domingo, 23 de marzo de 2014

EL MEDITERRANEO, CUNA DE EUROPA

Una excepcional muestra de obras de la Antigüedad grecolatina, procedentes de distintos museos europeos (Nápoles, Ferrara, Orvieto, Florencia, Roma, Amsterdan, Dresden, Bolonia, Ciudad del Vaticano, Atenas, Madrid, Zaragoza, Cartagena y otros) nos permite recrear el espíritu en torno al cual nació la idea de Europa. Un territorio que incluye el Medio Oriente y Egipto, donde un mosaico de pueblos bañados por las aguas del mar Mediterráneo e interrelacionados por una serie de mitos e ideas análogas, a pesar de tener formas diferentes de expresión, se solidarizaron al reconocer el vínculo sutil que las unía a su origen común in illo tempore.

Entre las numerosas piezas artísticas, representaciones de escenas de héroes legendarios como Heracles-Hércules o Jasón, bustos y hermas de sabios destacados, caso de Sócrates y Platón, o frescos con distintas escenas mitológicas. Y a pesar de que aquí sólo mostramos una pequeña selección de todo lo reunido (como no podría ser de otra manera) nuestra muestra cuenta con un valor añadido, ya que hemos incluido textos alusivos al tema tomados de la sabia pluma de Federico González Frías, extraídos de su Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, importante obra ya referenciada hace algunos meses en este blog; fragmentos distinguidos por estar entre comillas y con las iniciales F.G.F.

Europa y el Toro. Fresco de Pompeya, proveniente de la Casa del Amor.
25-45 d.C. Museo Arqueológico de Nápoles.


La escena recoge el momento en el que Zeus, disfrazado de toro, ha conseguido enamorar a Europa. El hecho se produce en un territorio situado bajo la constelación de las Pléyades, una de cuyas estrellas es Maya, la ninfa con la que Zeus engendró a Hermes. Y este es el motivo por el que el padre todopoderoso le confía a este hijo suyo la estratagema de esta seducción.


Rapto de Europa. Terracota siglo IV a.C. Museo Allard Pierson. Amsterdan.


De las distintas y bellas representaciones del rapto de Europa reunidas en esta exposición, hemos querido incluir esta estatuilla de una majestuosa y serena princesa, hija del gran rey Agenor de Tiro, quien aparece montada sobre el toro, al estilo de las Amazonas. 

Anfora Atica con Heracles-Hércules y las Amazonas. Siglo VI a.C.
Museo Arqueológico de Florencia.


La escena representada en esta vasija alude al noveno de los doce trabajos impuestos al héroe civilizador Heracles-Hércules, tarea que consiste en conseguir el cinturón de Hipólita, la reina de las Amazonas, regalo que ésta había recibido de su padre, Ares, dios de la guerra. Hipólita trató de seducirlo pero Hércules la

"terminó matando al igual que a sus súbditas. Como se había previsto, no sólo trajo a Argos tal adminículo sino también el hacha de la reina con atributos mágicos de combate. El ganado rojo de Gerión se encontraba en la isla Eritrea y para llegar allí se sucedieron toda clase de aventuras que son el cuerpo y la substancia de este trabajo, entre ellas la instalación de las célebres columnas separando África de Europa y otras muchísimas correrías que proveerían a esta labor de una nutrida mitología". (F.G.F.)

Anfora tirrena 575-550 a.C. donde se representa a Heracles-Hércules liberando a Prometeo. Museo Arqueológico de Florencia.



"Prometeo es hijo de un Titán, como Zeus lo es de otro, y tiene varios hermanos. En algunas Tradiciones es considerado como el creador del hombre, aunque principalmente es tomado como su bienhechor pues robó semillas de fuego de la rueda del propio sol –o de la fragua de Hefesto, como hemos dicho–, para entregárselas a los hombres, salvándolos. Por ello fue encadenado por Zeus con cables de acero mientras un ave nacida de Tifón se alimentaba de su hígado que se regeneraba permanentemente, como el propio fuego. Cuando Heracles pasó por donde se encontraba Prometeo lo liberó. Como Prometeo era a su vez profeta devolvió el favor, le mostró cómo coger las manzanas –de oro– del jardín de las Hespérides". (F.G.F.)

Cerámica ática. 570-560 a.C. Museo Arqueológico Nacional de Tarquinense


La escena de esta vasija recoge el combate en el que Hércules lucha contra Tritón, ser medio humano y medio pez, dado que era hijo de Poseidón y Anfítrite y el único que conocía el emplazamiento del jardín de las Hespérides

Cabeza de Heracles-Hércules. Mármol de Carrara. Procedente de Nemi (Roma) área del teatro romano, templo de Diana. Siglo II d.C. Museo Nacional de Roma.



Se dice que fue este héroe o semi-dios, quien colocó las dos

"célebres columnas que se decía separaban a Europa de Africa por el Mediterráneo-Atlántico; una en el norte de África y la otra en el sur de España (se supone que cerca de Gibraltar) y sobre ellas pendía, de modo figurado, el lema 'Non Plus Ultra'" (F.G.F.).


Busto de Hércules. Mármol. 140-170 d.C. Staatliche Kunstsammlungen Dresden.



