domingo, 29 de diciembre de 2013

Si al amanecer canta la Alondra...


Si la alondra de los cielos canta al amanecer

puedes asegurar

que en ti ha nacido una nueva posibilidad.

¡Feliz Navidad y Año 2014!

jueves, 17 de octubre de 2013

Hermes, compañero del Alma humana.

Pinacoteca Simbólica


Rafael Sanzio de Urbino. Villa Farnesia. Roma



 Jarrón inspirado en la obra de Rafael.

domingo, 13 de octubre de 2013

La Academia Platónica de Atenas

"Pinacoteca Simbólica"


Dos imágenes representando a los sabios filósofos fundadores de la Cultura Occidental, los que conformaron la Academia Platónica de Atenas. La misma que refundaron varios personajes a lo largo de la historia, siendo los hermetistas del Renacimiento, en Florencia, con Marsilio Ficino, Pico de la Mirándola, etc., los que consiguieron, verdaderamente, levantar de nuevo sus columnas, esto es, las de la Filosofía Perenne.



"La escuela de Atenas" Frescos de Pellegrino Tibaldi en la biblioteca del monasterio de El Escorial. Madrid.


Academia Platónica en Atenas. Fresco de Rafael Sanzio, de Urbino.
"He aquí algunos de los nombres de los miembros de dicha Academia y de otros filósofos
cuyo pensamiento participa de esta Escuela: Pitágoras, Parménides, Sócrates, Heráclito,
Empédocles, Jenofonte, Plotino, Boecio". (Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos" Federico González Frías.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Diálogos de Amor y Guerra (Capítulo VII)


John William Waterhouse en el Decameron


Estos seis jóvenes, saliendo de la casa al jardín buscan un lugar a la sombra. No podían haber ido a mejor lugar sino a aquél espacio junto a una fuente bajo los laureles. Un decorado con el que Bembo evoca el templo de Apolo en el monte Parnaso, y la fuente Castalia, donde  beben las musas, sus seguidoras, y la Pitonisa, mascando las hojas de laurel, dicta el oráculo y responde a las preguntas de los seguidores del dios solar. Es de tal maravilla el lugar que Berenicia, la mayor de las tres jóvenes, volviéndose hacia Gismundo, que es el joven que había tenido la idea de ir hasta allí a continuar las conversaciones sobre Amor, le dice a éste lo siguiente:

¡Qué grande yerro hemos hecho en no venirnos aquí todos los días pasados, que mejor en este jardín que no en nuestras cámaras hubiéramos pasado estas horas del día que sin la novia y sin la reina nos corren! Más ahora, pues a ti debemos las gracias de esta venida, mira a dónde mandas que nos sentemos, porque ir mirando otras partes del jardín el sol nos lo veda, el cual, como tú ves, envidiosamente se las mira todas.

Y porque describiendo el decorado y evocando las conversaciones en él producidas  Bembo es un maestro deleitoso, transcribiré algunas de las cosas que cuenta, comenzando con la respuesta del joven:

Señora, cuando vos así lo mandéis, a mí me parecería que esta fuente no se dejase, porque la yerba está aquí más alegre que en otra parte y más pintada de flores. También estos árboles detendrán el sol de tal suerte que, por mucho que él hoy pueda, nunca se nos llegará.

Estando de acuerdo con lo expuesto por el joven, Berenicia concluye:

Sentémonos ahí donde vos, señor, mandáis, y porque en ninguna cosa se deje de seguir vuestro deseo con el ruido del agua que nos convida a razonar y con el horror y silencio de estas sombras que nos escuchan, aparejaos a decir de qué os agrada más que se platique, porque en cuanto a lo que nosotros toca, siempre de buena gana te escucharemos: con razón se te debe hoy el mando y el palo de nuestros razonamientos, puesto que tú les has dado tan apacible lugar.

Una vez todos dispuestos en corro, unos bajo los laureles y los demás junto a la fuente, cerca de un pequeño arroyo que pasa por el medio de ellos. Gismundo, toma pues la palabra con el fin de dirigir en dicho escenario, que tan bien evoca el templo de Delfos, el curso de la plática.

Los Asolanos es una obra de juventud que Bembo, como venimos diciendo, enmarca dentro de una tradición, el lenguaje simbólico de los "Fieles de Amor", una orden custodia de una doctrina secreta.  Efectivamente Bembo rememora como nadie a Petrarca y a Boccacio, pero dejando muy a las claras, como ya lo hemos expuesto anteriormente, que ellos eran quienes le habían conducido a las cimas elevadas del pensamiento expresado por Dante, que fue en un momento dado jefe supremo de esa organización. En su formulación, Los Asolanos  es una obra que sigue la estela del Cancionero de Petrarca, donde este autor canta en 366 sonetos, sus sentimientos hacia su amada Laura,  a la que identifica con laurel, una alusión evidente a Dafne (que significa laurel), la ninfa amada y perseguida por Apolo. La que acabó transformada en dicho árbol justo a tiempo para escapar de él como mujer.

