domingo, 11 de octubre de 2009

Viaje de los Hieroglyphica. De Andros a la Toscana (Florencia)



Sexta y Séptima Etapa



Me encuentro en la ciudad de Florencia, sin duda el escenario ideal para concluir mi relato sobre Hieroglyphica, el pequeño tratado de Horapolo del Nilo conteniendo las claves con las que penetrar en el lenguaje sagrado del sacerdocio egipcio. Una obra que permaneció desaparecida hasta el siglo XV, cuando un navegante erudito, Cristóforo Buondelmonte, compra el manuscrito en Andros, la “isla verde” del Egeo, trayéndolo hasta esta ciudad donde lo recibirá Marsilio Ficino.

La evocación sonora de “Isla Verde” despertó en mí la remembranza de una geografía mítica, pues es uno de los nombres que recibe la mágica ciudad celeste, a la que se llega a través de un viaje por espacios y tiempos distintos donde se liga con otros estados más sutiles de uno mismo.

“La utopía supone un viaje, imagen de la aventura del Conocimiento. Se trata de descubrir un nuevo mundo, otra realidad distinta a la anterior. Este cambio implica una transmutación, o sea la adaptación a otra forma de vida propia del Hombre Nuevo. Cuando se descubre que la Utopía hermética es real, es que comienza a encarnarse en verdad. El viaje ha llegado a su fin, se ha descubierto la isla. Sólo falta un segundo tramo, la exploración de su territorio, el asombro de las buenas nuevas, la necesidad de seguir conociendo.”
Por ello es que de pronto al oír el nombre de “isla verde” asociado a Andros lo consideré una señal a seguir y un enigma a resolver aquellas preguntas que Federico González, autor de la sintética cita anterior, había dejado pendiendo de un hilo que como el de Ariadna me dio la estrategia para afrontar la pesquisa:

“¿Quién es Cristóforo Buondelmonte que la compra en la isla de Andros en 1416 y la lleva a Florencia?
¿Por qué en esa isla?
Muchas cosas llamativas se entretejen en el Renacimiento, de tipo mágico-hermético, en relación con Marsilio Ficino y sus compañeros de la ciudad celeste, como proyección hacia el futuro de la antigüedad clásica y de su antecedente cultural, la civilización egipcia.”
Dejo para otra ocasión contar una anécdota sorprendente que me sucedió durante el regreso en el Ferry de Andros a El Pireo, el puerto de Atenas. El hecho está relacionado con Stela y Nelson, los compañeros argentinos con los que hice el trayecto de ida y vuelta por las aguas del Egeo, y con la poetisa Safo, llamada por Platón nada menos que “la décima musa” y cuya vida transcurrió en las islas griegas entre los siglos VII y VI a. C., la cual curiosamente tuvo por marido a un hombre de Andros.

La importancia del manuscrito de Horapolo me obliga, en esta ocasión, a centrar la atención sobre él, pues se trata de un texto excepcional donde están contenidas ciertas notaciones que desvelan la profundidad y complejidad de la lengua sagrada del sacerdocio egipcio y nos lleva a consideraciones muy íntimas con las palabras.

Aquí, en la ciudad del Arno, cuando Ficino, el mayor impulsor del Renacimiento, recibe el pequeño tratado del siglo V (que como dije en la primera etapa de este viaje, es una traducción griega realizada por un tal Felipe, quien se basa en una obra mucho más antigua escrita en copto), enseguida comprende que está ante un texto de un valor fundamental, puesto que es un libro completo, no fragmentado y por tanto único en su género, escrito por Horapolo, nombre que identifica con Horus y Apolo, las dos divinidades solares de Egipto y Grecia, lo que significa que bajo ese nombre hay una escuela o entidad filosófica.

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El tratado de Horapolo, no contiene imágenes, sino 189 descripciones de imágenes, y en él se exponen de forma muy concreta los conceptos que traducen el sentido misterioso de la escritura sagrada que tenían los antiguos egipcios. Es la escritura que conocemos como jeroglífica nombre que procede del título del libro de Horapolo, o sea: Hieroglyphica.

Otros autores, cuyas obras no han sido nunca halladas y sólo aparecen citadas en las de otros autores, también realizaron trabajos del estilo de los Hieroglyphica de Horapolo, sus nombres son Manetho, Bolos de Mende, Apión y Cairemón (de este último tenemos un título: “Escritura Simbólica de los Antiguos Egipcios”).

En estas 189 descripciones (divididas en dos partes, dicen que posiblemente la unión de dos manuscritos) Horapolo explica qué quieren decir los sacerdotes egipcios cuando pintan un halcón, una serpiente alada, un pebetero ardiendo, dos pies juntos, un ibis, un corazón suspendido de una tráquea…


También explica Horapolo en su tratado cuáles son los jeroglíficos con los que escriben conceptos como eternidad, alma, tiempo, amor, corazón, universo, año, año en curso, placer, unión sexual, educación, letras egipcias, escriba sagrado, magistratura, juez, pureza, bondad, hombría, conocimiento, gratitud, hombre todavía no formado, impío, miembro viril de un hombre, matrimonio, unigénito, hijo, falta de voz, rey muy poderoso, Señor del mundo, Todopoderoso, Egipto, hombre que no viaja, origen antiguo, alma que pasa un largo tiempo en la tierra, lo imposible, una estrella, la luna, astrónomo, hombre que conoce los fenómenos celestes, viento, fuego, hombre vencido por inferiores, hombre que vence a su enemigo, mujer embarazada, hombre que tiene relación sexual con su mujer, mujer que aborta, mujer que amamanta y cría, mujer que ha dado a luz una sola vez, hombre fecundo, enfermedad, hombre que se cura a sí mismo según la respuesta del oráculo, hombre que prevé su sepultura, hombre que nace al principio amorfo…

He dejado aquí esta muestra pues considero que la estricta relación de estos conceptos es todo un viaje intelectual y de evocación que sugiere muchas ideas.


Una mirada atenta al libro de Horapolo y quedan fuera de juego todas las opiniones que pudieran considerar los jeroglíficos egipcios un lenguaje en ciernes, o sin desarrollar. Muy al contrario, uno se da cuenta de la amplitud de esta lengua sagrada cuyo poder de evocación nos conduce de lo concreto a lo múltiple y de lo diverso a lo sintético, desplegando su comprensión varios niveles de lectura.

Si ponemos en orden ciertos datos históricos que tienen que ver con los representantes de la Filosofía Perenne, vemos que tanto Platón, Cicerón, Plinio, Plutarco y otros, enseñan que la lengua se origina entre el sacerdocio egipcio, quien la inventa como soporte para la remembranza, y comentan que los griegos más sabios y eruditos acudían a la tierra de Egipto para aprenderla.

Por consiguiente el tratado de Horapolo es fundamental para penetrar adecuadamente en su estructura, que por otro lado es análoga a la de otras lenguas también sagradas, como lo demuestra el que los jeroglíficos Mayas y Aztecas fueran interpretados por Diego Valadés a partir de compararlos con las descripciones de Horapolo. Así llegó este fraile a hacer del calendario azteca un método del arte de la memoria.

Me doy cuenta de que restituir el significado esencial de una lengua sagrada dentro de nosotros, es decir “comprenderla”, no es sino recuperar la propia herencia intelectual-espiritual contenida en ella. Sagrado no en el sentido religioso, que es el que siempre se está inclinado a imaginar, sino en el verdadero, el sentido intelectual que es aquella perspectiva que nos muestra los distintos planos de la realidad y nos enseña a distinguirlos y jerarquizarlos dentro y fuera de nosotros.

Los niveles en que está redactada una lengua sagrada, son cuatro: lectura literal, lectura alegórica, lectura esencial o sintética y lectura arquetípica. Que se corresponde en distintas cosmogonías con el estado profano, el de aprendiz, compañero y maestro, respectivamente.

Ahí donde los iniciados y sacerdotes saben ver el sentido metafísico y trascendente de un símbolo, o un jeroglífico, otros leen reglas morales, normas jurídicas, costumbres o dataciones que les sirven perfectamente para ordenar la vida social y la cotidiana.

Herodoto es muy claro al precisar que,

“hay entre los egipcios dos clases de escritura, una sagrada y otra popular, la primera es la hieroglifica, se trata de la lengua que viene de Thot a quien el divino Platón denomina Padre de las letras.”


Ficino, el depositario y divulgador del manuscrito de Horapolo, también conocía por Plotino, a quien traduce, y por otros escritos, que los egipcios en lugar de utilizar en su escritura el argumento discursivo, habían descubierto el medio de plasmar conceptos mediante imágenes.