Aquí se nos presenta al héroe en actitud victoriosa, con el trofeo de la piel de león de Nemea cubriéndole la cabeza y hombros. Al respecto dice un emblema de Alciato, citado por F.G.F. en su Diccionario:

"QUE LA ELOCUENCIA PUEDE MÁS QUE LA FUERZA
Lleva en la siniestra el arco, en la diestra la / dura maza, y cubre su cuerpo desnudo el / león de Nemea. – ¿Es, pues, ésta la imagen de Hércules? / – No es pertinente una cosa: que sea viejo y /lleve las sienes canosas. ¿Por qué, con la / lengua atravesada por finas cadenas, arrastra / fácilmente a los hombres que las tienen / fijadas a las orejas? / –¿Acaso no dicen los galos que el / extraordinario Alcides dio a los pueblos leyes / por la fuerza de la elocuencia y no de las / armas? Las armas ceden ante las togas y / aunque los corazones sean muy duros, la / poderosa elocuencia atrae hacia sus votos.

Eros y Psiqué. Fresco de Pompeya. Proveniente de la Casa de Tarentius Neo. 
45-79 d.C. Museo Arqueológico de Nápoles.


Son varias las obras expuestas que representan este mito que escenifica el beso de amor entre el alma humana y el espíritu con el que ansía unirse.

"Simboliza el beso de amor entre el alma humana intermediaria entre el cuerpo y el espíritu. [Psiqué] Es también una diosa griega cuyo mito más importante lo protagoniza junto a Eros que se prende de ella por su belleza, la que la propia Afrodita envidiaba. Cuando Psiqué está en peligro Eros la rescata y le entrega su amor cada noche en su palacio pero a condición de que no se entere quién es él. Estos amores de Eros y Psiqué han provocado intensas emociones en numerosos artistas que las han testificado tanto en la escultura como en pintura". (F.G.F.)


Eros y Psiqué. Siglo II d.C. Staatliche Kunstsammlungen Dresden.


Dicen que la Belleza es la madre del Amor
¿y el padre, quién, sino el conocimiento de esa Belleza?

Herma de Sócrates. Mármol de Carrara. Copia de un original de mediados del s. IV a.C.
Museo Arqueológico de Nápoles.


"Como decía Cicerón, hay una frase que queremos recordar a los filósofos modernos y a los eruditos tan pagados de sus conocimientos:
'la ausencia de saber está en el principio de la filosofía'. (Sobre la Naturaleza de los Dioses, I, 1) repitiendo 'el sólo sé que no sé nada' de Sócrates". (F.G.F.)

Cabeza de Platón. Mármol. Copia romana de un original griego 340 a.C. Munich Colección Robert Boehringer


"Platón basado en Sócrates y teniendo el fundamento de todo el pensamiento griego, Orfeo, Pitágoras, los presocráticos y estoicos incluidos y tan comprensivo respecto al pensamiento mítico (Hesíodo, Homero, etc.), al que explica y pone en valor, recordando la herencia recibida de Egipto, Mesopotamia, Persia, India y de otras fuentes orientales (incluso nórdicas) –donde se menciona la influencia que han tenido los griegos sobre esas Tradiciones, pero no a la inversa– es el fundador de la filosofía y un renovador y actualizador de la cosmogonía y metafísica de la Antigüedad, es decir, de la Tradición Primordial, y a la vez un autor al que nos conduce cualquier camino, cabo suelto, o tema sobre el que podamos hoy especular, sintetizando en sí todo lo que el término filosofía pueda expresar". (F.G.F.)

Fragmento de sarcófago con relieve de Jasón y Medea. Mármol de Carrara. Siglo II a.C. Museo Nacional de Roma


"Jasón reconocido por su belleza fue criado por el centauro Quirón. Era príncipe de Yolcos pero su tío Pelias quiso desembarazarse de él y lo envió a la conquista del legendario Vellocino de Oro en la expedición de la nave Argos. (Ovidio, Metamorfosis, VII).
Auxiliado por Medea y sus artes mágicas, culmina con éxito esta gesta heroica. El argonauta, después de peligros increíbles, tuvo el deseo de volver a su hogar y así lo hizo regresando casado con la maga Medea". (F.G.F.)
Urna cineraria etrusca. Volterra. Alabastro. Segunda mitad del siglo II a.C.
Museo Arqueológico de Florencia.


Escena de la Odisea donde se ve a Ulises durante su periplo a Itaca. Pertenece a la gran colección etrusca reunida, en un principio, por Cosme de Medici.

"El gran héroe de la antigüedad clásica cuyas aventuras fueron narradas por Homero en la Odisea debe ser tomado como el aventurero que viaja en pos del Conocimiento tal como los trabajos que tuvo que enfrentar Heracles y aún héroes menores como Jasón y su búsqueda del Vellocino de Oro, apoyado por Medea, o el propio Cadmo. Pero es Homero quien aprovechando las aventuras de este personaje prodigioso graba para siempre en sus relatos poéticos la Teogonía y la historia mítica de las naciones que han sido influidas por la Tradición grecorromana, incluso los personajes de sus obras han sido tomados como ejemplo moral para distintos pueblos". (F.G.F.)

Orfeo entre los animales. Mosaico romano II/III d.C. Museo de Zaragoza.


"Dios de la música y la poesía por excelencia, es el inventor de la cítara como Hermes lo es de la lira. También se lo hace hijo de Apolo, con el que así es vinculado, por lo tanto con la lira que Hermes obsequia al dios solar. Igualmente, relacionado con Dioniso es por excelencia la deidad de los misterios iniciáticos de las primitivas escuelas griegas que desembocan en Platón que, junto con otros autores clásicos hace mención de él. Es asociado a Eleusis y de hecho a todas las escuelas iniciáticas griegas de las que se dice ha sido el fundador. Sus dulces cantos transportan el alma y dan la paz a los afligidos". (F.G.F.)