Bembo, que no da puntada sin hilo,  oculta en el sentido literal de su relato todo el simbolismo propio de los "Fieles de Amor", y por ello sigue recordando el sentido de aquella reunión:

Graciosas señoras y dignas de ser amadas, cada uno de nosotros ha oído a las dos mozas cantoras y la hermosa doncella que delante de la reina, antes que las mesas se levantasen, cantaron muy delicadamente las tres canciones, las dos loando a Amor y la otra querellándose de él. Y por cuanto yo soy cierto que cualquiera que de él se queja o le pone mal nombre no tiene buena noticia de la naturaleza de las cosas ni de su calidad de él y va muy desviado, hermosas señoras, o de nosotros (que se que lo hay) que crea juntamente con la primera doncella que Amor no sea cosa buena, diga sobre ello lo que siente, que yo le responderé, y atrévome a darle a entender cuánto él esté con su daño en la tal opinión engañado. Lo cual, si vosotros hicierais, como lo debéis hacer si queréis que sea mío lo que una vez me habéis dado, tenemos hoy harto hermoso y espacioso campo de platicar.

Y utilizando el argot de la pelea y el enfrentamiento, propios de los combates de esgrima, Gismundo, que es el más osado y alegre de los jóvenes, reta a cualquiera de los presentes a defender que Amor no pueda ser de ningún modo cosa mala, tal como dijo la primera cantora en su apenada canción. Ya que según él quien tal opinión mantiene está por completo errado. Y cuando esto dice se dirige muy a las claras a su amigo Perotino, pues sabe que al respecto, él tiene una opinión contraria. Gismundo está seguro de que si éste se atreviese a exponer las razones que le llevan a pensar tan mal del Amor, él podría rebatirle y demostrarle así lo equivocado que está.

Perotino es el más tímido de los muchachos del grupo por lo que tiene gran dificultad en quebrar su silencio, pero comprende que su amigo le está poniendo en un brete ante las damas siendo éste un golpe que no puede esquivar. Y aunque al principio lo intenta, pues tanta es su timidez, no tiene más remedio que responder y exponer lo que piensa en materia de Amor. Lo primero reconoce ser éste para él un tema pesado y pedregoso, pero no obstante está dispuesto a demostrarle a Gismundo que el verdadero engañado es él. Y así, dirigiéndose a las damas que son las que le mueven a la respuesta, contesta así al envite de Perotino:

Porque reconociéndose, por lo que yo seré forzado a decir cuán engañado esté, no yo, como él piensa, sino el que tal cosa cree, si ya no tiene toda vergüenza perdida, escarmentará de tomar armas contra la verdad, y si todavía se atreviere a tomarlas no lo podrá hacer porque no le habrá quedado qué tomar.

El clima anda crispado y la pelea dialéctica por momentos se muestra bronca, como se pone de manifiesto en lo siguiente, donde Bembo nuevamente se hace dueño de la lengua:

Armado o desarmado –respondió Gismundo-, de esta vez, Perotino, yo la tengo que haber contigo en todo caso. Mas mucho crees, si crees que no me haya quedado qué tomar, pues ninguna cosa de tomo hay que no sea un arma contra ti.

Y con destacada finura y un tono de andar sobrado, continúa Gismundo:

Pero tú  ármate en todo caso, que a mí me parecía no vencerte si bien armado no te venciese.

Bembo utiliza a la perfección la dialéctica de la batalla, y un lenguaje donde se reconocen las raíces del teatro de Shakespeare. Dos puntos de vista diferentes enfrentados mediante la dialéctica de la reyerta. Esto es idéntico a los planteamientos expresados por las dos jóvenes cantoras que llegaron al banquete nupcial enlazadas de las manos. A todo esto interviene otra de las doncellas allí reunidas, Lisa, quien dirigiéndose a Lavinelo, el tercer muchacho que ha permanecido en silencio durante la disputa de sus dos compañeros, le dice lo que sigue:

Lavinelo afrenta será la tuya si, peleando tus compañeros, te estuvieres con las manos en el cinto. Conviene que tú también entres en el campo.

Lavinelo, si bien con suma gentileza, rehúsa lo que le pide la dama y para ello se excusa en que no cree pertinente hacer costado a ninguno de los dos, ya que en ese caso, el otro tendría que luchar contra dos guerreros.

Pero ninguna de las tres mujeres están dispuestas a aceptar estas excusas que invalidan de inmediato, y así se lo manifiestan al joven, apostillando que el caballero nunca debe confundirse de campo, y que las armas que aquí hay que tomar no responden a su símil:*

No pienses defenderte con no querer tomar las armas, porque estos combates no son de tal suerte (…) en estas semejantes batallas ninguno muere, no dejes por ello de entrar en ella.

Lavinelo aclara entonces que si no ha intervenido en la reyerta es porque consideraba que ante la interesante contienda que estaban teniendo aquellos dos caballeros, ningún interés tendría oírle a él. Sin embargo y atendiendo a que la Señora Lisa no quiere dejarle al margen, y para que no puedan quejarse de él sus compañeros, propone reservarse el último combate, tal y como rige en las normas de la esgrima. O sea, dejar que ambos se enfrenten solos y cuando al fin cejen en la pelea, él hará su disertación sobre Amor. De ese modo complace a Lisa y no se inmiscuye entre sus compañeros. Bembo lo dice con la filigrana de su lenguaje del modo que sigue:

Ahora, pues que no plugo a la señora Lisa que viviese en paz, al menos porque de mí no se puedan quejar mis compañeros, dejémoslos entre ellos a solas hacer su voluntad, y cuando ellos se dejaren de la pelea, no faltará en qué emplearme, que así como suelen hacer los buenos esgrimidores, que para sí se reservan el postrer combate, así yo, tornando a tomar las armas ya dejadas por otro, como quien sucediendo prosigue, probaré a satisfacer vuestro deseo**

Primera disertación. Habla Perotino acerca de lo malo del Amor, más que sea tu propio interés el que decida si nos encontramos de nuevo aquí, bajo los laureles, en ésta isla del Amor, para seguir la disputa. Eso será en el capítulo VIII. Mientras tanto, besos, Nuria.