Escribe Ficino:

“Los sacerdotes egipcios al querer traducir los misterios divinos, no utilizaban los pequeños signos del alfabeto, sino figuras completas de hierbas, de árboles, de animales; ya que Dios no posee el conocimiento de las cosas como un discurso múltiple que a ellas se refiera, sino como una forma simple y estable (…) copias de las ideas divinas en las cosas".

La estructura de la obra de Horapolo es clara y precisa. En primer lugar expone, de forma titular, la idea que quiere explicar y a continuación indica cual es el jeroglífico con el que los egipcios escriben el concepto, dando las razones de que sea así. Por ejemplo, dice Horapolo:

“Cómo representan coraje.
Cuando quieren expresar coraje pintan un león; pues este animal tiene la cabeza grande, las pupilas como el fuego, la cara redonda y en torno a ella cabellos semejantes a rayos como imitación del sol, por lo cual también ponen leones en el trono de Horus, mostrando referido al dios el símbolo del Animal. Horus es el sol porque domina sobre la horas”.
Sin embargo, no es tan simple como parece a priori y algunos incluso no sobrepasando el nivel literal se han adelantado a calificar el tratado de Horapolo de obra pueril. Contrariamente a esa opinión la escritura jeroglífica es de una gran complejidad y está llena de recursos que se encadenan unos a los otros de forma sorpresiva. Una idea la da el saber que la figura del león también se usa para describir otros conceptos, incluso sin relación aparente, por ejemplo: fuerza física, guardián, temible o crecida del Nilo, y así sucede con diversas figuras jeroglíficas.

Sigue Horapolo:

“Cuando quieren expresar fuerza física pintan la parte delantera de un león, porque son los miembros más vigorosos de su cuerpo”
“Para escribir vigilante, y también guardián, pintan una cabeza de león, pues el león tiene cerrados los ojos mientras está despierto y en cambio cuando está dormido los tiene abiertos, lo que es señal de vigilancia. Por este motivo junto a las cerraduras de los templos se ponen leones, de modo simbólico, como guardianes”
“Para expresar temible pintan el mismo signo, porque siendo este animal el más poderoso, hace temer a todos los que lo ven”.
“Para representar la crecida del Nilo pintan un león…, porque el sol, cuando está en conjunción con el león hace mayor la crecida del Nilo de modo que mientras está en este signo, a menudo se desborda el doble del agua nueva, por lo cual los antiguos maestros de las obras de los templos construyeron con forma de león los tubos de los conductos de las fuentes sagradas…”

Efectivamente las descripciones que hace Horapolo de estos jeroglíficos son figuras que se encuentran pintadas en los muros de los templos y palacios, en las paredes de las tumbas, sobre los ataúdes de las momias, en sus amuletos, en bajorrelieves y papiros. Es natural por tanto que el manuscrito de Horapolo fomentara el interés por Egipto y por su arqueología que experimentó un auge que no ha terminado, aunque esto se vio aumentado cuando surgió la imprenta, pues al principio el manuscrito sólo circuló en el entorno de Ficino.

Cuentan los cronistas de la época que la publicación del manuscrito fue un rotundo éxito editorial, con cinco ediciones, todo lo cual se vivió como una fiebre por recuperar cualquier cosa de Egipto, especialmente manuscritos y papiros.
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Vemos en su estructura que esta lengua sagrada toma en cuenta muchos elementos simbólicos, también de tipo sonoro y gestual (no es lo mismo dibujar un campo cultivado, que uno que no lo está). Tampoco está representado siempre lo evidente. Este es el caso del jeroglífico de la luna que no representa a la luna, sino una medida astronómica y de tiempo. La luna con los cuernos arriba es un mes, y hacia abajo la mitad de un mes. También puede estar indicando este jeroglífico dentro del contexto, la idea de fracción, división, ruptura. Tal vez por ello Thot, que además de donar la escritura es también medidor del tiempo, fuera considerado al principio como un dios lunar.

Existe en la composición de esta escritura lo que se llama paranomasia o juego de palabras; en ello participa su acroligia, o sea, permutación del valor numérico de los primeros sonidos (o iniciales) o el número de orden que ocupan en un texto. También cuentan las asociaciones de palabras homófonas o de semejanza fonética (sonidos similares pero que quieren decir cosas distintas) cuya interpretación debe hacerse en base  a su simbolismo fonético. Ese es el caso también de Mori: León y More: Esplendor.

Asimismo deben considerarse las repeticiones de imágenes y ante qué forma se repiten éstas. Hay jeroglíficos que se interpretan por una de estas reglas estructurales y otros, más complejos, que combinan varios procesos al mismo tiempo.

El Caballero Goulianof, misterioso autor de un opúsculo del siglo XIX (seguramente miembro de la Masonería rusa), después de estudiar el libro de Horapolo y apuntar ciertas ideas en esta dirección, llega a la conclusión de que
 “la lengua hermética, conocida con el epíteto de lengua sagrada de los egipcios, es una lengua de construcción llena de fórmulas que son representadas adecuadamente en escritura jeroglífica”.
Ilustrativo al respecto es también conocer que los egipcios para escribir boca dibujaban una serpiente, y que tanto para decir boca como serpiente empleaban un sonido casi idéntico. La razón de este ideograma es que la serpiente tiene en la boca toda su fuerza, como la palabra que sale de la boca. De ese simbolismo sonoro procede la letra S, que se pronuncia aun en nuestras lenguas de forma vibrante, evocando ese sonido la naturaleza de la serpiente.

Otro dato ilustrativo acerca de esta escritura viene dada al saber que los sacerdotes ponían a los reyes impíos e injustos un epíteto cuyo ideograma es un haba (o tal vez una alubia o frijol).

La razón subyacente es precisamente su simbolismo sonoro ya que la palabra rey se pronuncia orpco y haba orpo. A su vez el haba, que era considerada un vegetal impuro (a pesar de considerarse una legumbre saludable) se pronuncia attotbo que se relaciona con attoubo, que significa impuro, sucio, impío, profano.

Después de esto no es difícil imaginar que en este jeroglífico se encuentra el “enigma del haba” entre los pitagóricos, pues sabemos por Jámblico que éstos las detestaban y decían que preferían morir antes que comerlas o cruzar por un campo sembrado con este grano. Es evidente que estamos ante una explicación literal y profana, y que la verdadera razón de su animadversión está en su sentido simbólico. Es decir que preferían morir antes que revelar los secretos de su lengua. Mantenerlos a buen recaudo de los ignorantes y profanadores para que pudieran seguir siendo esta escritura un modo de acceder a los misterios más profundos de la cosmogonía y la teología. Efectivamente de no ser así Aristóteles no se hubiera esforzado en transmitir esta rareza contradictoria del sacerdocio egipcio.

 

Otra página que quiero destacar de Hieroglyphica es aquella donde Horapolo explica que los sacerdotes:

“Cuando quieren escribir ‘corazón’, pintan un ibis. Pues el animal está íntimamente unido a Hermes, señor de todo corazón y raciocinio, porque también el ibis, en sí mismo es semejante al corazón, sobre el cual se cuentan entre los egipcios numerosos relatos”.
Plinio, que también habló de ello señala que cuando pintaban esta ave, los egipcios significan el corazón del hombre y lo dedicaron a Mercurio, a quien tenían por presidente y gobernador de las palabras y los conceptos del corazón.

Por su parte Plutarco, en su libro “Isis y Osiris”, añade que el Ibis representa a Thot,

“que es la primera letra de su alfabeto, pues de este dios viene toda inteligencia y memoria. Ya a él estaba consagrado el lenguaje de los jeroglíficos, pues se supone que todo conocimiento real llega del corazón y vive en él. La verdadera belleza brota del corazón de los seres. El jeroglífico que expresa la bondad, la belleza, la música y la eterna juventud es Nefer. Es –ya nos lo advirtió Horapolo– un corazón del que surge la tráquea. La voz que surge del corazón de la vida, la belleza y la bondad”.
Este jeroglífico es Nefer, significa el corazón del que surge la tráquea. Tiene la forma del laúd, instrumento musical que armoniza la melodía a través de las cuerdas, igual que las cuerdas vocales llevan la voz por la garganta desde el corazón.

El mismo nombre de Egipto significa “Corazón en llamas” y para escribirlo pintaban un pebetero ardiendo y encima un corazón, indicando que así como en el corazón el sebo se abrasa continuamente, del mismo modo Egipto, por el calor, produce continuamente los seres vivos que están en sí.