La Academia de Platón. Pompeya, Mosaico de la Casa de T. Siminius Stephanus. 
110-80 a.C. Museo Arqueológico de Nápoles


"Academia platónica llamada así por hallarse situada en los jardines de Academo que había rendido culto allí a los gemelos Cástor y Pólux y que fue fundada por Platón alrededor del 390 a. C. basándose en las enseñanzas de Sócrates y también de Pitágoras y el orfismo donde concurrieron con toda seguridad los personajes que pueblan sus diálogos. La Academia continuó sus enseñanzas hasta el 591 d. C. En este tiempo se refundó varias veces siendo uno de sus últimos representantes el neoplatónico Proclo, aunque prosiguió viva por cuanto la Tradición Platónica ha continuado presente hasta nosotros, especialmente con el impulso que le otorgó Marsilio Ficino durante el Renacimiento ya que logró mediante su labor revitalizar otra vez el pensamiento del filósofo griego". (F.G.F.)

Crátera con Dioniso y Phlyax. Cerámica de Paestum 360-320 a.C.
Museo Arqueológico de Madrid.


En la imagen se ve a un Dioniso juvenil portando una copa de vino en la mano derecha y el tirso en la izquierda, y claramente interrelacionándose con Phlyax, personaje que representa la parte tragicómica y burlesca de los dioses, un personaje

"sumamente popular, lo que queda claro en jarrones, platos y vasos de Paestum, que parecerían tener un interés muy marcado por este personaje o por otros análogos: bien con el pelo cano o completamente blanco; en grupos, apareciendo de formas diferentes, tal vez maquillados". (F.G.F.)


La Diosa Fortuna. Finales del siglo II d.C. Mármol, 154 cm. Museo del Prado. Madrid.



"Para los romanos, y posteriormente en el Renacimiento, se la asocia con la suerte personal, y la riqueza, como en la lámina número diez del Tarot, la Rueda de la Fortuna, aunque puede ser tomada principalmente en sentido espiritual por la que algunos personajes suben y otros bajan expresando al azar, un componente presente en todos los casos y cosas del mundo. En ese mismo sentido se la suele figurar como una mujer alada, que al igual que Mercurio lleva pies con alas y está encaramada a una rueda. Se la puede vincular con la Tiqué griega protectora de ciudades e individuos.
Los romanos representaron también a la diosa con la cornucopia de la abundancia, rebosante de mieses y frutos dada la generosidad que representa su simbólica. Horacio dice de ella (Odas I, 34): Puede la divinidad trocar lo abyecto por lo sublime y humillar al ilustre, sacando a la luz lo que estaba en tinieblas". (F.G.F.)



            Hasta el 15 de Junio en Barcelona. Caixa Forum.

sábado, 18 de enero de 2014

Maximón, una máscara de Dios

Altar de Maximón ante el que sus fieles han depositado ofrendas. (Pulsar sobre la imagen para verla completa)


Siempre he querido escribir acerca de Maximón, pero a la vez nunca he tenido suficientemente clara la figura de este enigmático personaje, venerado en Guatemala como dios popular. Un santo con aspecto de mestizo, ropas europeas, sombrero, gran cigarro en la boca, zapatos bien lustrados, un fajo de billetes asomando de su bolsillo y varias botellas de guaro a su alcance, es la principal iconografía, podríamos decir, que lo identifica. 

Cuando vemos a este curioso personaje siendo devotamente adorado en cualquier capilla de las muchas que le son dedicadas en todo el país, inevitablemente la pregunta es: ¿Qué idea llevó a este pueblo a crear una imagen así de un dios?

Por eso es una satisfacción personal leer esta precisa y preciosa definición que, en su Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, Federico González Frías le dedica a este interesante personaje.

"Magnífico ejemplo de la indefinitud de disfraces y máscaras de Dios.
Maximón baila, tiene mucho dinero, es dueño de todo, toma trago y siempre tiene en la boca un habano.

Curioso ejemplo de lo sagrado que reúne las dos posibilidades del ser- la divina y la humana- y que también conoce el sistema de relaciones indígenas, el mismo que está presente en todas las cosas como calor y el frío en que basa su medicina".

miércoles, 15 de enero de 2014

ISIS-AFRODITA


Varias estatuillas de época helenística que representan a la diosa Isis-Afrodita desnuda y con cintas y joyas pintadas en el cuerpo.  
La primera lleva en la cabeza un turbante trenzado; la otra una guirnalda de pétalos donde apoyan una concha en forma de canasta y corona. La tercera gracilmente se levanta  la falda.
(The Metropolitan Museum of Art).
*
*  *
Era una tradición entre las jóvenes de toda la cuenca del Mediterráneo, incluir en el ajuar una de estas figuras de la diosa del amor, para que fuera su compañera y aliada en las artes conyugales. Pues para quienes fundaron esta clase de uniones la fusión tenía un elevado sentido sagrado y de compenetración de dos existencias unidas por un lazo misterioso.

 "…Yo soy la primera que descubrió los frutos de la tierra para los hombres.
Yo soy la madre del rey Horus
Yo soy la que se manifiesta en la estrella en Canis Maior.
Yo soy a la que llaman 'diosa' entre las mujeres.
Yo separé la tierra del cielo.

Yo establecí los caminos de las estrellas.

Yo dispuse los caminos del sol y de la luna.

Yo inventé la navegación.

