martes, 7 de junio de 2022

ANDROS, PARADIGMA DEL CENTRO DE UNA HISTORIA VERTICAL Mª Ángeles Díaz


No todos los viajes terminan cuando uno regresa al lugar donde tiene su casa, su familia, su trabajo, su rutina… Algunos son como si se llevaran dentro y por eso son viajes que continúan realizándose en el interior, suscitándonos nuevas aventuras intelectuales y encuentros con personajes verdaderamente fascinantes, a los que merece la pena conocer, indagar en sus vidas y obras, lo que abre una ventana a otra época y otro entorno vital y geográfico. Pero especialmente abren un espacio nuevo en el corazón y una renovada percepción sobre las cosas. Cierto que eso nos puede ocurrir en cualquier parte a donde vayamos, pues personajes insignes los ha habido por doquier a lo largo del tiempo, pero lo que no es habitual es descubrir que las personas más relevantes con las que te vas encontrando «fortuitamente» en el trayecto, si bien pertenecen a diferentes momentos de la Historia, están todas ellas mágicamente vinculadas a la isla de Andros y al mismo tiempo a la Tradición Hermética.

El hecho de que Hierogliphyca, el libro de Horapolo del Nilo, nada menos que el eslabón que une la tradición griega a la egipcia, y que descubre los misterios de la lengua del sacerdocio, se conservara en Andros hasta el Renacimiento –cuando fue adquirido allí por Cristóforo Buondelmonte quien lo hizo llegar hasta Marsilio Ficino–, para mí está indicando que Andros es un lugar especial y que su vinculación con Thot-Hermes está ratificada en todos y cada uno de los fragmentos de su historia y su arqueología. Así lo intuyó Federico, que es quien primero se fijó en esta isla vinculada con la Tradición Hermética.

Lo cierto es que he podido comprobar que estas ilustres personas a las que me refiero, y que de forma asombrosa desde el principio me salen al paso, constituyen en mismas eslabones de la cadena áurea. Se trata de personajes cuya relevancia ha sido la de sustentar a lo largo de las épocas, la Filosofía Perenne, siendo ellos los que, en distintas coyunturas del tiempo, han mantenido vivo el lazo de los seres mortales y transitorios con la Identidad Suprema. Y aunque el nivel de aproximación y comprensión que alcanzaron es distinto en cada uno de ellos, como diferentes han sido sus circunstancias y sus propias sensibilidades, lo llamativo es que todos se han constituido en la correa de transmisión de la Antigua Sabiduría egipcia y greco-romana que vivió a través de Pitágoras, Sócrates, Platón, los neo-pitagóricos y los neo-platónicos, quienes asimilaron y sintetizaron todo ese saber ancestral heredado de la Tradición Primordial: aquélla que nos señala a los hombres de todas las épocas el camino vertical y nos da los valores eternos, soporte fundamental para crear –o refundar–, adaptándola a los tiempos, una Cultura.

El caso es que hace más de cuatro meses que volví de Andros y sin embargo el recuerdo de ese lugar no ha dejado de tener presencia viva en mi memoria, especialmente porque no han dejado de producirse hechos verdaderamente mágicos que me acercan una y otra vez a la isla, dándome a conocer una historia verdadera, aunque aparentemente oculta, relacionada con la Tradición de Hermes y con el Mediterráneo. Sin duda algo me querrá decir todo esto, tal vez tenga que volver a Andros...

No me mueven deseos de aventura, aunque sabemos la eficacia que tienen los viajes para cambiarnos las imágenes e integrarnos en un tiempo nuevo. Aquello que me llevaría de nuevo a la isla es más bien una necesidad espiritual de rememorar y fijar, o sea, de seguir profundizando en ciertas señales e indicaciones que me dicen y me hablan con fuerza magnética de Andros.


La intención no es devolverles la memoria a esos parajes y a los héroes que los poblaron, y que me asaltan continuamente en el camino, sino que estos antepasados me la devuelvan a mí. Y porque lo interesante y emocionante del asunto es comprobar que las señales que de continuo recibimos, mezcladas entre cientos de cosas aparentemente inconexas, están concatenadas y que más bien se trata de afinar el oído, o mejor, encontrar el hilo vertical que las une como las perlas ensartadas por el destino, haciéndonoslo todo más comprensible.