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Antes he dicho algo sobre el jeróglifico de la serpiente, Horapolo lo amplía diciendo que el Uroboros es el símbolo con el que escriben eternidad.

Marsilio Ficino observa a través de esta descripción que hace Horapolo que los egipcios tienen del tiempo un concepto cíclico y que “por una suerte de revolución unen el fin con el comienzo (…) El egipcio resume todo este discurso en una figura única y estable, al pintar una serpiente alada que introduce la cola en su boca. Y lo mismo puede decirse sobre las demás figuras que describe Horapollon”.

Sigue Horapolo:

Para representar eternidad escriben un sol y una luna porque son elementos eternos. Si quieren escribir eternidad de otra forma, pintan una serpiente con la cola escondida debajo del resto del cuerpo, que los egipcios llaman ureo y en griego es basilisco”.
La Serpiente como símbolo cósmico es una idea hermética que choca con lo que habitualmente se da por sobreentendido. Pues para los sacerdotes egipcios “la serpiente es un símbolo celeste en el que sus escamas representan las estrellas del Universo, cada año quitándose la piel vieja se desnuda como el año en el universo. Cambiándose se rejuvenece. El que la serpiente use su propio cuerpo como alimento indica que todo cuando se produce en el Universo por la providencia divina también tiende a resolverse a sí mismo”.



Para Athanasius Kircher el sistema de la escritura jeroglífica es sublime, la cual mediante un encadenamiento ingenioso de símbolos propone de un solo golpe de vista a la inteligencia comprender cuestiones que tienen que ver con lo divino y el mundo trascendente. Exactamente dice:

“...son ciertamente una escritura, pero no la escritura que se compone de letras, palabras y determinadas partes del discurso que utilizamos habitualmente. Son una escritura mucho más excelente, sublime y próxima a las abstracciones, la cual, mediante un encadenamiento ingenioso de símbolos y su equivalencia, propone de un solo golpe a la inteligencia del sabio un razonamiento completo, elevadas nociones o algún insigne misterio escondido en el seno de la naturaleza”.
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A los humanistas y neoplatónicos que a diferentes niveles se impregnaron de un auge renovador, que paradójicamente había nacido de volver la vista al pasado, en este caso sintiéndose herederos directos de las enseñanzas egipcias reveladas por el último sacerdote del templo de Isis y Osiris, se les abrió un mundo de formas expresivas, es decir, un nuevo lenguaje ideogramático con el que expresar lo inexpresable, y por tanto muy superior al lenguaje discursivo, sujeto como está a normas gramaticales y fonéticas, incluso de gustos, modas o estilos, todo ello propicio a degenerar en simple retórica.

Durero, Alciato, Cesare, Piero Valeriano, Jhon Dee, Michael Maier, Robert Fludd, Alberti, Boticelli, Tiziano o el Bosco son los más representativos de todos aquellos que ponen imágenes, es decir dibujos, a las descripciones de Horapolo. Aunque unos lo hacen de forma sistemática y otros tomen alguna de las 189 representaciones simbólicas, todos se sirvieron de los códigos simbólicos que descifraban a la luz de las interpretaciones del Hermetismo vertidas por Platón y la escuela de Ficino, siendo así como asumen y transmiten la herencia de la sabiduría egipcia.

Los ideogramas que se ven en esta entrada pertenecen la mayoría, a uno de los manuscritos que se realizaron ilustrando las imágenes descritas por Horapolo en su Hieroglyphica. Concretamente este que yo he manejado es una edición de 1599, con el texto escrito en griego y latín. Aunque también he visto el que utiliza Jesús María González de Zárate en su edición castellana. Ambos tienen imágenes muy similares, como es natural, pues tratan de dibujar lo que describe el texto de Horapolo.

Nace así la Emblemática, constituyéndose las imágenes simbólicas -cargadas de sentido- en pequeños tratados de memoria. Con ello el lenguaje alquímico encuentra su forma de expresar los procesos de la transmutación. Pues como acuñarán: “La alquimia imita a la naturaleza en su forma de operar”.

Michael Maier, creador de la obra más representativa, o en todo caso más conocida de la Alquimia, compondrá un libro de ideogramas titulado: "Atalanta Fugiens", que consta de un lema, un epigrama y una partitura musical, o sea que añade al texto y la imagen una musicalidad, dando origen así a los actuales modelos audiovisuales.

Maier se declara amigo de la Orden Rosacruz y opina que los mitos egipcios y griegos son alegorías del trabajo alquímico. Los emblemas creados para "Atalanta Fugiens" ilustran un acápite de las "Metamorfosis" de Ovidio, donde se narra al modo de los griegos las aventuras del alma en pos del Conocimiento. Estos emblemas empleados por los alquimistas constituyen un discurso propio de la Ciencia Sagrada, criptogramático y entretejido de analogías y correspondencias que el lector debe ir conjugando para alcanzar a comprender su significado. Desde otro punto de vista, que no se opone, son obras de una preciosa composición artística e innovadora. Algo que le ocurre al árbol cuando toma de la raíz la fuerza para dar a luz las ramas nuevas. Un símbolo que le vendría muy bien recordar al mundo moderno cuyas sociedades avanzadas e informatizadas son las más desarraigadas de la verdadera intelectualidad de toda la historia humana. Núria.
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Séptima Etapa


aseo por estas calles de viejos adoquines de la Florencia Medieval: San Maniato al Monte, la Santa Croce, la tricónica Santa María del Fiore con la famosa cúpula de Brunelleschi (donde en la pared izquierda de la nave central está retratado Dante en una pintura famosa de Domenico de Michelino, y en la otra pared, enfrente del mismo, un busto de Marsilio Ficino debido al escultor A. Ferrucci), la iglesia de la Santissima Annunciata, Santa María Novella (donde también figuran Ficino, Landino y Poliziano en una pintura de Ghirlandaio)…, preciosas joyas arquitectónicas realizadas con bloques marmóreos blancos de Carrara entremezclados a franjas, con otros verdes, procedentes de Prato, ciudades ambas de la dulce Toscana. De sus montañas se ha extraído parte de la historia artística tanto escultórica como arquitectónica de esta ciudad florentina, y también de Siena, incluso del resto de Italia y de Europa.

Mosaico donde aparece Hermes Trismegisto con Moisés y la Sibila. Duomo de Siena

Precisamente en la catedral de Siena, que algunos consideran la culminación arquitectónica del periodo gótico italiano (estilo diferente al de otros países de Europa), se encuentran los pavimentos marmóreos más impresionantes que seguramente habrá hecho mano humana, entre ellos el famoso mosaico tantas veces reproducido donde se ve a Hermes Trismegisto junto a Moisés y la Sibila. Este pavimento se encuentra a la entrada de la nave principal, junto a la pila bautismal. Es el primero de una serie de 35 mosaicos admirablemente trabajados con la técnica de la incrustación del mármol y cuya factura llega incluso al detalle más delicado, como la realización de puntillas y encajes en los vestidos realizados a base de incrustar piezas menudísimas de mármol de distintas tonalidades, creando así una filigrana de pliegues y adornos en la ropa. Beccafumi fue el inventor de esta técnica, entre 1517-1546, aunque hicieron falta casi dos siglos reuniendo a los mejores artistas italianos, para terminar su proyecto.

Las montañas de la Toscana en la actualidad siguen siendo enormes canteras marmóreas. Son montes rocosos que aparecen a la vista del viajero blanquísimos entre los verdes cipreses increíblemente arquitectónicos, hermosos, altos y esbeltos, esculpidos como si fueran columnas corintias por su delicadeza. Verdaderamente los cipressino son el horizonte que corona el paisaje de la Toscana, maravilloso y teñido de dorado en el trayecto que hago de Florencia hasta Siena, a sólo 50 kilómetros en coche.


Los "Cipressino", Pienza (Siena) Foto Paolo Busato

De nuevo en Florencia, me resulta completamente mágico y fuertemente atractivo caminar por esta ciudad de la Toscana por la que fluye apaciblemente el río Arno, e ir pensando que durante una época Florencia (cuyo nombre precisamente significa “La destinada a florecer”) fue el centro intelectual más importante desde el cual “saltó la chispa” que incendiaría el resto de Europa y que provocaría un resurgir de la Tradición Primordial, al heredar su escuela platónica la antigua sabiduría, tanto filosófica como teúrgica y del esoterismo cabalístico y cristiano, asimilando sus impulsores las corrientes llegadas de Bizancio, pues como todos los grandes iniciados Marsilio Ficino supo ver en ellas distintas formas de expresión de una misma Sabiduría, donde la Belleza es considerada un reflejo de lo Verdadero. A ese movimiento sísmico e intelectual se llamó Renacimiento justamente porque todo renació de nuevo.
Entrada a Villa Careggi

A la puerta de entrada de Villa Careggi, la propiedad donde los Medici crearon la Academia platónica que dirige Ficino, trato de imaginar los carruajes cruzando entre las dos estatuas de leones que la flanquean. En ellos llegaría Cristóforo Buondelmonte con el manuscrito de Horapolo, o Pico de la Mirándola, Angelo Poliziano, Cristóforo Landino, y claro está el propio Marsilio Ficino, el representante más destacado de esa corriente, quien logró la síntesis entre el cristianismo con la filosofía de Platón y Hermes Trismegisto.