Yo engrandecí lo que era justo.

Yo uní al hombre y a la mujer.

Yo inventé los contratos matrimoniales…"

(Himno de Salónica I-II d.C.

Fragmento)
  
A este propósito podríamos recordar a Plutarco, heredero para nuestro ciclo cultural de la Tradición Hermética, quien recomienda a los esposos que sean versados en Filosofía, y complementariamente que estudien matemáticas, astronomía, literatura y lenguas, con el fin de estar preparados para afrontar las situaciones de crisis que plantea la vida y especialmente la más grave, la muerte. (Preceptos Conyugales).

También nos recuerda Plutarco en ese mismo libro, que los antiguos solían poner una estatua de Hermes junto a una de Afrodita para mostrar que la conversación es uno de los encantos del matrimonio.

Asimismo ponían estatuas de la Persuasión y de las Gracias, para mostrar que aquello que los casados desean el uno del otro debe conseguirse sin disputas ni enfrentamientos, sino mediante la persuasión.

Apuleyo, iniciado en los Misterios de Isis, en su libro El Asno de Oro, escribe:

 "…Sepas que soy madre y naturaleza universal, señora de todos los elementos, principio primordial de los tiempos, soberana de todas los cosas espirituales, reina de la muerte, de los océanos, y también reina de los inmortales, la única manifestación de todos los dioses y diosas, mi gesto manda sobre las alturas resplandecientes del cielo, la saludable agua del mar y los secretos lloros del infierno. Aunque soy adorada en muchos aspectos, y conocida por nombres innumerables... los troyanos, que fueron los primeros que nacieron en el mundo, me llaman Pesinuntica, madre de los dioses, los atenienses, naturales y allí nacidos, me llaman Minerva cecrópea, y también los de Chipre, que moran cerca de la mar, me nombran Venus Pafia, los arqueros y sagitarios de Creta, Diana, los sicilianos de tres lenguas me llaman Proserpina, los eleusinos, la diosa Ceres antigua y otros me conocen como Juno, otros Bellona, otros Hecates, otros Ranusia... pero los egipcios que se destacan en el aprendizaje y culto antiguo, me llaman por mi nombre verdadero ... Reina Isis."

Inscrito sobre una columna, según información de Diodoro de Sicilia recogida por Federico González Frías en su Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos (Entrada Isis), se leía el siguiente epígrafe:

"Isis soy, reina de la Tierra entera, a Mercurio le debo la Sabiduría, y nadie puede acabar con las leyes que yo he dictado".
Isis.Afrodita.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Si al amanecer canta la Alondra...


Si la alondra de los cielos canta al amanecer

puedes asegurar

que en ti ha nacido una nueva posibilidad.

¡Feliz Navidad y Año 2014!

jueves, 17 de octubre de 2013

domingo, 13 de octubre de 2013

La Academia Platónica de Atenas

"Pinacoteca Simbólica"


Dos imágenes representando a los sabios filósofos fundadores de la Cultura Occidental, los que conformaron la Academia Platónica de Atenas. La misma que refundaron varios personajes a lo largo de la historia, siendo los hermetistas del Renacimiento, en Florencia, con Marsilio Ficino, Pico de la Mirándola, etc., los que consiguieron, verdaderamente, levantar de nuevo sus columnas, esto es, las de la Filosofía Perenne.



"La escuela de Atenas" Frescos de Pellegrino Tibaldi en la biblioteca del monasterio de El Escorial. Madrid.


Academia Platónica en Atenas. Fresco de Rafael Sanzio, de Urbino.
"He aquí algunos de los nombres de los miembros de dicha Academia y de otros filósofos
cuyo pensamiento participa de esta Escuela: Pitágoras, Parménides, Sócrates, Heráclito,
Empédocles, Jenofonte, Plotino, Boecio". (Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos" Federico González Frías.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Diálogos de Amor y Guerra (Capítulo VII)


John William Waterhouse en el Decameron


Estos seis jóvenes, saliendo de la casa al jardín buscan un lugar a la sombra. No podían haber ido a mejor lugar sino a aquél espacio junto a una fuente bajo los laureles. Un decorado con el que Bembo evoca el templo de Apolo en el monte Parnaso, y la fuente Castalia, donde  beben las musas, sus seguidoras, y la Pitonisa, mascando las hojas de laurel, dicta el oráculo y responde a las preguntas de los seguidores del dios solar. Es de tal maravilla el lugar que Berenicia, la mayor de las tres jóvenes, volviéndose hacia Gismundo, que es el joven que había tenido la idea de ir hasta allí a continuar las conversaciones sobre Amor, le dice a éste lo siguiente:

¡Qué grande yerro hemos hecho en no venirnos aquí todos los días pasados, que mejor en este jardín que no en nuestras cámaras hubiéramos pasado estas horas del día que sin la novia y sin la reina nos corren! Más ahora, pues a ti debemos las gracias de esta venida, mira a dónde mandas que nos sentemos, porque ir mirando otras partes del jardín el sol nos lo veda, el cual, como tú ves, envidiosamente se las mira todas.

Y porque describiendo el decorado y evocando las conversaciones en él producidas  Bembo es un maestro deleitoso, transcribiré algunas de las cosas que cuenta, comenzando con la respuesta del joven:

Señora, cuando vos así lo mandéis, a mí me parecería que esta fuente no se dejase, porque la yerba está aquí más alegre que en otra parte y más pintada de flores. También estos árboles detendrán el sol de tal suerte que, por mucho que él hoy pueda, nunca se nos llegará.