Ese es el sistema que utiliza el lenguaje simbólico para comunicarnos las verdades más íntimas y misteriosas, pero también las más reveladoras, que son las que de ordinario se ocultan tras las apariencias de una simple anécdota. Sin embargo, muchas veces sólo hace falta prestarles la atención adecuada para advertir su ligamen con otros planos y descubrir, de ese modo, un discurso coherente y pleno de analogías. Se nos revela, por así decir, otra lectura y dimensión del tiempo y del espacio, pero sobre todo se revelan ámbitos secretos de nuestra geografía interior. Seguramente es en este sentido como deben entenderse las palabras de Federico, cuando señala que:

 

…el hombre es un privilegiado, pues en cualquier momento puede recuperar la memoria de sí, intentar reconstruir su pasado glorioso, volver a sus fuentes perdidas.

El hilo del tiempo teje permanentemente en su rueca esta urdimbre y trama, que es un soporte para conocer lo atemporal, lo eterno, presentido oscuramente en nuestro interior, y que es, en definitiva, el motor secreto que nos impele a realizar todos los actos, aunque no sepamos este hecho o lo traduzcamos de mil maneras tan superficiales como anecdóticas. (El Simbolismo de la Rueda, cap. VI).


Estos son los preliminares de los que parto para relatar los entresijos que me llevaron a descubrir nuevas etapas de mi viaje mágico-hermético a Andros, la isla convertida para en paradigma del centro de una historia vertical. Mª Ángeles Díaz




sábado, 4 de junio de 2022

EL MITO DE LA DAMA SABIDURÍA (Texto, Vídeo y Podcast)


De entre los mitos femeninos presentes en la iniciación destaca en primer lugar la imagen imperecedera de la Sabiduría divina concebida como una Diosa. Este es sin duda el arquetipo femenino por excelencia, al que aspira unirse todo iniciado, e iniciada, en los Misterios, pues al fin y al cabo estamos hablando del grado más alto de Conocimiento, palabra que en sí misma ya sugiere la idea de un co-nacimiento, lo cual requiere de una “gestación” en el “útero” de la Diosa Sabiduría que solo abre sus entrañas a quien de verdad la ama y la desea sin reservas. Amor de cuya fuerza el aspirante a ese Conocimiento obtiene el valor que requiere enfrentarse, cuantas veces haga falta, a la propia muerte, o a la “disolución” de los lazos que lo mantienen atado a los estados inferiores. Algo que se presenta a través del rigor de las pruebas iniciáticas que tendrá que superar antes de que le sean abiertas en su conciencia las puertas de la percepción a una realidad cada vez más universal por el reiterado contacto con las entidades intermediarias, muchas de las cuales simbolizan a esta diosa. Este es el caso de la “Dama”, que entre las iniciaciones caballerescas de la Edad Media constituía el ideal espiritual del caballero, justamente porque ella representaba las virtudes de la propia Sabiduría. De ahí nació el mito de la “Dama Sabiduría” deseada por todo aquel que persigue hacer de su alma la residencia donde esta habite.

Y así fue para la organización iniciática, de carácter caballeresco, conocida como los Fieles de Amor, a la que perteneció Dante, Cavalcanti, Boccaccio y Petrarca, entre otros, para quienes la Sabiduría estuvo simbolizada por una Madonna que se manifestaba en el alma de aquel que había alcanzado un estado de virginidad igual a la materia prima de la obra alquímica, viendo en los misterios del Amor y en la fuerza de atracción que este provoca en los amantes, un símbolo de esa amada, por lo cual conquistarla y lograr hacerla compañera o esposa se convirtió en una meta hacia la que dirigirse con el fin de poder decir, como lo hizo Cecco d’Ascoli, otro de los miembros de esta organización: “Yo soy ella”. Esto es así porque, como hemos señalado, aquello que verdaderamente se invoca con la iniciación es el despertar de la propia conciencia y de aquellas potencias interiores que permanecen en estado latente, y que pueden ser activadas por la energía del Amor, acerca del cual dice Dante en el Convivio (III, 2, 9):

Este amor, es decir, la unión de mi alma con esta noble dama, a través de la cual mucho de la divina luz se me mostraba, es aquel razonar del que hablo; porque de él nacían continuos pensamientos, que admiraban y examinaban los valores de esta dama que, espiritualmente, se había hecho una misma cosa con mi alma.