*Bembo escribe su obra con mucha precisión de detalle, como para ser interpretada. Lucrecia Borgia, por su parte, en cierta ocasión mandó escribir una comedia donde debían aparecer tres tipos de amantes. Este dato, que ha pasado inadvertido, demuestra hasta que punto la obra de Bembo influenció a Lucrecia, ayudándola a conformar y mantener su propia “Corte de Amor”.

**En este lenguaje cortesano y algo almibarado, se esconden sutilezas que van de esa manera disfrazadas.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Los tres aspectos del Amor en los Asolanos, de Pietro Bembo (Capítulo VI)




Biagio D’Antonio (Florence, 1446–1512). Los exponsales de Jason y Medea ante el Oráculo de Apolo, 1487. Tempera. Paris, Museo de Artes Decorativas.


Las dos jóvenes llegan al lugar donde se está celebrando el banquete nupcial. Entran con las manos entrelazadas, como unidas en un mismo tronco. Una de ellas, la que parece mayor, toma un laúd y tras entonar su voz con el instrumento comienza a cantar una canción cuya letra refería un gran tormento infligido por Amor.

Tan vivamente expresa ese sentimiento de dolor y amargura que todos los asistentes se sintieron tocados por la emoción, y aun cuando su voz dejó de oírse algunos no pudieron dejar de sentir una gran congoja, provocada por las notas lastimosas que todavía salieron de sus dedos…

Después de un momento de silencio y como dando respuesta a su compañera, la otra doncella, tañendo el mismo instrumento, entonó otra apasionada canción poniendo de manifiesto, en este caso, la alegría que se siente al estar enamorado y lo placentero que es vivir ese ardor que amplía el corazón y embellece el alma.
Bembo traza bajo en esta formulación las líneas de su juego inteligente que comienza por enfrentar dos caras de Amor que todos fueron capaces de reconocer al instante.

Pero, a continuación, tras la actuación de esta pareja de doncellas la reina, que naturalmente dirige los actos, llama a una tercera cantora. Esta se distingue sobremanera de las anteriores, pues su belleza es causa de admiración entre la concurrencia. Bembo se las arregla muy bien para hacernos evidente a todas luces, el salto de nivel que quiere establecer entre la nueva joven y las dos anteriores. Esta toma entonces una vihuela y comienza a entonar otra canción de amor. De su actuación nos dice Bembo que lo hace

con tanta gracia y maneras de melodía tan nuevas que, en comparación de la dulce flama que sus notas en los corazones de los oyentes dejaron, las de las dos mozas cantoras parecieron carbones muertos y fríos.

Bembo trascribe así las tres canciones:

Primera Canción
Siendo yo tierna doncella
de mi suerte fui contenta:
viví alegre y sin querella,
mis cuidados sin afrenta,
más ¡ay! Que ya no soy ella.
Porque así me aflige Amor,
Los otros (…) atormentado,
Que en mi no ha lugar dejado
De más tormento y dolor.
Amor, cuando entré en tu corte,
Con juramento afirmada,
Ser muy dichosa mi suerte,
Más ya veo tu burla clara,
Pues me das amarga muerte.
Así vio a Colcos Medea,
Sin Amor, leda y segura,
más después por Jasón dura fue su vida y fea.

Segunda Canción
Siendo yo tierna doncella
de mi suerte muy quejosa,
viví triste y con querella,
más ya leda y muy gozosa
me hace Amor con su centella.
Hállole tan buen amigo
y háceme tanto favor,
que siempre alabando a Amor
risa y canto están conmigo.
Cuando a Amor no conocía
juzgaba de él al revés
que quien sus pasos seguía
era nao que da al través,
y hallo que es cierta guía.
Andrómeda, sin Amor,
vida triste y muy penosa,
con Perseo vivió gozosa
y muerta le dan loor.

 Tercera canción:
Amor, no es entendida
de la gente tu virtud,
que, de vileza ofendida,
sus daños sigue perdida
y aborrece su salud.
Que si aquí de tu loor
se conociese el ensayo,
como allá do tu gran rayo
da subido resplandor,
muy mejor
camino y más acertado
nuestra vida tomaría,
y al siglo antiguo dorado*
siglo dichoso y loado,
nuestra edad se tornaría.
 