Estando de acuerdo con lo expuesto por el joven, Berenicia concluye:

Sentémonos ahí donde vos, señor, mandáis, y porque en ninguna cosa se deje de seguir vuestro deseo con el ruido del agua que nos convida a razonar y con el horror y silencio de estas sombras que nos escuchan, aparejaos a decir de qué os agrada más que se platique, porque en cuanto a lo que nosotros toca, siempre de buena gana te escucharemos: con razón se te debe hoy el mando y el palo de nuestros razonamientos, puesto que tú les has dado tan apacible lugar.

Una vez todos dispuestos en corro, unos bajo los laureles y los demás junto a la fuente, cerca de un pequeño arroyo que pasa por el medio de ellos. Gismundo, toma pues la palabra con el fin de dirigir en dicho escenario, que tan bien evoca el templo de Delfos, el curso de la plática.

Los Asolanos es una obra de juventud que Bembo, como venimos diciendo, enmarca dentro de una tradición, el lenguaje simbólico de los "Fieles de Amor", una orden custodia de una doctrina secreta.  Efectivamente Bembo rememora como nadie a Petrarca y a Boccacio, pero dejando muy a las claras, como ya lo hemos expuesto anteriormente, que ellos eran quienes le habían conducido a las cimas elevadas del pensamiento expresado por Dante, que fue en un momento dado jefe supremo de esa organización. En su formulación, Los Asolanos  es una obra que sigue la estela del Cancionero de Petrarca, donde este autor canta en 366 sonetos, sus sentimientos hacia su amada Laura,  a la que identifica con laurel, una alusión evidente a Dafne (que significa laurel), la ninfa amada y perseguida por Apolo. La que acabó transformada en dicho árbol justo a tiempo para escapar de él como mujer.

Bembo, que no da puntada sin hilo,  oculta en el sentido literal de su relato todo el simbolismo propio de los "Fieles de Amor", y por ello sigue recordando el sentido de aquella reunión:

Graciosas señoras y dignas de ser amadas, cada uno de nosotros ha oído a las dos mozas cantoras y la hermosa doncella que delante de la reina, antes que las mesas se levantasen, cantaron muy delicadamente las tres canciones, las dos loando a Amor y la otra querellándose de él. Y por cuanto yo soy cierto que cualquiera que de él se queja o le pone mal nombre no tiene buena noticia de la naturaleza de las cosas ni de su calidad de él y va muy desviado, hermosas señoras, o de nosotros (que se que lo hay) que crea juntamente con la primera doncella que Amor no sea cosa buena, diga sobre ello lo que siente, que yo le responderé, y atrévome a darle a entender cuánto él esté con su daño en la tal opinión engañado. Lo cual, si vosotros hicierais, como lo debéis hacer si queréis que sea mío lo que una vez me habéis dado, tenemos hoy harto hermoso y espacioso campo de platicar.

Y utilizando el argot de la pelea y el enfrentamiento, propios de los combates de esgrima, Gismundo, que es el más osado y alegre de los jóvenes, reta a cualquiera de los presentes a defender que Amor no pueda ser de ningún modo cosa mala, tal como dijo la primera cantora en su apenada canción. Ya que según él quien tal opinión mantiene está por completo errado. Y cuando esto dice se dirige muy a las claras a su amigo Perotino, pues sabe que al respecto, él tiene una opinión contraria. Gismundo está seguro de que si éste se atreviese a exponer las razones que le llevan a pensar tan mal del Amor, él podría rebatirle y demostrarle así lo equivocado que está.

Perotino es el más tímido de los muchachos del grupo por lo que tiene gran dificultad en quebrar su silencio, pero comprende que su amigo le está poniendo en un brete ante las damas siendo éste un golpe que no puede esquivar. Y aunque al principio lo intenta, pues tanta es su timidez, no tiene más remedio que responder y exponer lo que piensa en materia de Amor. Lo primero reconoce ser éste para él un tema pesado y pedregoso, pero no obstante está dispuesto a demostrarle a Gismundo que el verdadero engañado es él. Y así, dirigiéndose a las damas que son las que le mueven a la respuesta, contesta así al envite de Perotino:

Porque reconociéndose, por lo que yo seré forzado a decir cuán engañado esté, no yo, como él piensa, sino el que tal cosa cree, si ya no tiene toda vergüenza perdida, escarmentará de tomar armas contra la verdad, y si todavía se atreviere a tomarlas no lo podrá hacer porque no le habrá quedado qué tomar.

El clima anda crispado y la pelea dialéctica por momentos se muestra bronca, como se pone de manifiesto en lo siguiente, donde Bembo nuevamente se hace dueño de la lengua:

Armado o desarmado –respondió Gismundo-, de esta vez, Perotino, yo la tengo que haber contigo en todo caso. Mas mucho crees, si crees que no me haya quedado qué tomar, pues ninguna cosa de tomo hay que no sea un arma contra ti.

Y con destacada finura y un tono de andar sobrado, continúa Gismundo:

Pero tú  ármate en todo caso, que a mí me parecía no vencerte si bien armado no te venciese.