Para Dante esta figura simbólica fue Beatriz, a la que ya cita en su primera obra, la Vita Nuova, y que posteriormente en la tercera parte de la Divina Comedia le guía en su viaje por las esferas celestes, que constituyen los estados superiores de su ser. Para Cavalcanti el nombre de esta fémina fue Giovanna, Laura para Petrarca, Fiammeta para Boccaccio. Pero a pesar de la diversidad de sus nombres, todas estas mujeres representaban a una única Dama, que los Fieles de Amor denominaban el “Santo Conocimiento”, o sea la Gnosis, o la “Doctrina Secreta”. Por eso Dante llama a Beatriz “la gloriosa mujer del espíritu”. Así es en el plano simbólico como expresión del Mundo Inteligible, pero esto no excluye que esa energía espiritual suscitada por la idealización del principio femenino se corresponda también en el plano concreto a través de la unión con una mujer real, que se transformaba en la mujer iniciática, tal y como expresa Guido Cavalcanti en sus Rimas:

Me parece salir de sus labios / una tan bella mujer, que el espíritu / no puede comprenderla, porque en seguida / nace de ella otro de una felicidad nueva / de la que parece que se desprende una estrella / y ella dice: tu salud ha aparecido.

La salud a la que se alude debe ponerse en correspondencia con las letras que aparecen escritas en cada una de las cinco puntas del Pentagrama Áureo de la tradición pitagórica, símbolo de hygeia (salud) y renacimiento espiritual. Estas mujeres, reales o idealizadas, podían, por su belleza y virtudes intrínsecas, aparecer ante los ojos de los miembros de esta organización como un estímulo capaz de hacerles avanzar en un camino de perfeccionamiento con el fin de hacerse dignos de esa “gloriosa mujer del espíritu”. Es así como los Fieles de Amor seguían una Tradición que arraigaba en la Sabiduría eterna, pero que de partida podemos muy bien situar en dos textos bíblicos: Cantar de los Cantares, por un lado, donde el rey Salomón dedica hermosos versos a la sulamita, la cual posiblemente no sea otra que la reina de Saba, la mujer que para el sabio rey encarnó el modelo de esta Dama simbólica. El otro, también de este rey, es el Libro de Sabiduría, al cual pertenece el siguiente fragmento:

Pues hay en ella un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil, perspicaz, inmaculado, claro, impasible, amante del bien, agudo, incoercible, bienhechor, amigo del hombre, firme, seguro, que todo lo puede, todo lo observa, penetra todos los espíritus, los inteligentes, los puros, los más sutiles. Porque a todo movimiento supera en movilidad la Sabiduría, todo lo atraviesa y penetra en virtud de su pureza. Es un hálito del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente, por lo que nada manchado llega a alcanzarla. Es un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de su bondad. Aun siendo sola, lo puede todo; sin salir de sí misma, renueva el universo; en todas las edades, entrando en las almas santas, forma en ellas amigos de Dios y profetas, porque Dios no ama sino a quien vive con la Sabiduría. Es ella, en efecto, más bella que el sol, supera todas las constelaciones; comparada con la luz, sale vencedora, porque a la luz sucede la noche, pero contra la Sabiduría no prevalece la maldad. (Sabiduría VII, 22-30).

Como vemos por estos versículos el culto al aspecto femenino de la Divinidad es una vía que cuenta con el recurso de la emotividad como motor para despertar en uno la Inteligencia activa, aquella energía que nos da fuerza para seguir nuestro destino. Guardar, meditar y reflexionar hasta desentrañar el verdadero significado de aquello que los símbolos y los mitos revelan, es el medio por el que estas enseñanzas pueden fructificar. Por el contrario, los que están apegados al sentido literal no están cualificados para transitar por la vía iniciática. Ellos solo alcanzan el primer peldaño de la “Escala Filosófica”, por utilizar una expresión propia del Hermetismo medieval y por consiguiente de los Fieles de Amor.  