Aquí, en este preciso espacio geográfico en el que me encuentro, Ficino, rodeado de un nutrido grupo de intelectuales, sabios y metafísicos, artistas, astrónomos y artesanos, laicos o pertenecientes a la iglesia, recogía todos los documentos que llegaban, los traducían, conservaban y difundían sus saberes.

Durante estos días y viendo las representaciones pictóricas y los retratos o esculturas de muchos de ellos expuestos principalmente en la Galería de los Uffizi, no puedo dejar de pensar en otro personaje insigne dentro de la cadena iniciática, Gemisto Pletón (que figura, junto con todo el resto ya nombrado y muchos más, en la galería de retratos de los Uffizi) quien llegó a Florencia, acompañado de su discípulo el cardenal Bessarión, en el año 1439 procedente de Constantinopla para dar una conferencia, pues se celebraba aquí un concilio muy importante. Dicen que las charlas que dio Gemisto Pletón en esta ciudad calaron muy hondo y fue su calor el que impulsó que se formara la Academia. A él se debe que más tarde Ficino tradujese algunos libros, como el "Corpus Hermeticum", que siglos antes había recopilado el también bizantino Miguel Pselos, otro túmulo de Hermes en este viaje histórico-simbólico.

Ponte Vechio

Sin embargo, no podemos olvidar que para ese entonces Florencia era ya la ciudad de Dante, cabeza de la organización iniciática “Los Fieles de Amor”, hombres de gran ardor guerrero y poético. Ellos ya habían cruzado muchas veces el Ponte Vechio por donde un día pasó también Beatriz para enamorarnos a todos el alma de la Belleza que Dante experimentó al verla. Un escenario y un puente bajo el que sigue pasando el río Arno sobre el que da la ventana de mi habitación. Sin duda estos días pasarán a ser inolvidables para mí, en el auténtico sentido de la palabra. En efecto, no los podré olvidar como tampoco olvidaré los días pasados en la verde isla de Andros. En ambos lugares la Memoria se ha hecho presente en mí, y quieran sus hijas, las veneradas Musas, se retenga por siempre en mi alma. Núria.


Desde mi ventana el río Arno y las doradas colinas de Florencia, bajo un cielo de turquesa.
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Texto y fotos Núria, blogger de "Desde Mi Ventana"

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jueves, 3 de septiembre de 2009

La Fiesta de Dioniso en Andros

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Cuarta Etapa

ndros no es una isla cualquiera sino una tierra bendecida por la Diosa Naturaleza. En las anteriores etapas de este viaje he mencionado ya su frondosidad, sus fuentes medicinales y los ríos de vino que antaño la recorrían. Dato que aunque nos sorprenda lo proporcionan distintos autores.

Walter F. Otto quien recoge en su libro “Dioniso. Mito y Culto” varios milagros producidos en algunas de estas islas y pueblos griegos como Teos, Eubea, Naxos…cita distintas fuentes clásicas que relatan que aquí en Andros, “el cinco de enero manaba vino del templo de Dioniso y seguía haciéndolo siete días seguidos. Si se recogía, se convertía en agua en cuanto su portador se alejaba del santuario”.

F. Otto continúa:

“Pausanías, que narra este mismo acontecimiento, añade que la fiesta sólo se celebra cada dos años, es decir, que pertenecía a la categoría de las fiestas “trietéricas”. Sin duda hemos de reconocer aquí una de las fiestas epifánicas invernales más relevantes de Dioniso, que nos permite apreciar la clase de milagros que acompañaban la irrupción del dios”.

Otros de estos relatos mencionan que se probaba al dios poniendo cuencos vacíos y sellados que misteriosamente luego aparecían llenos de vino y que esto “debió de producirse por primera vez con ocasión de la boda de Dioniso con Ariadna".


Tiziano. “Fiesta de Dioniso en Andros” (Museo del Prado. Madrid)
La maduración de una cepa en un solo día es otro de los milagros que cuentan que ocurría durante los misterios dionisíacos los que hay que poner en relación con los misterios de Deméter en Eleusis, donde una espiga maduraba en una sola noche. O con otros relacionados con los indios navajos de los que se cuenta el verdear de una planta entre la media noche y la salida del sol.
Nada sorprende entonces que todas estas características naturales que tiene Andros de exaltación y belleza hicieran de la isla una imagen del Jardín del Paraíso. Precisamente el nombre de “Isla Verde” con que se designa popularmente a Andros es un término que la Tradición esotérica o sapiencial de distintos pueblos ha dado a ese espacio mítico e interior, tal como lo expone Sahaquiel, un buen amigo de este blog, en un comentario a este viaje a Andros “en los relatos visionarios islámicos se suele hablar de la "Isla Verde en el Mar Blanco", ubicada en un lugar que escapa a la cartografía terrestre porque pertenece al ‘Octavo Clima’, al ‘Mundus Imaginalis’ ”
También en Irlanda hay una tradición que alude igualmente a la “Isla Verde” como forma de referirse a ese lugar sin ubicación geográfica, un territorio del alma humana no sólo imaginado en un sentido ilusorio y romántico, sino como una utopía o un espacio posible de alcanzar. Como lo dice precisa y sintéticamente Federico González en su libro “Las Utopías Renacentistas”, obra de cuyas páginas surge este “Viaje Mágico Hermético a Andros”, en el transcurso del cual se ha podido reconocer la importancia de los hallazgos reunidos de lo disperso.
Dice Federico que la intención de estas ideas utópicas en la literatura tradicional es siempre la de “manifestar posibilidades ocultas para el género humano en estado profano y transmitir conocimientos y sugerir mundos y realidades no conocidas por los seres corrientes. Estos mundos o planos ignorados para las personas ordinarias, pero absolutamente reales para aquellos que los han experimentado…” Muchas tradiciones, como la hindú, la china, etc., aluden a ciertas islas como un estado del alma al que se accede a través de esos mundos, o planos de realidad. Y que aún siendo ilocalizable en el espacio hace que aquel que busque ese estado no descanse en su viaje en pos de su “Isla Verde”, la patria de Venus a la que se accede por el Amor al Conocimiento.
Andros es una isla consagrada a Dioniso, un dios de la Fuerza de la Naturaleza, del vino y del éxtasis que éste procura al hombre, pues a decir de Hesiodo es el vino un fermento que la gracia del cielo dona a los hombres. Sin embargo este vino y la embriaguez que procura Dioniso tiene asimismo otras connotaciones mucho más allá de la simple borrachera, aliada momentánea al concedernos sus vapores un respiro para que olvidemos nuestros pesares.
La ebriedad que viene de Dioniso, en cambio, es la ese Amor al Conocimiento, una energía cuyos efectos han sido desde siempre comparados con la sensación de alegría y felicidad que siente el corazón enamorado cuando está junto a su amor. Todo ello hace que veamos como algo natural que cuando entre los años 1505 y 1525, Tiziano pintara para el gabinete de estudio de los duques de Ferrara la historia de Amor entre Ariadna y Dioniso, escogiera como escenario de su obra esta isla de Andros, porque es evidente que no podría encontrar mejor lugar que ella para ilustrar esa historia mitológica y hermética, donde la Naturaleza había puesto un templo al dios.
Seguramente cuando Tiziano pinta el cuadro “Fiesta de Dioniso en Andros” seguido de “Dioniso y Ariadna” y el “Ofrenda a Venus”, tenía claro que estaba pintando una imagen congelada de un hecho eterno, donde lo que interesa resaltar es la idea del amor entre la pareja como símbolo de la fuerza de la vida. El pintor, llamado por sus dotes artísticas “el sol entre las estrellas”, introduce un enigma en la pintura que las muchachas recostadas en el suelo tratan de descifrar: “Quien bebe y no vuelve a beber, no sabe lo que es beber”, en clara alusión a la tradición de los Hyeroglyphica y los enigmas que habían sido introducidos en Europa desde Egipto a través del manuscrito de Horapolo, hallado en esta isla por Cristóforo Buondelmonte, el ya conocido cartógrafo del Egeo.
Pero para situar correctamente la escena del cuadro de Tiziano, “Fiesta de Dioniso en Andros” (ilustrando este post), y comprender su simbolismo se hace necesario recordar ciertos rasgos de este mito, incluyendo sus distintas versiones ya que todas ellas son verdaderas aun siendo contradictorias, pues corresponden a diferentes niveles de lectura por ello lo interesante del mito, del rito y del símbolo es verlos en simultaneidad. Continuará. Núria.
DESDE MI VENTANA hacia los mares de un mundo simultáneo

Primera Etapa: Andros, la "Isla Verde"
Quinta Etapa: Dioniso y Ariadna

miércoles, 12 de agosto de 2009

Cristóforo Buondelmonte. Cartógrafo del Egeo.