Bembo utiliza a la perfección la dialéctica de la batalla, y un lenguaje donde se reconocen las raíces del teatro de Shakespeare. Dos puntos de vista diferentes enfrentados mediante la dialéctica de la reyerta. Esto es idéntico a los planteamientos expresados por las dos jóvenes cantoras que llegaron al banquete nupcial enlazadas de las manos. A todo esto interviene otra de las doncellas allí reunidas, Lisa, quien dirigiéndose a Lavinelo, el tercer muchacho que ha permanecido en silencio durante la disputa de sus dos compañeros, le dice lo que sigue:

Lavinelo afrenta será la tuya si, peleando tus compañeros, te estuvieres con las manos en el cinto. Conviene que tú también entres en el campo.

Lavinelo, si bien con suma gentileza, rehúsa lo que le pide la dama y para ello se excusa en que no cree pertinente hacer costado a ninguno de los dos, ya que en ese caso, el otro tendría que luchar contra dos guerreros.

Pero ninguna de las tres mujeres están dispuestas a aceptar estas excusas que invalidan de inmediato, y así se lo manifiestan al joven, apostillando que el caballero nunca debe confundirse de campo, y que las armas que aquí hay que tomar no responden a su símil:*

No pienses defenderte con no querer tomar las armas, porque estos combates no son de tal suerte (…) en estas semejantes batallas ninguno muere, no dejes por ello de entrar en ella.

Lavinelo aclara entonces que si no ha intervenido en la reyerta es porque consideraba que ante la interesante contienda que estaban teniendo aquellos dos caballeros, ningún interés tendría oírle a él. Sin embargo y atendiendo a que la Señora Lisa no quiere dejarle al margen, y para que no puedan quejarse de él sus compañeros, propone reservarse el último combate, tal y como rige en las normas de la esgrima. O sea, dejar que ambos se enfrenten solos y cuando al fin cejen en la pelea, él hará su disertación sobre Amor. De ese modo complace a Lisa y no se inmiscuye entre sus compañeros. Bembo lo dice con la filigrana de su lenguaje del modo que sigue:

Ahora, pues que no plugo a la señora Lisa que viviese en paz, al menos porque de mí no se puedan quejar mis compañeros, dejémoslos entre ellos a solas hacer su voluntad, y cuando ellos se dejaren de la pelea, no faltará en qué emplearme, que así como suelen hacer los buenos esgrimidores, que para sí se reservan el postrer combate, así yo, tornando a tomar las armas ya dejadas por otro, como quien sucediendo prosigue, probaré a satisfacer vuestro deseo**

Primera disertación. Habla Perotino acerca de lo malo del Amor, más que sea tu propio interés el que decida si nos encontramos de nuevo aquí, bajo los laureles, en ésta isla del Amor, para seguir la disputa. Eso será en el capítulo VIII. Mientras tanto, besos, Nuria.


*Bembo escribe su obra con mucha precisión de detalle, como para ser interpretada. Lucrecia Borgia, por su parte, en cierta ocasión mandó escribir una comedia donde debían aparecer tres tipos de amantes. Este dato, que ha pasado inadvertido, demuestra hasta que punto la obra de Bembo influenció a Lucrecia, ayudándola a conformar y mantener su propia “Corte de Amor”.

**En este lenguaje cortesano y algo almibarado, se esconden sutilezas que van de esa manera disfrazadas.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Los tres aspectos del Amor en los Asolanos, de Pietro Bembo (Capítulo VI)




Biagio D’Antonio (Florence, 1446–1512). Los exponsales de Jason y Medea ante el Oráculo de Apolo, 1487. Tempera. Paris, Museo de Artes Decorativas.


Las dos jóvenes llegan al lugar donde se está celebrando el banquete nupcial. Entran con las manos entrelazadas, como unidas en un mismo tronco. Una de ellas, la que parece mayor, toma un laúd y tras entonar su voz con el instrumento comienza a cantar una canción cuya letra refería un gran tormento infligido por Amor.

Tan vivamente expresa ese sentimiento de dolor y amargura que todos los asistentes se sintieron tocados por la emoción, y aun cuando su voz dejó de oírse algunos no pudieron dejar de sentir una gran congoja, provocada por las notas lastimosas que todavía salieron de sus dedos…

Después de un momento de silencio y como dando respuesta a su compañera, la otra doncella, tañendo el mismo instrumento, entonó otra apasionada canción poniendo de manifiesto, en este caso, la alegría que se siente al estar enamorado y lo placentero que es vivir ese ardor que amplía el corazón y embellece el alma.
Bembo traza bajo en esta formulación las líneas de su juego inteligente que comienza por enfrentar dos caras de Amor que todos fueron capaces de reconocer al instante.

Pero, a continuación, tras la actuación de esta pareja de doncellas la reina, que naturalmente dirige los actos, llama a una tercera cantora. Esta se distingue sobremanera de las anteriores, pues su belleza es causa de admiración entre la concurrencia. Bembo se las arregla muy bien para hacernos evidente a todas luces, el salto de nivel que quiere establecer entre la nueva joven y las dos anteriores. Esta toma entonces una vihuela y comienza a entonar otra canción de amor. De su actuación nos dice Bembo que lo hace

con tanta gracia y maneras de melodía tan nuevas que, en comparación de la dulce flama que sus notas en los corazones de los oyentes dejaron, las de las dos mozas cantoras parecieron carbones muertos y fríos.

Bembo trascribe así las tres canciones:

Primera Canción
Siendo yo tierna doncella
de mi suerte fui contenta:
viví alegre y sin querella,
mis cuidados sin afrenta,
más ¡ay! Que ya no soy ella.
Porque así me aflige Amor,
Los otros (…) atormentado,
Que en mi no ha lugar dejado
De más tormento y dolor.
Amor, cuando entré en tu corte,
Con juramento afirmada,
Ser muy dichosa mi suerte,
Más ya veo tu burla clara,
Pues me das amarga muerte.
Así vio a Colcos Medea,
Sin Amor, leda y segura,
más después por Jasón dura fue su vida y fea.