Precisamente la Escala Filosófica formaba parte del aprendizaje de dicha milicia, y ella se refería al simbolismo de las Artes Liberales, representado por siete Damas que a su vez simbolizan las siete virtudes, siendo todo ello una emanación de la Diosa Sabiduría, algunos de cuyos aspectos el rey Salomón describe en esos versículos citados[1]. Asimismo, las siete Artes Liberales se corresponden con las siete esferas planetarias, que son evidentemente grados de iniciación, y que por tanto se encuentran vinculados con los estados superiores del Ser. A estos estados se refiere Dante en la tercera parte de la Divina Comedia (“Paraíso”), en donde menciona los siete primeros cielos a través de los cuales es guiado precisamente por su Dama Beatriz. Este aprendizaje gradual asociado al estudio de las Ciencias y las Artes, está igualmente relacionado con las Musas, dado que son estas diosas hijas de Mnemosine, la Memoria, las que pueden obrar mediante el arte que cada una de ellas promueve en el ánimo de quien las invoca, el prodigio que todo proceso iniciático persigue: la autogeneración de la Deidad en uno mismo. Mª Angeles Díaz

Fragmento de mi artículo: "Los Mitos Femeninos de la Iniciación", publicado en el nº 49 de la revista CULTURA MASÓNICA.

Imagen de arriba: Dante y Beatriz en un manuscrito del siglo XIV.

Imagen de abajo: Dante y Beatriz en el jardín secreto de Mª Ángeles Díaz



[1] Esa es la misma Escala Filosófica que figura en el grado 30, Caballero Kadosch, de la Masonería Escocesa. 

 

miércoles, 25 de mayo de 2022

DESDE MI "JARDÍN SECRETO", HERMETISMO, MASONERÍA, ALQUIMIA, HISTORIA Y MÁS, MUCHO MÁS

Iniciamos una nueva serie "Desde mi Jardín Secreto", jardín al que todos los que queráis estáis invitados. Videos, podcast, escritos, comentarios, y todo aquello que  nos ayude a rellenar algún hueco de nuestra alma. Todos estamos en el camino de la vida, elegir a los compañeros forma parte del 'libre albedrío', aquella cualidad èxclusivamente humana que el querido amigo Pico de la Mirandola nos enseñó a admirar por encima de muchas otras. Mª Ángeles Díaz



sábado, 14 de mayo de 2022

IKEBANA, EL ARTE FLORAL DE LA FILOSOFÍA ZEN (Texto y Vídeo)*

Tanto en tiempo de primavera como de otoño, y según el lugar de la tierra que habitemos, es siempre una interesante opción practicar el arte japonés Ikebana. Este consiste, sencillamente, en colocar las plantas en recipientes con agua y conservarlas así, adornando nuestros espacios, el tiempo que duren. Todos creamos ramos a menudo, los hacemos con las plantas de nuestro jardín, las que compramos o nos regalan y sabemos lo bonitos que son esos ornamentos y la belleza que crean allí donde los coloquemos. Pero Ikebana es algo diferente, pues es un arte ritual de meditación, esto es, una disciplina de la filosofía Zen-budista.

Básicamente el arte floral Ikebana consiste en penetrar en la esencia de cada planta, de cada rama y dejar que sean ellas mismas, con nuestra ayuda al interpretarlas, las que elijan su propio lugar dentro de la composición y que finalmente contribuyan, cada una de ellas, a la forma final que tenga el ornamento, es decir el arreglo floral.

Ikebana es, por tanto, un ejercicio tradicional que el Zen utiliza para armonizarnos con la naturaleza que cada planta posee. Esto conlleva un total respeto por sus fases de desarrollo y culminación floral, lo cual es análogo al propio proceso de la manifestación, pues "nada hay que exprese mejor el despliegue de la vida universal que una planta en su pleno desarrollo".

Ikebana es una disciplina cosmogónica que sitúa a quien la practica de intermediario entre el Cielo y la Tierra, en cuanto creador del ramo, y en condiciones de poder penetrar en los secretos de la estructura universal al participar, como mediador, esto es como colaborador, en una obra de arte que excede su individualidad. Esto es así porque la composición floral Ikebana es la participación que uno hace en la obra de la Naturaleza, que es un arte que trasciende al artista y que este nunca podría superar, ni en belleza ni en majestad.

El arte Ikebana, en tanto que actividad ritual, proporciona los elementos adecuados para conjugar un sinfín de relaciones simbólicas que finalmente se concretizan o resuelven en el arreglo floral. Este ejercicio artístico es un vehículo sagrado, como lo es el tiro con arco o la consulta del I Ching, por ejemplo. Vehículos todos ellos a través de los que el ser humano establece una serie de analogías y correspondencias simbólicas que le permiten descubrir el juego de relaciones que conforman la estructura de las cosas concretas y sutiles.