Segunda Etapa

iajo en la cubierta del “Blue Star Superferry”, en la parte de proa, a estribor. Mientras abandonamos el puerto del Pireo, rumbo a Andros, descubro que verdaderamente las del Egeo son aguas de color turquesa. Uno siente que desea probarlas, saborearlas en los labios. No me extraña nada que Venus naciera de la espuma de las olas. Estas aguas son la belleza de la Naturaleza acuosa brillando bajo los rayos del astro rey.
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Todos los destinos contienen muchos viajes, en el trayecto, como en un juego de naipes sagrado, todas las posibilidades están contenidas y siempre se encuentran analogías y enseñanzas para jugar la gran partida, el viaje de nuestra vida. Nicolás de Cusa en “De la Docta Ignorancia”, dice que la posibilidad es la materia del Universo y añade que “los antiguos se ocuparon abundantemente de la posibilidad, y su opinión unánime era que nada sale de la nada; por eso, afirmaron que existía una posibilidad absoluta de ser todas las cosas y que esa posibilidad era eterna y creían que todo estaba encerrado de modo absoluto en esa posibilidad” (…) añade que como la posibilidad carece de forma, los platónicos la llamaron “carencia”; y esa carencia es lo que lleva a orientar el deseo de conocer y la oportunidad de modelar nuestra alma como si se tratara de plastilina en las manos de un artista.
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Federico González en su tratado “Las Utopias Renacentistas” es igualmente claro cuando puntualiza: “El hombre lleva en sí el ansia de ampliar sus horizontes, lo que equivale en el exterior al viaje a la novedad de otras tierras. Arriesgar su vida en ello, se juega entero. Pero no sabe que está simbolizando lo que es la mayor apetencia del alma: el conocerse a sí mismo, es decir, la aventura del viaje interior inmensamente más rica que cualquier Eldorado”
....En realidad la partida que me ha tocado jugar en este viaje y hacia la que está orientado mi interés está relacionada con Cristóforo Buondelmonte y con el manuscrito de los “Hyeroglyphica de Horapolo del Nilo” escrito en el siglo V y rescatado por Buondelmonte en 1.416 en Andros, la isla verde del archipiélago de las Cícladas en el Egeo hacia la que me dirijo. Me muevo hacia ella siguiendo la senda de mi destino y una pista de Federico González que señala esta isla como un centro importante de difusión de la Tradición Hermética, esperando recrear en mi memoria algo de lo aprendido, intuido y soñado.
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Stela y su nieto Nelson, a los que conocí en el hotel de Atenas, me han contado en el trayecto desde allí al Pireo que Andros se encuentra al sur de la famosa y extensa isla de Eubea, en dicho conjunto de islas llamadas Cícladas, siendo Andros la segunda en dimensiones, después de Naxos. También me dicen que es una isla excepcional y muy diferente a todas las demás, pues tiene grandes saltos de agua, ríos y fuentes medicinales y sus acantilados son tremendamente escarpados. Se conoce como la “isla verde” porque su tupida vegetación la distingue de las demás haciéndola aparecer como una esmeralda en el intenso mar turquesa.
Añaden que bajo la superficie de Andros existen paredones de corales de 6000 pies de profundidad y que al bucear se descubre un laberinto de cavernas que se conectan entre ellas y con la superficie produciendo lo que llaman “Hoyos azules en Tierra”, expresando la emoción que produce sumergirse en uno de ellos y explorarlo hasta alguna caverna, donde al final desembocan.
Sin embargo, añade la mujer muy seria, hay que ser un experto buzo para introducirse en uno de los cientos de hoyos azules que tiene Andros, muchos de ellos inexplorados.


El chico amplía la información sobre Andros añadiendo que en sus aguas se produce un paso de tiburones y que es posible sumergirse hasta verlos pasar. Por lo visto es algo que permiten hacer a partir de los 12 años, algo que, está claro, al muchacho le divierte un montón tanto como la idea de adentrarse a explorar los restos de naufragios de los que tanto le había hablado su abuela.

Los nombres del conjunto de las islas Cícladas aparecen en un folleto que tomé en el Pireo en el siguiente orden: Amorgos, Anafi, Andros, Antiparos, Donousa, Folegandros, Los, Kea, Kythnos, Koufonisia, Milos, Mykonos, Naxos, Paros, Santorini, Serifos, Sifnos, Sikinos, Syros, Tinos.
Cristóforo Buondelmonte fue un humanista del Renacimiento que llegó de Florencia a Grecia para aprender el idioma griego. Gran viajero y prodigioso navegante, cartógrafo, arqueólogo, poeta y un cronista de la antigüedad, pasó alrededor de cinco años de su vida explorando estas islas, recopilando información y datos de 72 de ellas, tomando nota de sus nombres, sus principales puertos, las más altas montañas, las mejores tierras, los manantiales, su historia y sus mitos y leyendas. Es así que en el relato que Buondelmonte hace de su viaje se habla de los ritos de Apolo en Delfos, de Mercurio, Diana, Vulcano, Minerva, Baco, Pan, Cibeles…


Ciertamente nadie conoció mejor que él estas islas y muestra de todo ello es un excepcional trabajo en el que compara las ruinas que va encontrando en estas islas con las descripciones hechas por Ovidio, Virgilio, Plinio, Plutarco, Tito Livio, Macrobio, Cicerón, Ptolomeo e Isidoro de Sevilla, entre otros.

También hace anotación de distintos libros raros, de los que hoy día nada se sabe, como es el que titula “Creta Sagrada” donde al parecer se describen ciertos ritos. Precisamente Creta será la isla a la que Buondelmonte dedica una atención especial que plasma en un libro: “Insulae Cretae,” de 1417. Unos años más tarde, en 1.420, se edita “Insularum Archipelagi”, donde Buondelmonte cuenta su propio y fascinante viaje por estas islas griegas y por los personajes mitológicos que las pueblan desde siempre.


En su momento la obra de Buondelmonte supone una revolución editorial que se concreta en un novedoso estilo de literatura conocido como islario o libro-isla, al incluirse en el tratado el mapa de la isla y una descripción hecha de primera mano sobre diversos aspectos de ese territorio. Por primera vez para la cartografía no sólo se tiene en cuenta el litoral sino que aquí se plasma el relieve de sus montañas, se reconstruye los edificios importantes, etc., lo cual da a su lslario un carácter también histórico, arqueológico y arquitectónico a la vez que sirve a Buondelmonte para enunciar ciertas ideas relacionadas con el sentido simbólico y mítico que desde siempre se ha dado a la insula en la literatura tradicional, al tomarla como ese espacio al que es posible acceder y que está allende los mares y mucho más próxima, en el corazón de cada Isla Humana.Continuará.Núria.  .