Tras los cantos todos los invitados comenzaron a retirase a sus estancias privadas, y allí durmiendo u ocupados en otros menesteres pasaban apartadamente el tiempo de la siesta, hasta que volvía a ser hora de festejar.
Pero en este caso mientras esto sucedía entre la mayoría de los invitados, tres jóvenes: Perotino, Gismundo  y Lavinello,  junto a tres doncellas: Berenicia, Sabinetta y Lisa, deciden continuar con el tema de las canciones y desarrollar sus propias reflexiones, mediante la conversación y las aportaciones de unos y otros. Y es aquí donde en verdad acontece el tema de los diálogos, el Amor y sus misterios, "gozosos, gloriosos y dolorosos", o sea, los tres aspectos del Amor,  como podréis comprobar leyendo el capítulo siguiente. Mientras tanto un abrazo, Núria.

*El siglo antiguo y dorado” es una referencia a la edad de oro paradisíaca, es decir al estado primordial.

Para Finalizar
http://youtu.be/CSkP7w6364k?list=UUnMHp9YxoxnrYdO8t-x_Acg

lunes, 26 de agosto de 2013

Los Asolanos, la Utopía de Amor de Pietro Bembo. Arranque de la Obra (Capítulo V)

Banquete renacentista.

Lucrecia Borgia acababa de casar a una de sus doncellas, pues era parte de la responsabilidad de la Dama de Palacio ocuparse de la educación de las jóvenes de su Corte, de sus doncellas, a las que  procuraba buena educación y un matrimonio con algún caballero que las mereciera y cumpliera seriamente con ellas. Por eso el ambiente de Los Asolanos no le podía ser más conocido, ya que las conversaciones desplegadas en dicho libro se desarrollan, justamente, en el entorno de la celebración de la boda de una de las doncellas de la reina Caterina Cornaro de Chipre, en la villa de Asol

Tiziano. Caterina Cornaro, reina de Chipre


Sin duda un escenario muy bien escogido por Pietro Bembo al tratarse de una  isla convertida en el último bastión contra la invasión turca, que después de 1489 en que la República de Venecia se hace con su gobierno, su reina, viuda, mantiene de forma independiente su Corte de régimen monárquico dentro de dicha República. Es decir que a pesar de las presiones mantuvo su propia política basada en los principios defendidos por Dante en la Monarquía y por supuesto por Platón en El Filósofo, que son los mismos por los que apostaron las Cortes italianas como modelo a seguir

La idea consiste en "crear al príncipe", es decir, educarlo desde niño por los mejores filósofos a fin de convertirlo en el mejor y más justo de los ciudadanos, capaz de ser guía y modelo de su pueblo. Pues bien, en Asol, en el momento de la incursión de Bembo, quien se erige en cronista del acontecimiento, es esta reina quien gobierna, y a la que en todo momento debemos identificar simbólicamente con la reina de Chipre, es decir con la diosa Afrodita, quien está celebrando la boda de una de sus doncellas, razón por la que una serie de invitados ilustres se encuentran en la villa de Asol



Francesco Hayez, 1841. "La Reina Caterina Cornaro recibiendo a un enviado veneciano"


Efectivamente, el relato de Pietro Bembo se basa en lo acontecido durante tres jornadas distintas y comienza en el banquete de la boda donde están reunidos los más selectos personajes del momento, y los embajadores de las distintas cortes italianas.

Bembo cuenta que durante el tiempo que duraron dichos festejos todos los invitados residen en el palacio; juntos comen y celebran de día, y tras retirarse a descansar un rato por la tarde, vuelven al anochecer a festejar con música, danza y juegos de inteligencia, siendo estos los ritos sociales de las cortes ideadas por los hermetistas. Pensemos que estos banquetes se revestían de una rica escenificación teatral, con decorados fabulosos y actuaciones bien orquestadas. Grandes artistas como Leonardo da Vinci, por citar al más grande, desempeñaron el cargo de Maestros de Banquete. Y piezas teatrales que pusieron las bases de la Opera, como es la Favola de Orfeo, de Angelo Poliziano, el poeta homérico según se refería a él Marsilio Ficino, nacieron en este enmarque teatral de los banquetes de boda.

El arranque de la obra se produce justamente tras la comida, cuando aún están todos a la mesa. En ese ambiente propicio para la conversación en torno a los Misterios de Amor, y en honor a Afrodita y Eros, irrumpen dos bellas jóvenes portando un laúd y situándose a la cabecera de la mesa, donde se encuentra la reina... Si te interesa conocer más detalles ven a leer el capítulo siguiente.

martes, 13 de agosto de 2013

Pietro Bembo y Lucrecia Borgia (Introducción a "Los Asolanos" Capítulo IV)

Pinturicchi. Lucrecia como Santa Catalina de Alejandría en un fresco en los Apartamentos Borgia, en el Vaticano.

Bembo entrega a Lucrecia Borgia  su libro “Los Asolanos” con una carta, donde le habla con total confianza explicándole cual es su estado de ánimo, los sinsabores que le ha dado la vida y el modo cómo los va superando. Es decir que para nada es la típica carta protocolaria escrita a un benefactor, como era tan habitual hacer en esta época, sino que en ella, como un amigo, retoma una conversación que ambos dejaron pendiente en Ferrara un año atrás. Seguramente en la casa de los Strozzi. Copio aquí un extracto largo, no sólo porque es un estupendo documento, sino porque en realidad constituye una excelente introducción al libro de Bembo. Sin duda la obra capital del movimiento petrarquista, como tendremos ocasión de comprobar al tratar específicamente de su contenido. Dice así está carta de Bembo a Lucrecia:

Si no he enviado antes a V.M. estos diálogos que el año pasado en Ferrara le prometí mandarle en cuanto hubiera llegado aquí, me disculpe ante usted la muerte de mi querido hermano Carlo que yo, en contra de mis esperanzas, encontré que había fallecido (…) Puesto que no se puede hacer nada y que dentro de mí, por el transcurrir de este tiempo, vulgar y común medicina, más bien que por otro remedio, el dolor y las lágrimas han cedido parcialmente a la razón y a la plena consciencia de la promesa que le hice a V.M., y acordándome de mi deuda, tal como están se los mando, y lo hago aún más a gusto en este momento en el que acabo de saber que V.M. ha casado a la gentil Nicola, creyendo que sea un regalo apropiado para esta etapa de su vida, a fin de que, dado que yo ahora no puedo participar de vuestras fiestas por mis ocupaciones, ellos hablen y discutan en mi lugar con V.M., con su querida y preciosa señora Angela Borgiay con la novia, tal vez en presencia de los por mi muy amados y por el mundo honrados, y de V.M. amigos y familiares, Micer Ercole Strozza y Micer Antonio Tebaldeo y sucederá que aquello que otros jóvenes han razonado con otras mujeres entre las diversiones de otras bodas, vosotros, en las vuestras, y con vuestras doncellas y cortesanos, leeréis escrito por mí, que vuestro soy. Lo cual quizás haréis vos a gusto siendo una que es más deseosa de adornar el ánimo con bellas virtudes que de adornar el cuerpo con vestimentas, y como tal, todo el tiempo que podéis lo aprovecháis leyendo o escribiendo alguna cosa, y esto lo hacéis quizás para que en tanto que con las bellezas corporales las de las otras mujeres superáis, con las del ánimo superéis las vuestras mismas, y seáis más vos misma amando con mayor placer nuestra interioridad de lo que no plazcáis a todos los demás por fuera, aunque este placer sea infinito. Y yo me consideraré haber recibido una recompensa muy grande por esta obra juvenil pensando que por la calidad de las cosas razonadas en estos diálogos pueda suceder que de este nuestro mismo deseo, tan alto y tan digno de alabanza, leyéndolo, os volváis aún más hermosa . A cuya gracia y merced, inclinándome, me encomiendo.
En Venecia, a 1 de agosto de 1504.

Lucrecia acababa de casar a una de sus doncellas, pues era parte de su responsabilidad ocuparse de la educación de las jóvenes de su corte, en especial de las de sus doncellas a las que  procuraba un matrimonio con algún caballero que las mereciera y cumpliera seriamente con ellas. Por eso el escenario de Los Asolanos no le podía ser más conocido, ya que las conversaciones que en dicho libro se desarrollan se producen, justamente, en el entorno de la celebración de la boda de una de las doncellas de la reina de la Villa de Asol, en Cipro.

Sin duda un escenario muy bien escogido por Bembo, al tratarse de una  isla que después de 1489 en que la República de Venecia se hace con su gobierno, su reina, viuda, sigue conservando de forma independiente su corte de régimen monárquico dentro de dicha república. Es decir que en la Corte de Asol se mantuvo un régimen político basado en los principios defendidos por Dante en De la Monarquía, que son los que defendieron los humanistas como modo de organización social.

La idea, consiste en crear al príncipe, es decir, educarlo desde niño por los mayores filósofos a fin de convertirlo en el mejor y más justo de los ciudadanos, capaz de ser guía y modelo de su pueblo. Pues bien, en Asol, en el momento de la incursión de Bembo, quien se erige en cronista de su propio relato, es esta reina quien gobierna, y a la que en todo momento debemos identificar simbólicamente con la reina de Chipre, es decir con la diosa  Afrodita, celebrando la boda de una de sus doncellas, razón por la que se encuentran una serie de invitados en la villa de Asol.

Efectivamente allí se reúnen los más selectos personajes del momento, y los embajadores de las distintas Cortes italianas. El relato de Bembo se basa en lo acontecido durante tres jornadas distintas en las que se cantó y filosofó sobre Amor.  Pero eso queda para la cuarta entrega.

miércoles, 7 de agosto de 2013

LOS ASOLANOS Y EL LENGUAJE SECRETO DE LOS FIELES DE AMOR (Capítulo III)

Gli Asolanni, “Los Asolanos” o “Las Gentes de Asol”, es el libro que Pietro Bembo dedica a Lucrecia Borgia de Este, y donde mejor podemos acercarnos al pensamiento que los unió. Bembo frecuentó la amistad de Lucrecia durante todo el tiempo que éste pasó estudiando en la famosa Universidad de Ferrara, que en esa época era un centro cultural de primer orden.

Bembo deja Ferrara y retorna a Venecia donde acababa de fallecer su hermano, una muerte que sumió al poeta en una gran tristeza. Tanto que por un año interrumpió su correspondencia con Lucrecia. Un silencio que rompería cuando finalmente el libro llega a las manos de ésta. Bembo se lo manda a través de un amigo común, el famoso editor Aldo Manuzio, compañero de estudios de Pico de la Mirándola y como él miembro del círculo de la Academia florentina. Serán Aldo y Angelo Poliziano los más allegados personajes del neoplatonismo de Ficino con los que tratará Bembo a lo largo de su vida. Efectivamente de las prensas de Aldo Manuzio salió la primera edición de Gli Asolani,  de igual modo que había salido la primera de Petrarca, precisamente una edición que estuvo a cargo de Bembo.