Segunda Canción
Siendo yo tierna doncella
de mi suerte muy quejosa,
viví triste y con querella,
más ya leda y muy gozosa
me hace Amor con su centella.
Hállole tan buen amigo
y háceme tanto favor,
que siempre alabando a Amor
risa y canto están conmigo.
Cuando a Amor no conocía
juzgaba de él al revés
que quien sus pasos seguía
era nao que da al través,
y hallo que es cierta guía.
Andrómeda, sin Amor,
vida triste y muy penosa,
con Perseo vivió gozosa
y muerta le dan loor.

 Tercera canción:
Amor, no es entendida
de la gente tu virtud,
que, de vileza ofendida,
sus daños sigue perdida
y aborrece su salud.
Que si aquí de tu loor
se conociese el ensayo,
como allá do tu gran rayo
da subido resplandor,
muy mejor
camino y más acertado
nuestra vida tomaría,
y al siglo antiguo dorado*
siglo dichoso y loado,
nuestra edad se tornaría.
Tras los cantos todos los invitados comenzaron a retirase a sus estancias privadas, y allí durmiendo u ocupados en otros menesteres pasaban apartadamente el tiempo de la siesta, hasta que volvía a ser hora de festejar.
Pero en este caso mientras esto sucedía entre la mayoría de los invitados, tres jóvenes: Perotino, Gismundo  y Lavinello,  junto a tres doncellas: Berenicia, Sabinetta y Lisa, deciden continuar con el tema de las canciones y desarrollar sus propias reflexiones, mediante la conversación y las aportaciones de unos y otros. Y es aquí donde en verdad acontece el tema de los diálogos, el Amor y sus misterios, "gozosos, gloriosos y dolorosos", o sea, los tres aspectos del Amor,  como podréis comprobar leyendo el capítulo siguiente. Mientras tanto un abrazo, Núria.

*El siglo antiguo y dorado” es una referencia a la edad de oro paradisíaca, es decir al estado primordial.




http://youtu.be/CSkP7w6364k?list=UUnMHp9YxoxnrYdO8t-x_Acg

lunes, 26 de agosto de 2013

Los Asolanos, la Utopía de Amor de Pietro Bembo. Arranque de la Obra (Capítulo V)

Banquete renacentista.

Lucrecia Borgia acababa de casar a una de sus doncellas, pues era parte de la responsabilidad de la Dama de Palacio ocuparse de la educación de las jóvenes de su Corte, de sus doncellas, a las que  procuraba buena educación y un matrimonio con algún caballero que las mereciera y cumpliera seriamente con ellas. Por eso el ambiente de Los Asolanos no le podía ser más conocido, ya que las conversaciones desplegadas en dicho libro se desarrollan, justamente, en el entorno de la celebración de la boda de una de las doncellas de la reina Caterina Cornaro de Chipre, en la villa de Asol

Tiziano. Caterina Cornaro, reina de Chipre


Sin duda un escenario muy bien escogido por Pietro Bembo al tratarse de una  isla convertida en el último bastión contra la invasión turca, que después de 1489 en que la República de Venecia se hace con su gobierno, su reina, viuda, mantiene de forma independiente su Corte de régimen monárquico dentro de dicha República. Es decir que a pesar de las presiones mantuvo su propia política basada en los principios defendidos por Dante en la Monarquía y por supuesto por Platón en El Filósofo, que son los mismos por los que apostaron las Cortes italianas como modelo a seguir

La idea consiste en "crear al príncipe", es decir, educarlo desde niño por los mejores filósofos a fin de convertirlo en el mejor y más justo de los ciudadanos, capaz de ser guía y modelo de su pueblo. Pues bien, en Asol, en el momento de la incursión de Bembo, quien se erige en cronista del acontecimiento, es esta reina quien gobierna, y a la que en todo momento debemos identificar simbólicamente con la reina de Chipre, es decir con la diosa Afrodita, quien está celebrando la boda de una de sus doncellas, razón por la que una serie de invitados ilustres se encuentran en la villa de Asol



Francesco Hayez, 1841. "La Reina Caterina Cornaro recibiendo a un enviado veneciano"


Efectivamente, el relato de Pietro Bembo se basa en lo acontecido durante tres jornadas distintas y comienza en el banquete de la boda donde están reunidos los más selectos personajes del momento, y los embajadores de las distintas cortes italianas.

Bembo cuenta que durante el tiempo que duraron dichos festejos todos los invitados residen en el palacio; juntos comen y celebran de día, y tras retirarse a descansar un rato por la tarde, vuelven al anochecer a festejar con música, danza y juegos de inteligencia, siendo estos los ritos sociales de las cortes ideadas por los hermetistas. Pensemos que estos banquetes se revestían de una rica escenificación teatral, con decorados fabulosos y actuaciones bien orquestadas. Grandes artistas como Leonardo da Vinci, por citar al más grande, desempeñaron el cargo de Maestros de Banquete. Y piezas teatrales que pusieron las bases de la Opera, como es la Favola de Orfeo, de Angelo Poliziano, el poeta homérico según se refería a él Marsilio Ficino, nacieron en este enmarque teatral de los banquetes de boda.