DESDE MI VENTANA hacia los mares de un mundo simultáneo
El resto de capítulos se ha retirado para su edición como libro.
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"Viaje a las Islas Griegas"
Primera etapa: Andros la Isla Verde
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*Las imágenes del manuscrito de Cristóforo Buondelmonte pertenecen a la British Library.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Andros, la Isla Verde




Primera Etapa
n viaje de trabajo inesperado me ha traído hasta Atenas. Sin embargo el contacto que tenía que establecer aquí no se ha presentado. Una escueta nota en la recepción del hotel me pone al corriente de la razón de fuerza mayor que le había obligado a cancelar la cita. En ese momento pienso que todavía no he conectado mi teléfono desde que tuve que cerrarlo en el avión, seguramente tendré un mensaje desde hace horas.
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Verdaderamente es una experiencia inmensurable examinarnos en esos momentos en los cuales nos quedamos “en blanco”, totalmente desprogramados, como un cuaderno sin estrenar, vacío, pero por eso mismo conteniendo todas las posibilidades.
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Mando subir mis cosas a la habitación y me quedo en el salón del hotel donde me busco un rincón estratégico desde el que poder observar atentamente mi situación en aquel decorado. Decido quedarme hasta el día previsto, no quiero andar peleando con Iberia por un cambio de reserva.
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Estoy extrañamente relajada, esperando una señal, algo que ponga en marcha, que me indique qué dirección tomar, en qué voy a emplear las 48 horas que tengo por delante en Atenas.
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Un anciano de aspecto enjuto y fuerte, con un rosario de cuentas negras en la mano, viene a sentarse cerca de mí. Seguramente será de Creta, pienso, pues recuerdo una conversación reciente mantenida con Daniel, un querido amigo y gran viajero al que algunos llamamos “el incansable Humboldt”, que acababa de estar por allí, quien me contó que en esa isla, especialmente los hombres, solían llevar todo el tiempo un rosario en la mano y que así se les veía esperando el ferry hacia cualquier isla, o en una barra de bar.
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No es como cuando lo llevan los taxistas de Buenos Aires o Madrid, o en cualquier otra ciudad iberoamericana, pendiendo sobre el salpicadero del auto, sino que lo mantienen todo el tiempo en la mano, en permanente contacto.
.Tal vez reconozcan todas las bolas y sea para ellos como un juego nemotécnico; seguramente saben asociar cada bola con el misterio que simboliza y que recuerdan y recrean en su memoria la fórmula ritual asociada a cada cuenta.
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En realidad el rosario es un símbolo más común de lo que pensamos. Yo misma tengo uno budista que me regaló en cierta ocasión un Rimpoché en Francia. Son muchas las tradiciones culturales que utilizan este objeto de forma ritual y como juego que ayuda a mantener vivo el recuerdo y fresca la memoria, sin la cual nada somos.
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En todas las tradiciones el rosario es tomado como una cadena o lazo que ensarta a todos los seres. Por eso en las distintas tradiciones es un símbolo de” la cadena de los mundos”. Y así lo expresa el Bhagavad Gita, el libro sagrado de la tradición Hindú:
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“En mi todas las cosas están ensartadas como una hilera de perlas en un hilo”
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Es decir, que en realidad lo que hace significativo y universal el símbolo del rosario es el hilo que ensarta las cuentas, pues sin él no hay rosario.
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“Por esta incomprensión se han provocado enormidad de malentendidos, riesgosos acontecimientos…” Son palabras que pronuncia uno de los personajes de “En el Utero del Cosmos”, la obra del Teatro de la Memoria, donde Federico González, su creador, insiste, como lo ha hecho de múltiples maneras y siempre con todo rigor, como exige la rectificación del error, sobre la importancia de diferenciar entre esoterismo y exoterismo, es decir entre metafísica y religión, entre la esencia y la forma.
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El caso es que acabamos viendo únicamente las cuentas, la forma exterior y nos olvidamos de lo que realmente nos está queriendo recordar este símbolo, aquello para lo que fue creado como objeto ritual y con ello perdemos su sentido vertical y trascendente.
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René Guénon nos da a conocer que rosario en lndia significa “guirnalda de aksha” y que aksha, como sucede con toda lengua sagrada, significa distintas cosas al mismo tiempo y a distintos niveles. Las palabras para designar el rosario son: alcanzar, penetrar, atravesar…, aksha es además la palabra con la que nombran una semilla con forma de ojo perforado que utilizan para confeccionar este collar.
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Ciertamente, “desde el punto de vista externo se ven más bien las cuentas que el hilo; y esto mismo es muy significativo, puesto que las cuentas representan la manifestación, mientras que el sûtrâtmâ, representado por el hilo, es en sí mismo no-manifestado”.
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Advierto que el rosario es un símbolo idéntico al de la rueda, ya que en ella lo fundamental es también lo invisible, su eje o el vacio de la rueda.
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“Treinta rayos convergen hacia el centro de una rueda, pero es el vacío del centro el que le da toda su utilidad”, se lee en el Tao-Te-King.
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Un chico de unos 12 años y una señora de mediana edad bajan la escalera hablando animadamente en español de Argentina. Mi sonrisa cómplice les ha hecho notar que he entendido la broma que ambos se venían gastando y por eso aunque se dirigen a los dos, al viejo griego del rosario y a mí, la señora lo hace en español.
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¿Me podrían indicar si es aquí donde se espera el transporte para ir a El Pireo?
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Sí, contesta, el hombre en inglés.
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¿Dónde van ustedes?, pregunto yo.
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La mujer responde: Mi nieto Nelson y yo vamos a Andros, la isla verde.
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¡Andros…! ¡Andros!, me repite la ninfa Eco en mi interior, y Mnemosine, en memoria fotográfica, me lleva a una cita a pie de página del libro “Las Utopías Renacentistas”, del ya citado Federico, que desde siempre me intrigó. Los que somos seguidores, lectores, admiradores o fans de este autor y sabemos de su intuición intelectual, de la coherencia de su obra rigurosa, seria, bien documentada a la par que evocadora por la brillantez de su exposición, tomamos sus indicaciones como un hilo en el aire del que pende siempre una aventura vertical, y más tratándose en este caso de un libro que como el de “Las Utopias Renacentistas” nos sumerge en el alma de la historia y la geografía.


Isla de Andros. Cristóforo Buondelmonte, Liber Insularum Archipelagi (1420)
British Library. Arriba Milos. Islas griegas. Mar Egeo.


En ese libro nuestro autor señala a Andros como un lugar misterioso y muy relevante dentro de la historia mágico-hermética de las ideas, y a Cristóforo Buondelmonte como un personaje clave en el descubrimiento de un manuscrito trascendental, los Hyeroglyphica de Horapolo del Nilo, el único tratado completo y sistemático que explica el sentido que los egipcios daban a sus jeroglíficos-ideogramas. Un libro originalmente escrito en copto por un egipcio, Horapolo, y traducido luego al griego por un tal Felipe. Se trata de una obra pagana única en su género, que no sólo sirvió de inspiración a la Emblemata en general, sino que el manuscrito que Buondelmonte rescata en Andros es el que le abrió al mundo la puerta del lenguaje de los antiguos egipcios. La clave sobre la que trabajó el francés Champollión para traducir la famosa “Piedra de Rosseta”.
“¿Quién es Cristóforo Buondelmonte que la compra en la isla de Andros en 1416 y la lleva a Florencia? ¿por qué en esa isla? Muchas cosas llamativas se entretejen en el Renacimiento, de tipo mágico-hermético, en relación con Marsilio Ficino y sus compañeros de la ciudad celeste, como proyección hacia el futuro de la antigüedad clásica y de su antecedente cultural, la civilización egipcia Núria.

DESDE MI VENTANA, hacia los mares de un mundo simultáneo
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Segunda etapa: Cristóforo Buondelmonte. Cartógrafo del Egeo
 

miércoles, 22 de julio de 2009

Alan Watts “Conversaciones conmigo mismo”

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Hace unos días he tenido noticia de la edición, subtitulada en español, de este video de Alan Watts dividido en tres partes. Se trata de un documento histórico donde este filósofo dialoga consigo mismo acerca de las relaciones armónicas que existen entre la Naturaleza y el Hombre, el Macrocosmos y el Microcosmos, el Cielo y la Tierra, y lo hace desde el punto de vista de la filosofía oriental, taoísta y Zen-budista concretamente, dos tradiciones que Alan Watts conocía perfectamente y que unido al conocimiento que sobre la Tradición Occidental tenía, hace que estos diálogos sean sumamente ricos y didácticos pues al fin y al cabo los dirige a uno mismo, es decir al conocimiento de nuestra propia identidad integrando en su discurso al hombre en una perspectiva más amplia y universal. Y este, a mi entender, es el mensaje que nos transmite en estos videos.

Sin embargo, cualquiera que no conozca suficientemente bien su obra podría pensar que está ante un discurso tipo ecologista o new age, por sus constantes referencias a la Naturaleza y su defensa de ella, pero si uno consigue parar su agitación mental y pone atención, "escucha", empezará a darse cuenta de que está hablando de la Naturaleza como un "Todo" y no únicamente de la Tierra o el mundo natural y vegetal, sino que habla del Cielo y de la Tierra y del hijo predilecto de ambos, el Hombre, idea que Alan Watts ve que se reitera en el Taoísmo.

Así que esa primera visión superficial va dejando paso a la compresión de un discurso más profundo. A la idea de que el mundo se hace comprensible a través del hombre o dicho con otras palabras, que el hombre es la forma que el universo tiene de comprenderse a sí mismo.