Este, que había revivido a Petrarca en su corazón, lo hace renacer también para su tiempo en Los Asolanos donde nos entrega el dibujo completo de ese resurgimiento petrarquiano que tanto peso tendría sobre las cortes italianas, especialmente las de Ferrara, con Lucrecia y Mantua con su cuñada Isabel d'Este.  Dos princesas muy importantes en la difusión de esta poesía a través de la música, ya que la segunda apoyó el rescate de las frotolas (sólo la voz sin instrumentos, es decir a capella), que dieron paso a los  madrigales a través de su propia capilla de artistas y músicos entre los que estaba un nutrido grupo de judíos. Y ambas en sus propias fiestas, ya que eran ellas y sus damas, quienes las cantaban.  Precisamente un cancionero manuscrito por distintas manos, y con letras de canciones en italiano y español, era uno de los libros que Lucrecia se trajo a Ferrara desde Roma.

Los Asolanos es el libro que rescata el pensamiento de Petrarca. Se trata de una composición literaria que bien podría ser considerado un juego de inteligencia hecho para razonar. Y aunque estos juegos mnemotécnicos estaban divulgados entre los nobles, no todos participaban en el mismo nivel de ellos ni con la misma claridad, pues lo que para unos podía ser un juego dialéctico, relacionado con la habilidad en el discurso, para otros era un juego de ideas con el que se construían y embellecían las estancias del palacio interior. Precisamente Bembo le escribe a Lucrecia respecto a esto, que ojala las ideas en él expresadas la hagan aún más bella.

Los Asolanos es un libro que utiliza el diálogo, una forma de la literatura tradicional arraigada en Platón, con el fin de exponer los diferentes aspectos y razonamientos de la Filosofía.

En él los personajes, aunque reales, son asimismo arquetípicos y por consiguiente suponen planteamientos que pueden poner en valor temas como la justicia, la bondad, la belleza, etc.  Es un modo que ha utilizado siempre la corriente hermética, que arranca con Platón, para trasmitir conocimientos y exponer con toda claridad formas de pensamiento y de gobierno. Y así como el padre de Pietro Bembo, el embajador de la República de Venecia Bernardo Bembo, había levantado una estatua a Dante, su hijo Pietro se la levanta a Petrarca, que si bien es un escalón más abajo que el primero, como él mismo reconoció, es sin embargo un peldaño que facilita el ascenso. En realidad no podemos saber hasta qué grado de comprensión llegaban aquellos que conocían este lenguaje disimulado bajo la retórica romántica. Pero sí podemos afirmar que mientras unos poetas admiten el sentido literal de estas composiciones sobre el amor a una dama, otros ven, tras esa misma fórmula, distintos planos mucho más sutiles de esa misma realidad. Estos planos, o grados de comprensión, pueden ser tres o cuatro, según se vea, y son:

Punto de vista profano.
Punto de vista alegórico.
Punto de vista simbólico.

 O bien:

Punto de vista literal.
Punto de vista alegórico.
Punto de vista esencial o sintético.
Punto de vista arquetípico.


sábado, 27 de julio de 2013

PIETRO BEMBO ENAMORADO DE LUCRECIA BORGIA (Capítulo II)



            Pietro Bembo retratado por Rafael




Pietro Bembo se entera del matrimonio del hijo del duque de Ferrara con Lucrecia Borgia mientras permanece en Venecia. Como todos los demás había oído cosas terribles de Lucrecia. Sin embargo, de un lado y de otro de Italia y especialmente de parte de sus amigos los poetas Strozzi, padre e hijo, descubre que la gente está entusiasmada con esta princesa romana. Pronto él mismo comprobará en qué consiste la seducción que esta mujer ejerce sobre quienes la conocen. Descubrirá que esta madonna  con fama de mujer fatal, es en realidad una linda joven, de figura delicada y pelo rubio como el oro y una forma atractiva en el vestir, siguiendo la moda española. En definitiva una bella mujer que adornaba su persona con cintas en el pelo y modales refinados. Y en especial lo que en ella resalta es su fina inteligencia, algo que para Bembo no es sino la causa de aquel  sutil reflejo en su semblante. Lucrecia se desveló ante todos como una mujer excepcional, cuya preparación se ponía de manifiesto al abordar cualquier tema y en el diálogo en general. Quienes la escuchaban decían que hablaba de los temas “con mucha seriedad y sabiendo de lo que hablaba”. Bembo descubre que Lucrecia está avezada en la lectura de Dante, Petrarca, Bruni, Cicerón, entre otros. Y que con ella es posible emplear el lenguaje secreto de los símbolos  del amor y la virtud, tal y como lo entiende la Filosofía Platónica.