Las imágenes simbólicas que sugiere esta práctica tienen que ver con penetrar en la esencia de cada flor. Todas diferentes y formando parte de un todo. Asimismo cada rama contiene el árbol completo, así como la semilla, la tierra que la arropó, el viento que la modeló, el sol que la vivificó, la luna que le dio su energía, la lluvia que la alimentó... Cualquier rama o flor es fruto de la interrelación de la vida, del Ser. El Universo entero está contenido en cada floración. Esa es la magia de la realidad, pues permanece "invisible" y eternamente expresándose.

Entre las múltiples posibilidades de forma que puede tomar la composición floral el arte Ikebana realiza solo una o, mejor dicho, es una sola forma la que se repite en todas las composiciones, ya que el arreglo floral Ikebana imita un modelo arquetípico y observable en las leyes naturales, y por lo tanto también en el interior de cada ser humano. 

"El Cielo es su padre, la Tierra su madre", dice la Tabla de Esmeralda hermética. En el Ikebana todo arreglo floral, tiene tres niveles de altura. Una rama más alta simbolizando el cielo, una baja, símbolo de la tierra y una intermedia que simboliza al hombre, único ser de la tierra capaz de conjugar ambas energías, por tanto es la síntesis (el hijo) entre estos dos principios que se complementan en él mismo. Reproducir manualmente esta tríada, a través de cualquier modalidad de arte o artesanía es verdaderamente un rito de participación, por comprensión, en el gran rito que es origen de la Creación. 

De esta comprensión nace el arte de "difundir la luz y reunir lo disperso", cosa que en el Ikebana posee los límites simbólicos que establece el propio ornamento floral, al que se toma como modelo del Cosmos. El papel del hombre, integrado en el ornamento, es el de intérprete de los signos que emiten las plantas, tales como su inclinación espacial, su tamaño, su color, su textura, su perfume.  Todas son señales simbólicas que transmiten unas sensaciones determinadas que influyen y fluyen en la propia naturaleza del creador del arreglo floral. 

Este, colocado o en ese lugar intermedio, se hace consciente de su propia posición y su integración total en la Gran Obra de la creación, donde todos los seres, lo mismo que las ramas, están incluidos y ocupan el lugar y sitio que les corresponde. Es decir, que tienen su espacio propio. 

En el arte floral Ikebana a ninguna de las ramas se la rechaza por fea. Siempre se la puede incluir. Es cuestión de aprender a ver qué lugar ocupan en el conjunto: esa es, según la filosofía Zen, la clave del Ikebana, y esa es también la forma de encontrar el propio espacio en la Unidad del Ser Universal. Mª Ángeles Díaz 









*Texto completo publicado por primera vez por Federico González 
en la Revista Symbolos Arte - Cultura- Gnosis. Actualmente en la Biblioteca Hermética

viernes, 6 de mayo de 2022

EL TRIUNFO DE BACO Y ARIADNA, POEMA DE LORENZO DE MEDICI (1449 - 1492)



El Triunfo de Baco y Ariadna (fragmento)


Que bella es la juventud

Que tan aprisa se acaba

Alégrense hoy los que puedan

Del mañana no hay certeza

Aquí están Baco y Ariadna

Hermosos y tan enamorados

Siempre juntos dicha gozan

Como el tiempo fluye y pasa

Estas ninfas con nosotros

La alegría van buscando

Alégrense hoy los que puedan

Del mañana no hay certeza

Damas y tiernos amantes

¡Viva Baco!

¡Viva el Amor!

Suenen ritmos, bailes y cantos

Ardan dulces corazones

Sin esfuerzos ni dolores

Lo que ha de ser será

Alégrense los que puedan

Del mañana no hay certeza.


Publicación: Mª Ángeles Díaz

*



1- Baco y Ariadna. Pintura de Tiziano, 1520-1523. National Gallery de Londres.

2- Abajo: Escultura de mármol de Carlo Albacini, antes de 1807. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid.


3- Serie "Teatro Hermético de la Memoria" nº 72. Inspirada en el Teatro de la Memoria de Federico González del que formamos parte.




martes, 3 de mayo de 2022

LA CIENCIA DE LOS VENENOS ES TAMBIÉN LA CIENCIA DE LOS REMEDIOS. Una Historia ejemplar del Libro de Tobías


Un amigo que conoce bien los caminos y los montes se ofrece a guiar a Tobías,  un joven judío de la tribu de Neftalí, noble y lleno de fe, que se dirige a la ciudad de Ragués de Media donde su padre, ciego desde hace años, le ha mandado para cobrar un capital que tiene allí depositado.