Alan Watts es un sabio que ha contribuido enormemente a acercar Oriente a Occidente, y viceversa, desde el punto de vista espiritual e intelectual, no el simplemente económico que es el que ante todo busca acercar el mundo moderno, siguiendo las pautas de la mentalidad materialista que impera en este tiempo.

´"Aunque tenemos la seguridad de que nada es imposible para la revelación del Espíritu o Inteligencia Universal, reconocemos que es gracias a los puentes intelectuales que han establecido autores tradicionales como Ananda Coomaraswamy, René Guénon, Federico González, Mircea Eliade, Alan Watts o D.T.Suzuki, entre otros, que podemos tratar de explicar nuestra propia comprensión de estas doctrinas, con el único propósito de hacer notar que todas las formas que vehiculan el Conocimiento de la Realidad de Ser son soportes igualmente válidos para todo aquel que busca conocer esa Verdad TranscendenteSeguir .
 
 


viernes, 10 de julio de 2009

Palladio, el Arquitecto de Arquitectos

Estructura de la Basilica de Vicenza
El nombre de Andrea di Pietro della Gondola (Padua, 1508 - Vicenza, 1580), más conocido como Palladio, evoca la belleza y la gracia de las formas arquitectónicas, pues este artista, que pasó de cantero en Padua hasta ser considerado “arquitecto de arquitectos”, cautivó al mundo con su forma de concebir la Arquitectura, de acuerdo al ideario platónico que inspira su pensamiento.

Palladio forma parte del conjunto de artistas que como él, o junto a él, forjaron el Renacimiento. Me refiero a todos aquellos seguidores de la filosofía clásica, también llamada ciencia de Hermes, impulsada, en ese periodo, por Marsilio Ficino y que se caracterizó por un renacer de la creatividad en las artes, las ciencias, la literatura, los descubrimientos y todo aquello que suponía una expansión de las fronteras intelectuales.

Como muchos creadores de su época Palladio siente el respaldo de personas que se implican en sus proyectos y le ayudan a llevarlos a la práctica.

“Estoy seguro de que me consideraran muy afortunado…por haber encontrado caballeros de mente tan noble y generosa y tan excelente criterio que han atendido mis razonamientos y abandonado ese anticuado modo de construir sin ninguna gracia ni belleza en absoluto”.

De su filiación intelectual con las ideas herméticas da cuenta su propio nombre artístico, Palladio, derivado de Palas Atenea, la diosa griega protectora de las artes, con cuyos dones, a la vista está, este artista contaba.
Portada de una edición española del Libro Primero de la Arquitectura, de Andrea Palladio, que trata de cinco ordenes para fabricar, y otras advertencias. Traducido de Toscano en Castellano, por Francisco de Praves, Arquitecto y Maestro Mayor. Valladolid 1625.
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Palladio contempló las ruinas romanas, pero no cayó en el error de tomarlas como los restos de una civilización inferior por preceder en el tiempo, sino que supo ver en los restos de esa arquitectura, fuerte, robusta y de armónica y exuberante belleza, la grandeza del imperio que la creó.
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“Y porque siempre fui de la opinión de que los antiguos romanos, como en tantas otras cosas, también en el construir aventajaron con mucho a todos los que vinieron después, tomé como maestro y guía a Vitrubio, y me apliqué a la investigación de los restos de los edificios antiguos”
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Roma Quanta fuit ipsa uina docet
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“La grandeza que tuvo Roma la declaran sus mismas ruinas”
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Para Palladio, como para otros artistas que comparten con él el ideario hermético de los humanistas, su interés nunca se redujo a imitar las formas estéticas de ese pasado, sino a adaptar los conocimientos a espacios nuevos y acordes a las nuevas ciudades.
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Por ello diseñó sus edificios como organismos vivos, independientes, donde todos los espacios forman parte de una unidad. Edificios interrelacionados con el exterior en los que los puntos de entrada para la luz son principales. También concedió especial importancia a los espacios privados dando vida a las zonas de tránsito entre las distintas estancias.
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“La città non sia altro che una casa grande e per lo contrario la casa, una città piccola.”
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Este maestro renacentista escribió I Quattro Libri dell'Architettura donde transmitió esta visión del arte arquitectónico en el cual lo importante es no romper nunca el paisaje, sino integrar el edificio en él. Asimismo que toda construcción ya fuera un puente, un granero, un mercado, un palacio o una iglesia, debía seguir el mismo criterio arquitectónico y por lo tanto ser funcional y bella al mismo tiempo.
Villa Rotonda, construida sobre una colina como casa de retiro y estudio de su dueño. Se encuentra en la ciudad de Vicenza, Italia. Se trata del prototipo arquitectónico más estudiado e imitado durante los siguientes cinco siglos.
.“Antes de empezar con la construcción se debe estudiar cada componente de la planta y del alzado del edificio que se va erigir. En cada edificio han de tenerse en cuenta, como nos enseña Vitrubio, tres cosas sin las cuales ningún edificio merece alabanza. Estos tres puntos son: la funcionalidad o comodidad, la durabilidad y la belleza.
…La belleza resulta de las formas bellas y de la correspondencia de unos componentes con otros, y de estos con el total, de modo que el edificio aparezca como un cuerpo unitario y acabado. Si cada componente se relaciona con los demás, si todos los componentes son estrictamente indispensables entonces se ha alcanzado el propósito"


Una exposición con más de 180 obras entre pinturas, dibujos y maquetas realizadas a gran escala, se exhiben en distintas ciudades. Se trata de una muestra que explora la determinante influencia que este arquitecto ha ejercido en aquellos a los que llegó su idea de que la belleza en la construcción no está reñida con la funcionalidad, el ingenio y la innovación a través de nuevos materiales. Gracias a esas ideas hoy encontramos construcciones sorprendentes en todas partes.
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Yo he visto esta exposición en Montjuic, en la fundación la Caixa de Barcelona, donde permanecerá hasta 6 de septiembre de 2009, luego viajará a Madrid como antes ha estado en otras ciudades europeas, todo ello con ocasión de conmemorarse el quinto centenario del nacimiento del arquitecto renacentista.


Sobre estas líneas Vicenza, vista aérea de la Basílica. Extraida del Catálogo de la exposición.
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Núria. DESDE MI VENTANA, hacia los mares de un mundo simultáneo.

lunes, 15 de junio de 2009

Lucena, la Perla de Sefarad

Estas son algunas huellas del pasado judío de Lucena, la "Ciudad de los poetas del Talmud", expuestas en una sala del museo arqueológico de la ciudad Cordobesa.

La carretera que lleva a Lucena desde Córdoba cruza por una inmensa campiña marcada por el relieve de suaves colinas que se pierden a la vista. Estamos en pleno Corazón de Andalucía.
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En esta mañana soleada del mes de mayo la luz brillante hace tornasoles en los vigorosos cultivos de maíz, cebada, trigo… que se extienden, alineados en filas de soldados, en todas las direcciones.
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La fuerza de la Primavera se deja notar también en el borde de la calzada. De pronto es la sangre del mítico Gerión vencido por Hércules, la que tiñe la tierra de amapolas, luego el poder germinal de la flor amarilla, el jaramágo, cambia el retal de un paisaje o de una tenue ladera.
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¡Qué hermosa es esta tierra domesticada por la agricultura desde la época de los tartesos, los fenicios y los griegos, quienes supieron ver en esta “espesura selvática” de “corpulentos árboles poblada”, como describieron Tito Livio o Estrabón a estas tierras de la Bética, que tanto el olivo como la vid crecían espontáneamente.
Había estado por aquí en época de verano, cuando esta tierra generosa ha donado ya sus frutos o pinta los cultivos de dorado y maduro, lo que hace que los campos aparezcan agotados, confundiéndose el turista de ciudad que ante este aparente aspecto yermo no reconoce que la campiña ya entregó, a su justo tiempo, las dádivas de la cosecha.
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Presto mucha atención a este entorno de vistas amplias recordando las palabras y comentarios de ilustres personajes del pasado, o de discretos viajeros que han estado por aquí. En todos ellos destaca idéntica admiración a esta inmensidad que sólo encuentra límite en la línea del horizonte, que en esta época enmarca a un cielo inundado de luz clara.
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Pero especialmente me emociona pensar que este es el camino que emprendían los poetas del Talmud cuando iban a Eliossana, nombre hebreo de Lucena, ya que entre los siglos IX y XII la ciudad a la que me dirijo estuvo habitada exclusivamente por judíos manteniendo en ella la escuela talmúdica más importante de España, a la que acudió el propio Maimónides y de la que salieron algunos de aquéllos judíos que se establecieron en distintos lugares de España y el sur de Francia, formando otros parte de la famosa Escuela de Traductores de Toledo, que tan fundamental ha sido para la cultura judía, cristiana y musulmana.