Bembo, que ya es un reconocido poeta, nada menos que el más destacado de su época, cuando conoce a Lucrecia cuenta con poco más de 30 años. Pronto esa mujer romana poseedora de una clase de virtud que excede la belleza física, o mejor dicho, que la provoca, despierta en él sentimientos propios de un caballero hacia su dama. Aquella con la que compartir ideas y un amor por el “lenguaje de los pájaros”, o sea, por la conversación capaz de poner música a las letras evocadoras, que es lo que al fin y al cabo conforma ese lenguaje secreto que manejaban los Fieles de Amor. Un lenguaje compartido por los iniciados en Amor, que como dice el poeta no es lo mismo que en el amor, puesto que se refiere a los que habiendo penetrado su clave pueden recrearla. Bembo se reitera en lo que ya ha oído a los demás y vuelve a comparar a Lucrecia con Venus, y con aquella gracia o energía que encarnó Helena de Troya, protegida de la diosa del amor y la sensualidad sublime.


Le escribe Bembo a Lucrecia:



“A pesar de la belleza por la que en vano rivalizan contigo la hija de Agenor y Helena de Esparta, secuestrada por el troyano Paris, sabes consagrarte a los estudios y a las artes delicadas y no dejas que tu genio quede ahogado por el esplendor de tu belleza. Si declamas versos en lengua vulgar, semejas una muchacha nacida en Italia. Si tomas la pluma, escribes versos y poemas que son versos y poemas dignos de las musas. Y si a tus manos de marfil le place tocar el arpa o la cítara, resucitan con un arte delicado las notas tebaínas. Si te place evocar las olas vecinas del Po haciendo estremecer la corriente, merced al encanto de tus notas suaves; si te place abandonarte a las danzas y saltar con pie ligero al son de la música ¡oh!, cuanto temo que de darse cuenta por ventura algún dios, no te arranque furtivamente de tu castillo y te lleve, sublimemente, con un vuelo ligero por el aire, para hacer de ti la diosa de un astro nuevo.”


Bembo y Lucrecia tuvieron una preciosa historia de Amor. Aunque para nada llegó a convertirse en un amor carnal, sino en una clase de amor sublime que únicamente quienes habían alcanzado a concebirlo intelectualmente estaban capacitados para entender. De su relación queda una hermosa correspondencia, actualmente guardada en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, entre sus incunables, pues se trata de un códice manuscrito que Pietro Bembo realizó para Lucrecia. El manuscrito recoge la correspondencia entre ambos y consta de 11 poemas españoles, 9 cartas autógrafas que Lucrecia le había dirigido y un poema de Lope Estúñiga dedicado por Lucrecia al caballero Pietro.


Es como si Bembo hubiera condensado aquel sentimiento y aquella historia de amor platónico en dicho manuscrito, que guardó junto a un mechón de su rubio cabello que el enamorado conservó entre sus cosas.

En una de esas cartas le dice Bembo a Lucrecia:


“Cada día halláis con ingeniosa invención, manera de avivar mi fuego, como lo habéis hecho con la cinta que hoy que orla vuestra lucidísima frente”

(Continuar)


jueves, 25 de julio de 2013

Lucrecia Borgia, la hija del Papa Español (Capítulo I)

Lucrecia Borgia. Retrato de Bartolomeo Veneto

Lucrecia Borgia es, para la mayoría, un personaje fabricado por la rumorología que ya comenzó a fraguarse en su época, a caballo entre el Quattrocento y el Cinquecento. Sin embargo, aunque algunos literatos y cineastas han preferido abundar en ello al punto de preferir el personaje inventado, lo cierto es que podemos afirmar que la realidad supera a la ficción, de ahí que de todos los papeles asignados a la figura de Lucrecia Borgia el suyo verdadero resulte el de mayor interés, pues la vincula con el pensamiento de Los Fieles de Amor, es decir, con Dante, Petrarca, Boccacio y Pietro Bembo, entre otros.

La vida de esta mujer hija del Papa español Rodrigo Borgía y de su amante Vanesa Catanei, pasa por etapas muy diferentes, pues tiene varios matrimonios, uno a los 13 años con Giovanni Sforza de Milán, conde de Pesaroque por intereses de la política vaticana, es anulado por su propio padre el Papa Alejandro VI que acusa al esposo de impotencia. Seguidamente, y por esa misma política de poder, su segundo Alfonso de Aragón, Principe de Salerno, de quien espera un hijo, será asesinado, según opinión de muchos por un sicario de su hermano César Borgia.

Pero el destino, forjado de miles de filamentos, quiso que en su tercera boda abandonara Roma, y las intrigas del Vaticano, para convertirse, con 21 años, en la esposa de Alfonso de Este, hijo del Duque Ercole, ambos viudos, y por tanto en Dama de una de las cortes más brillantes de Italia y centro cultural de primera magnitud. Allí ejerció como una auténtica donna de palazzo, con toda la carga que el término poseía dentro del organigrama de las Cortes de amor y entre todos aquellos que participaban del ideal humanista del Renacimiento, esto es, ser la contraparte femenina de la pareja de gobernantes en un tiempo en el que, como sabemos, se recuperó por parte de ciertos grupos intelectuales, encabezados por miembros de la Academia Platónica de Florencia, de la que eran miembros destacados Marsilio Ficino y Pico Della Mirándola, el valor del pensamiento y la Filosofía, tal y como fue formulada por los clásicos, Platón, los Textos Herméticos, los Oráculos Caldeos, etc. (continuar)

jueves, 18 de julio de 2013

Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos


Portada del Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, la monumental obra de Federico González Frías


Para los que os acercáis a este lugar porque esperáis encontrar novedades que os resulten afines, os invito a conocer esta obra insigne, e incluso heroica en los tiempos que corren, del autor más cualificado de la Tradición Hermética y el Esoterismo Occidental, como muchos saben. Un libro considerado como semillero de palabras y de ideas y un arca de símbolos según las opiniones de sus lectores, y de todo aquél que se esté dando cuenta de aquello que, por otro lado, señalan todas las Tradiciones, que estamos viviendo los últimos estertores de este Fin de Ciclo y por ello mismo de la importancia que en estos tiempos tiene el lenguaje y el conocimiento de los niveles de lectura que tienen las cosas.