El arranque de la obra se produce justamente tras la comida, cuando aún están todos a la mesa. En ese ambiente propicio para la conversación en torno a los Misterios de Amor, y en honor a Afrodita y Eros, irrumpen dos bellas jóvenes portando un laúd y situándose a la cabecera de la mesa, donde se encuentra la reina... Si te interesa conocer más detalles ven a leer el capítulo siguiente.

martes, 13 de agosto de 2013

Pietro Bembo y Lucrecia Borgia (Introducción a "Los Asolanos" Capítulo IV)

Pinturicchi. Lucrecia como Santa Catalina de Alejandría en un fresco en los Apartamentos Borgia, en el Vaticano.

Bembo entrega a Lucrecia Borgia  su libro “Los Asolanos” con una carta, donde le habla con total confianza explicándole cual es su estado de ánimo, los sinsabores que le ha dado la vida y el modo cómo los va superando. Es decir que para nada es la típica carta protocolaria escrita a un benefactor, como era tan habitual hacer en esta época, sino que en ella, como un amigo, retoma una conversación que ambos dejaron pendiente en Ferrara un año atrás. Seguramente en la casa de los Strozzi. Copio aquí un extracto largo, no sólo porque es un estupendo documento, sino porque en realidad constituye una excelente introducción al libro de Bembo. Sin duda la obra capital del movimiento petrarquista, como tendremos ocasión de comprobar al tratar específicamente de su contenido. Dice así está carta de Bembo a Lucrecia:

Si no he enviado antes a V.M. estos diálogos que el año pasado en Ferrara le prometí mandarle en cuanto hubiera llegado aquí, me disculpe ante usted la muerte de mi querido hermano Carlo que yo, en contra de mis esperanzas, encontré que había fallecido (…) Puesto que no se puede hacer nada y que dentro de mí, por el transcurrir de este tiempo, vulgar y común medicina, más bien que por otro remedio, el dolor y las lágrimas han cedido parcialmente a la razón y a la plena consciencia de la promesa que le hice a V.M., y acordándome de mi deuda, tal como están se los mando, y lo hago aún más a gusto en este momento en el que acabo de saber que V.M. ha casado a la gentil Nicola, creyendo que sea un regalo apropiado para esta etapa de su vida, a fin de que, dado que yo ahora no puedo participar de vuestras fiestas por mis ocupaciones, ellos hablen y discutan en mi lugar con V.M., con su querida y preciosa señora Angela Borgiay con la novia, tal vez en presencia de los por mi muy amados y por el mundo honrados, y de V.M. amigos y familiares, Micer Ercole Strozza y Micer Antonio Tebaldeo y sucederá que aquello que otros jóvenes han razonado con otras mujeres entre las diversiones de otras bodas, vosotros, en las vuestras, y con vuestras doncellas y cortesanos, leeréis escrito por mí, que vuestro soy. Lo cual quizás haréis vos a gusto siendo una que es más deseosa de adornar el ánimo con bellas virtudes que de adornar el cuerpo con vestimentas, y como tal, todo el tiempo que podéis lo aprovecháis leyendo o escribiendo alguna cosa, y esto lo hacéis quizás para que en tanto que con las bellezas corporales las de las otras mujeres superáis, con las del ánimo superéis las vuestras mismas, y seáis más vos misma amando con mayor placer nuestra interioridad de lo que no plazcáis a todos los demás por fuera, aunque este placer sea infinito. Y yo me consideraré haber recibido una recompensa muy grande por esta obra juvenil pensando que por la calidad de las cosas razonadas en estos diálogos pueda suceder que de este nuestro mismo deseo, tan alto y tan digno de alabanza, leyéndolo, os volváis aún más hermosa . A cuya gracia y merced, inclinándome, me encomiendo.
En Venecia, a 1 de agosto de 1504.

Lucrecia acababa de casar a una de sus doncellas, pues era parte de su responsabilidad ocuparse de la educación de las jóvenes de su corte, en especial de las de sus doncellas a las que  procuraba un matrimonio con algún caballero que las mereciera y cumpliera seriamente con ellas. Por eso el escenario de Los Asolanos no le podía ser más conocido, ya que las conversaciones que en dicho libro se desarrollan se producen, justamente, en el entorno de la celebración de la boda de una de las doncellas de la reina de la Villa de Asol, en Cipro.

Sin duda un escenario muy bien escogido por Bembo, al tratarse de una  isla que después de 1489 en que la República de Venecia se hace con su gobierno, su reina, viuda, sigue conservando de forma independiente su corte de régimen monárquico dentro de dicha república. Es decir que en la Corte de Asol se mantuvo un régimen político basado en los principios defendidos por Dante en De la Monarquía, que son los que defendieron los humanistas como modo de organización social.

La idea, consiste en crear al príncipe, es decir, educarlo desde niño por los mayores filósofos a fin de convertirlo en el mejor y más justo de los ciudadanos, capaz de ser guía y modelo de su pueblo. Pues bien, en Asol, en el momento de la incursión de Bembo, quien se erige en cronista de su propio relato, es esta reina quien gobierna, y a la que en todo momento debemos identificar simbólicamente con la reina de Chipre, es decir con la diosa  Afrodita, celebrando la boda de una de sus doncellas, razón por la que se encuentran una serie de invitados en la villa de Asol.

Efectivamente allí se reúnen los más selectos personajes del momento, y los embajadores de las distintas Cortes italianas. El relato de Bembo se basa en lo acontecido durante tres jornadas distintas en las que se cantó y filosofó sobre Amor.  Pero eso queda para la cuarta entrega.