuelvan a mí. Y porque lo interesante y emocionante del asunto es comprobar que las señales que de continuo recibimos, mezcladas entre cientos de cosas aparentemente inconexas, están concatenadas y que más bien se trata de afinar el oído, o mejor, encontrar el hilo vertical que las une como las perlas ensartadas por el destino, haciéndonoslo todo más comprensible.


Ese es el sistema que utiliza el lenguaje simbólico para comunicarnos las verdades más íntimas y misteriosas, pero también las más reveladoras, que son las que de ordinario se ocultan tras las apariencias de una simple anécdota. Sin embargo, muchas veces sólo hace falta prestarles la atención adecuada para advertir su ligamen con otros planos y descubrir, de ese modo, un discurso coherente y pleno de analogías. Se nos revela, por así decir, otra lectura y dimensión del tiempo y del espacio, pero sobre todo se revelan ámbitos secretos de nuestra geografía interior. Seguramente es en este sentido como deben entenderse las palabras de Federico, cuando señala que:

 

…el hombre es un privilegiado, pues en cualquier momento puede recuperar la memoria de sí, intentar reconstruir su pasado glorioso, volver a sus fuentes perdidas.

El hilo del tiempo teje permanentemente en su rueca esta urdimbre y trama, que es un soporte para conocer lo atemporal, lo eterno, presentido oscuramente en nuestro interior, y que es, en definitiva, el motor secreto que nos impele a realizar todos los actos, aunque no sepamos este hecho o lo traduzcamos de mil maneras tan superficiales como anecdóticas. (El Simbolismo de la Rueda, cap. VI).


Estos son los preliminares de los que parto para relatar los entresijos que me llevaron a descubrir nuevas etapas de mi viaje mágico-hermético a Andros, la isla convertida para en paradigma del centro de una historia vertical. Mª Ángeles Díaz




domingo, 6 de marzo de 2022

SOBRE EL "ARTE DE LA MEMORIA"

 

Existen dos clases de memoria, la natural, que es simultánea al pensamiento, y la mnemotécnica o arte de la memoria, una disciplina creada por el poeta Simónides de Ceos hacia el año 500 a.C., que desde entonces ha formado parte como técnica de aprendizaje utilizada en el mundo griego y romano.

Durante muchos siglos la memorización fue un arte retórico fundamental para el estudio y la difusión de los textos, y para potenciar el manejo de los conceptos filosóficos. Y era incluso corriente escuchar los grandes discursos en la voz de aquellos que los habían memorizado.

Pareciera que con la llegada de la imprenta el Arte de la Memoria debiera haber perdido su sentido, y sin embargo fue en esa época cuando esta disciplina se reaviva a través del impulso del Neoplatonismo y del Hermetismo. Especialmente destacadas son las obras de Giordano Bruno, Robert Fludd y Giulio Camillo, y por supuesto Ramón Llull, cuya obra estuvo también presente en esa época.  

Aunque toda una corriente de hermetistas, pensadores y poetas se aplicaron a desarrollar la facultad humana de la memoria a través de ejercitarse en dicho arte. Una técnica de estudios empleada para ordenar y nutrir de imágenes y símbolos la psique con el fin de promover el despertar espiritual que nos devuelva la memoria de lo que de verdad somos y que hemos olvidado en el viaje que todos realizamos cuando nacimos a este mundo, pues como es sabido “conocer es recordar”.

La investigadora Frances A. Yates en su libro El Arte de la Memoria expresa lo siguiente:

“Platón usa la metáfora de la impronta del sello en el famoso pasaje del Teeteto en el que Sócrates supone que hay un bloque de cera en nuestras almas –de cualidad variable según los individuos- y que este es ‘el regalo de la Memoria, madre de las Musas’. Siempre que vemos, oímos o pensamos algo estamos colocando esta cera bajo las impresiones de los pensamientos, e imprimiendo en ella como si hiciésemos impresiones con un sello.

Más Platón cree en la existencia de un conocimiento que no deriva de las impresiones sensoriales, un conocimiento que constituyen, latentes en nuestras memorias, las formas o moldes de las Ideas, de aquellas realidades que conocía el alma antes de su descenso a este mundo inferior. El conocimiento verdadero consiste en adecuar las improntas de las impresiones sensoriales al molde o impronta de aquella otra realidad superior, de las que las cosas inferiores de aquí son su reflejo. En el Fedón se desarrolla el tema de que todos los objetos sensibles pueden ser referidos a ciertos tipos de los que son semejanzas. No es en esta vida donde hemos visto o aprendido los tipos, sino que los vimos antes de que nuestra vida comenzase, y está en nuestras memorias su conocimiento innato”. 

Como hemos oído decir en alguna ocasión a Federico González en su Teatro de la Memoria: "Recuérdate".  Mª Ángeles Díaz 

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Imagen: Serie Teatro Hermético de la Memoria Nº 68. Inspirada en el Teatro de la Memoria de Federico González Frías, del que formamos parte.

https://dmiventana.blogspot.com/ Publicación  Mª Ángeles Díaz


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viernes, 18 de febrero de 2022

SALOMÓN Y LA SULAMITA REINA DE SABA, EN NUESTRO TEATRO HERMÉTICO DE LA MEMORIA


Los Fieles de Amor seguían una Tradición que arraigaba en la Sabiduría eterna, pero que de partida podemos muy bien situar en dos textos bíblicos: Cantar de los Cantares, por un lado, donde el rey Salomón dedica hermosos versos a la sulamita, la cual posiblemente no sea otra que la reina de Saba, la mujer que para el sabio rey encarnó el modelo de la Dama Sabiduría. El otro, también de este rey, es el Libro de Sabiduría, al cual pertenece el siguiente fragmento:

Pues hay en ella un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil, perspicaz, inmaculado, claro, impasible, amante del bien, agudo, incoercible, bienhechor, amigo del hombre, firme, seguro, que todo lo puede, todo lo observa, penetra todos los espíritus, los inteligentes, los puros, los más sutiles. Porque a todo movimiento supera en movilidad la Sabiduría, todo lo atraviesa y penetra en virtud de su pureza. Es un hálito del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente, por lo que nada manchado llega a alcanzarla. Es un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de su bondad. Aun siendo sola, lo puede todo; sin salir de sí misma, renueva el universo; en todas las edades, entrando en las almas santas, forma en ellas amigos de Dios y profetas, porque Dios no ama sino a quien vive con la Sabiduría. Es ella, en efecto, más bella que el sol, supera todas las constelaciones; comparada con la luz, sale vencedora, porque a la luz sucede la noche, pero contra la Sabiduría no prevalece la maldad. (Sabiduría VII, 22-30)

Mª Ángeles Díaz

Imagen: "Serie Teatro Hermético de la Memoria" Nº 64, inspirada en el Teatro de la Memoria de Federico González Frías del que fuimos parte.


Pintura de  Charles Landelle

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   https://dmiventana.blogspot.com/ Publicación  Mª Ángeles Díaz