Este amigo, que se acompaña de un perro fiel, conoce bien el alma del joven y sus sueños de hallar a una compañera con la que compartir su vida, por eso durante el viaje le habla de Sara, hija de Raquel, una joven que vive en la ciudad a la que se dirigen. Sara no solo pertenece a una honorable familia, sino que es bonita, inteligente y valerosa, por lo que Tobías, tras escuchar atento al amigo hablar de ella, ansioso está por conocerla, pues ya siente haberse enamorado de aquella tan virtuosa joven.

Pero pronto el amigo le descubre que hay en ella una gran dificultad, y es que la joven tiene un pretendiente fatal, el demonio Asmodeo que cada vez que Sara contrae matrimonio mata al marido durante la noche de bodas. Así ha llegado a matar a siete esposos.

Durante el trayecto los dos amigos se detienen a descansar a la orilla del  río Tigris. De repente, un enorme pez salta del agua e intenta arrastrar al joven Tobías hacia el caudal de aguas, y a punto está de conseguirlo si no es porque el joven, obedeciendo a su compañero de viaje, agarra con fuerza al pez hasta sacarlo fuera del agua.

 Seguidamente el amigo guía le da al muchacho la siguiente instrucción:

 "Tobías abre ese pez y sácale el corazón, el hígado y la hiel. Luego pide matrimonio a Sara y cásate con ella. Una vez ambos en la alcoba nupcial echa sobre el quemador de perfumes el corazón y el hígado. Eso ahuyentará al demonio para siempre, y en cuanto a la hiel guárdala, pues es un buen medicamento".

Una vez alcanzada la ciudad, y ya ante la presencia de Sara, Tobías queda subyugado por la belleza de la joven y lo mismo le sucede a ella, por lo que pronto ambos jóvenes, siguiendo el ritual judío, se desposan.

Finalizada la ceremonia, y antes de llegar al tálamo nupcial, Tobías hace todo cuanto le dijo su compañero de viaje. Y así fue como pudeiron aparecer juntos y abrazados en su primer amanecer como esposos. Asmodeo ya había desaparecido de sus vidas.

Pronto todos emprendieron el viaje de regreso, en este caso acompañados también de Sara y portando la plata que Tobías había recobrado. Y no solo eso, sino que también iban provistos de una rica dote de la esposa. Ya a punto de llegar a la aldea el amigo guía vuelve a dar instrucciones a Tobías:

 "Adelántate y ve hasta tu padre. Toma la hiel que guardaste y frótasela en los ojos"

Raudo, Tobías hace todo lo que le indica el amigo consiguiendo devolverle la vista al padre quien puede ver el regreso del hijo y de su linda esposa, así como la caravana de animales y objetos que portaban para su nueva vida.

Tobías cuenta a su padre todo lo sucedido durante su viaje y este, después de oír el relato, decide que deben entregar la mitad de todos los bienes que poseen a aquel desconocido de aspecto sencillo acompañado de su fiel perro, un joven corriente que sin embargo tanta alegría les había dado.

 Y cuando le preguntan:

   "¿Quién eres?"

 Este responde:

"Yo soy Rafael, que significa medicina de Dios, uno de los siete ángeles que están en la Gloria de Dios encargado de llevar sus mensajes a los hombres"

 Y antes de que lo advirtiesen, Rafael ya había desaparecido.

La historia de Tobías es de las más bellas que pueden leerse en la Biblia y constituye un compendio de la cosmogonía hebrea y de los nombres y números asociados al lenguaje simbólico de la jerarquía angélica. Un relato simbólico cuya enseñanza nos muestra que los contrarios pueden resolverse en complemetarios, como los distintos brazos de la cruz se concilian en el centro de la misma. Aquello que ahuyenta a Asmodeo es también lo que cura la ceguera, lo cual se resume en aquella expresión alquímica que dice que “la ciencia de los venenos es también la ciencia de los remedios”. Mª Ángeles Díaz


Serie: Teatro Hermético de la Memoria nº 71. Basada en el Teatro de la Memoria de Federico González Frías. 

La pintura de nuestro actual escenario es de Francesco Botticini  (Florencia, 1446-1497).



Arcángel San Rafael. Bartolomé Román. Pintor español, nacido en Montoro. Córdoba (1587-1647). Ciudad de la que este arcángel es patrón.