No sin razón Eliossana, fue conocida entonces como “la ciudad de los poetas” extendiéndose su fama por todos los centros judíos de Europa y el Mediterráneo, que dieron a Lucena el título de“Perla de Sefarad”.

El pueblo judío ha sido un pueblo muy castigado a lo largo de la historia y también aquí, después de siglos de florecimiento, tuvo que vivir su ruina


Del propio Abraham ibn Ezra es este cantar amargo que describe el final de Lucena por los montaraces almorávides.
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"¡Ay! Cayó sobre Sefarad el mal de los cielos,
un lamento se cierne sobre Occidente,
por ello tiemblan mis manos.
Mis ojos, mis ojos manan lágrimas.
El llanto de mis ojos cae como manantial por la ciudad de Eliossana;
libre de tachas, pura, allí moró la cautiva comunidad,
sin cesar hasta cumplir la fecha de mil setenta años;
pero llegó su día, vagó su gente y ella quedó como viuda,
huérfana de Ley,
sin Escritura,
sellada la Misná,
el Talmud estéril se tornó…."
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Crónica de Viaje publicada también en DIARIO LITERARIO DE VIAJES con fotos complementarias.



lunes, 1 de junio de 2009

El Caribe precolombino. Fray Ramón Pané y el Universo Taíno

Dúho, asiento ceremonial tallado en madera

La población taína habitaba la región del Caribe precolombino, en las islas que conocemos como las Antillas Mayores y que son: la antigua La Española, Jamaica, Puerto Rico y Cuba, cuando la llegada de Colón. El hombre que pese a sus errores (incluido el de creer que llegaba a las Indias), fue el artífice que eligió el destino para cambiar la faz de la tierra.
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Lo que sabemos de estos antiguos pobladores está ligado a la fecha de 1493, cuando el Almirante se entrevistaba con los reyes Católicos en el monasterio de San Jerónimo de la Murtra, un antiguo convento gótico situado en el término de Badalona (Barcelona), para hablarles de aquél gran acontecimiento que representó el “Nuevo Mundo”.
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El Almirante, hombre culto e imbuido de lecturas y estudios de los que se alimentaron las grandes figuras del Renacimiento, de cuyo núcleo formó parte, manifiesta a los monarcas la necesidad de acompañarse en su segundo viaje, de personas instruidas, capaces de aprender el idioma y las costumbres de los indígenas e indagar en el modo que aquellas gentes tenían de entender el universo.
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Seguramente fue en el propio monasterio de la Murtra donde Colón conoce a Fray Ramón Pané, un religioso de la Orden de los Jerónimos, quien decide enrolarse con el navegante y hacerse cargo de esa misión.
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Es así como Pané escribe la primera crónica del descubrimiento, hoy considerada el “primer documento etnográfico de América”, cuyo redactado entrega al almirante Colón hacia 1498.
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Colón trae a España el manuscrito que enseguida interesó, entre otros, a fray Bartolomé de Las Casas, el defensor de los indios y considerado por Federico González, “la gran figura del Renacimiento Español” junto a personajes como Juan Luis Vives, el hebraísta Benito Arias Montano y Francisco de Vitoria.
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La crónica de Pané, titulada “Relación Acerca de las Antigüedades de los indios”, se inicia con estas palabras:
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“Yo, fray Ramón, pobre ermitaño de la Orden de San Jerónimo, por mandado del ilustre señor Almirante y virrey y gobernador de las Islas y de la Tierra Firme de las Indias, escribo lo que he podido saber y entender de las creencias e idolatrías de los indios, y de cómo veneran a sus dioses. De lo cual ahora trataré en la presente relación….”
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Pané anota en su relación como que estas gentes trabajaban de forma extraordinaria la madera, la cerámica, la piedra, el carey, el algodón..., que cultivaban tabaco, maíz, yuca, y maní, principalmente y describe un pueblo tranquilo que además de vivir de la agricultura eran excelentes pescadores y practicaban el ancestral juego de la pelota.
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También se lee lo que aquellas gentes creían que pasaba con las almas de los difuntos, describiéndose ciertas ceremonias de los sacerdotes y la forma como éstos realizaban sus curaciones. También recoge la relación de sus nombres, la función que desempeñaban en su organización social y los atributos que ostentaban.
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Fray Ramón pasó años con los taínos, aprendió varias lenguas y nos trajo palabras tainas a nuestro vocabulario español como es huracán que se corresponde con el nombre de una de sus deidades furiosas, canoa, cacique, barbacoa, maíz, cayuco, hamaca, y otras muchas.
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Explica que ellos no tenían escritos y que por eso no sabían bien cómo relatar las cosas, por eso apunta:
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“Todo lo que escribo, ellos lo dicen así, y de esta manera escribo yo”
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Y señala:
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"Creen que hay en el cielo un dios inmortal, y que nadie puede verlo, y que tiene madre, mas no tiene principio, y a éste llaman locahuuague Maorocon"
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Y aquel gran señor, que dicen está en el cielo, según está escrito en el principio de este libro, mandó a cierto cacique que ayunase... Y dicen que este cacique afirmó haber hablado con Giocauuaghama
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Pané no sólo recoge los mitos con que estos pueblos explicaban el origen del mundo, del sol y de la luna, la creación del mar y de los peces, y la aparición del hombre en la tierra, sino ciertos detalles relevantes del modo en que los aborígenes recibieron, adaptándolos a su propio imaginario, los mitos cristianos.
Distintos cemíes taínos
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Habla de los cemíes (o cemis, también se escribe zemí)), considerados por los taínos representaciones de sus dioses tutelares. Cuenta que cada cacique o jefe tribal tenía un cemí particular, aparte de que existían cemíes que eran aceptados como poderosos protectores por los diversos grupos clánicos.
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También anota Fray Ramón, que cuanto más dignidad tenía una persona, chamanes, caciques, etc., más importancia daban a los cemíes y todo lo que estos representaban, pues sabían que de ellos dependía toda su cosmogonía y su organización cultural.
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Los cemies son iconos con distintos aspectos y fabricados con diversos materiales: piedra, barro, madera, hueso, concha.
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Entre los cemíes mas habituales estaban las "piedras de tres puntas" o trigonolítos, representaciones de Yucahuguamá, (locahuuague) tanto Pané como De las Casas escriben el nombre de distintas formas) “el Gran señor que hace nacer la Yuca” y que enseñó a los taínos a domesticar este rico alimento que sin embargo contiene cianuro que debe ser eliminado durante una correcta elaboración.
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Estas líticas expresiones artísticas y simbólicas, eran utilizadas por los antiguos pobladores, como talismanes, en rituales propiciatorios de la fecundidad.





Cemí representando a Yucahuguamá. Trigonolíto
Dice Pané:

"Los cemíes de piedra son de diversas hechuras.
Hay algunos que dicen... que tienen tres puntas y creen que hacen nacer la yuca".


Una muestra que reúne cincuenta y seis piezas del arte ritual taíno, procedentes de distintas colecciones, del British Museum de Londres, del Museo de América de Madrid y del Museo Barbier-Mueller de Arte Precolombino de Barcelona, se presentó hace unos meses en este último lugar. En la actualidad se exhibe en la Casa de América de Madrid. De todo ello se ha editado un magnífico catálogo (ISBN: 978-84-96982-17-8) con espléndidas fotos de todas las piezas expuestas, titulado igual que la exposición: “El Caribe precolombino. Fray Ramón Pané y el universo taíno”, el cual constituye una obra preciosa para cualquier buena biblioteca

Aro lítico. Cultura Taína

Ver: http://cacibajagua.blogspot.com.es/2008/01/mitonimia-aborigen-taina.html

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Desde mi ventana, Feliz Navidad

Gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra Paz a los hombres de Buena Voluntad.




 Oleos originales de Andrés Curruchich. Comalapa, Chimaltenango. Colección del Museo Ixchel de Guatemala. http://www.museoixchel.org/


Núria

sábado, 29 de noviembre de 2008

Dionisio y Hermes en el Orsay de París


Dionisio y Hermes, Museo Orsay, París


Cuando uno cree que sabe y no sabe, lo único que ocurre es que se refleja en nosotros la ignorancia.

Máxima hermética

Núria
Desde mi ventana