jueves, 20 de julio de 2017

Acerca de la iniciación solitaria de Miguel Pselos, platónico bizantino


Arte Bizantino. Mosaico

Miguel Pselos, al que  entre otras cosas le debemos la recopilación de parte de los textos del Corpus Hermeticum y de los Oráculos Caldeos,  cuenta de una manera prístina como fue su iniciación solitaria en la antigua Filosofía, es decir el modo en que comenzó a desvelar el lenguaje hermético del esoterismo occidental haciéndose con una perspectiva ligada a la simbólica de la deidad Thot-Hermes, la misma que desde sus orígenes egipcios y grecorromanos ha constituido la columna vertebral de nuestra cultura.  

Al principio nos dice Pselos que comenzó por abordar los sistemas aritméticos, los desarrollos geométricos y todas las disciplinas que según aquellas lecturas, algunos consideraban fundamentales, como son la Música, la Astronomía y todas aquellas artes y disciplinas a ellas asociadas, sin dejar ninguna de lado. Su método de estudio fue el de profundizar en cada una de ellas por separado. Luego comenzó a relacionarlas para hacerlas converger entre ellas en un único fin. Puesto que lo que él quería alcanzar era el grado de filósofo, tomó como libro de instrucción la Epinomis (o El Filósofo, un diálogo de Platón que a veces se edita como apéndice de las Leyes y que algunos consideran apócrifo)  dado que la preparación que pretendía Pselos corre paralela al argumento de este diálogo político donde se trata acerca de lo importante que sería que el gobierno de las ciudades pudiera estar en manos de los sabios y los filósofos. Asimismo en él se argumenta sobre la clase de estudios e instrucción en la que deben aplicarse constantemente los legisladores a fin de estar bien capacitados para dirigir a los demás. La conclusión a la que, tras un debate, llegan por unanimidad los tres protagonistas del diálogo platónico es que sólo será buen gobernante, justo y cabal, aquél que conozca la ciencia sublime, aquélla que puede identificarse con la Sabiduría. Referida, según se lee en El Filósofo, como:

Una ciencia, en fin, que saque de la clase de artesanos y del común de las gentes al que la haya adquirido, haciendo de él un hombre sabio y virtuoso, un ciudadano justo y ordenado en toda su conducta, sea que mande, sea que obedezca. Por lo pronto veamos cuál es, entre todas las ciencias, aquella, que si no la hubiera conocido nunca el hombre, o llegara a perderla, se vería reducido a ser el más simple e insensato de los animales. No es difícil encontrar esta ciencia, porque si se las examina una a una, ninguna produciría con más seguridad este efecto, que la que da al género humano el conocimiento del número, y creo que un dios, más bien que el azar, nos ha hecho gracia de esta ciencia para nuestra conservación.

Pselos se aplicó seriamente a todas esas ciencias comenzando por la Matemática y la Geometría, así como a todas las demás derivadas del número (Música y Astronomía), ciencias vinculadas con el conocimiento de la Harmonia Mundi, siendo así como ascendió a las doctrinas más excelsas. Pero oigamos en sus propias palabras cuáles son las pesquisas en las que se basó para conducir su propia iniciación hacia metas tan elevadas:

Puesto que había leído en los mejores filósofos que existe una sabiduría que trasciende toda demostración y que sólo la inteligencia presa de su entusiasmo guiado por la razón puede contemplarla, tampoco la pasé por alto, sino que me entregué a la lectura de ciertos libros esotéricos y conseguí penetrar en estas materias en la medida en que, como es lógico, me permitió mi humana condición, pues tener un conocimiento exacto de estos asuntos es algo de lo que ni yo podría jactarme, ni tampoco creería a alguien que lo afirmase (Texto: M.A.D.)

Arte Bizantino en Ravena. En el centro la Emperatriz Teodora.
                           

sábado, 8 de abril de 2017

Simbolismo y Arte en la "Divina Comedia"

Salvador Dalí. Ilustración de la Divina Comedia

Antes de emprender el ascenso en su viaje iniciático por los siete Cielos dispuesto a alcanzar, de la mano de Beatriz, la sede de Dios en el Empíreo, Dante invoca a Apolo en los siguientes términos:

"En mi último trabajo yo te pido / de tu valor, oh Apolo, ser tal vaso / que me halles digno del laurel querido. / Bastó hasta aquí una cumbre del Parnaso, / mas ambas necesito cuando intento / a la última palestra abrirme paso. / Penetra en mi corazón, espira en él tu acento / como cuando arrancaste la piel de Marsias / de su vaina y aposento". 
(Divina Comedia. Canto I del Paraíso) 

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miércoles, 29 de marzo de 2017

María Magdalena


Magdalena Leggente, atribuido a Leonardo da Vinci

A veces nos olvidamos de que Jesús era un sabio rabino y María Magdalena su discípula, como lo eran los demás apóstoles entre los que debemos incluirla. El pensamiento tradicional, o mejor el saber tradicional e iniciático siempre ha tenido clara la idea de que María, la Magdalena, fue una mujer aplicada al estudio que llegó por esa vía al corazón de Cristo, lo que equivale decir al centro de su Enseñanza. Y él, por ese amor que ella le profesaba,  la hizo pasar de su condición de viviente para vivir en el espíritu.  La mujer alumbrada o fecundada por el intelecto.


Magdalena Leggente. Rogier van der Weyden, 1435-1438 


Fue su compañera hasta la cruz, junto con María, madre de Jesús y Juan Evangelista. Podríamos decir que para el ciclo cristiano de la civilización Occidental surgida para revitalizar el Sacro Imperio Romano, la mujer intelectual nace con la Magdalena, que para nuestro tiempo viene a constituirse en un mito fundacional que a través del espíritu evangélico de Cristo embargó el corazón de muchos personajes cuya sangre hirvió como lava purificadora creando esa corriente. Esta es la razón de que los artistas y a veces las propias mujeres que se identificaban con ese mito femenino, pintaran o se hicieran retratar (caso de Isabel d’Este, Vittoria Colonna o Giulia Gonzága) como una “Magdalena Leggente” o “Mater Virgin”, la materia virgen o tierra no labrada dispuesta a ser fecundada por el espíritu viril del mito viviente y por consiguiente libre de una estructura eclesiástica o cualquier otra que aprisione el alma. M.A.D.