Estas son algunas de las opiniones que hasta ahora ha suscitado esta obra:

 
"Ningún Diccionario había penetrado hasta ahora en el símbolo tan íntimamente como lo hace esta obra de Federico González Frías. Estos textos no son una «aproximación» a los símbolos, una explicación de ellos, sino que es el propio símbolo el que nos está hablando: con gracia, sencillez y precisión". Mª Victoria Espín
.
 
"Es un instrumento de trabajo en nuestras labores herméticas y metafísicas, pero él va más allá en el sentido de que trata al símbolo y a todo lo que éste significa no sólo como un soporte en el camino del Conocimiento, sino que habla de ese Conocimiento mismo que el símbolo le revela. Es una experiencia viva, y vívida, efectiva, la que se plasma en este Diccionario, y esto, para quien realmente lo sepa apreciar puede ver en él un punto de referencia permanente para ir verificando, y contrastando, su propia experiencia en ese camino, es decir en su aprendizaje de la Cosmogonía Perenne. Esto sólo sucede con obras que, como las de nuestro autor (y ésta en particular), están destinadas a desempeñar una función axial dentro del ámbito al que van dirigidas especialmente. Así ocurre también con la obra de René Guénon". Francisco Ariza.
 
"El libro puedes leerlo, bueno, jugarlo, saltando de una voz a otra correlativamente, desde la “A” hasta “Zoroastro”; aunque también admite abrirlo al azar, o bien seguir circuitos circulares o espirales que se insinúan con estos signos, e igualmente descubrir por ti mismo muchos otros recorridos sutiles. Es tan amplio y profundo como las seis direcciones del espacio tridimensional, tal cual la caja cúbica del cosmos, en la que tú te sitúas en la encrucijada de todas las coordenadas". Mireia Valls.
Sin duda éste va a ser un buen manantial que nutrirá nuestro blog.
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La obra: Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos ha sido editada por Libros del Innombrable (Colección Thot, Zaragoza, España). Tiene 1076 entradas y 880 ilustraciones b/n, y 926 páginas. (Disponible en Amazon y otras librerias) (Diccionario en la red)
Espero que la gocéis. Núria.

 

viernes, 31 de mayo de 2013

Isabel de Este


Texto del Video.
"Isabel de Este, la Gran Dama del Renacimiento"

Isabel de Este fue la gran dama del Renacimiento la cual se distinguió por la cantidad y calidad de las personas de las que se rodeó durante toda su vida ya fuera dentro del mundo del arte, la literatura o la política. Su enorme correspondencia, pues más de 30.000 cartas que se conservan así lo demuestran. Lo cierto es que Isabel se movió, como ninguna, con soltura y determinación en todos los ambientes de las cortes italianas, por lo que fue descrita como “La prima donna del mondo”.

Entre sus amigos podemos nombrar a pintores como Andrea Mantegna, Tiziano, Rafael, Leonardo da Vinci, Correggio… escultores como Cristóforo Romano, escritores, como Pietro Bembo o Baltasar Castiglione, autores de los Asolanos o el Cortesano, respectivamente, poetas como Angelo Poliziano o Mario Equicola, su tutor y también amigo de la Academia platónica de Marsilio Ficino, músicos, como Guillermo Hebreo de Pesaro, matemáticos como Luca Pacioli quien le dedicó un libro sobre ajedrez que ilustró Leonardo, amigo de ambos, y que en esa misma época realizó a Isabel el bosquejo de un retrato donde se ha visto la imagen de la Gioconda, y por supuesto fue amiga de los Médici, gobernantes de Florencia, en especial de los hermanos Giuliano y Lorenzo el Magnífico. También se relacionó con poetisas, escritoras y mujeres de letras como Vittoria Colonna, la musa de Miguel Angel, Verónica Gambara, Cecilia Gallerani, la dama del armiño, Giulia Gonzága coautora junto a Juan de Valdés de unos famosos diálogos cristianos, etc. etc.

Isabel no sólo fue la mujer mejor relacionada de todo el Renacimiento, también era la más elegante, la más refinada, la más admirada y la más culta. Su fama no se limitaba a su Italia natal, sino que se extendía a toda Europa. Equicola, que fue su secretario, nos cuenta que acompañó a Isabel en varios de los muchos viajes que ésta realizó, mencionando los interesantes hallazgos que pudo hacer y las facilidades que obtuvo estudiando determinados archivos a los que pudo acceder gracias a las gestiones diplomáticas de esta dama. Hija de Ercole de Este y de Leonor de Aragón, señores de la corte de Ferrara, Isabel recibió una educación esmerada propia del humanismo, basada en el estudio de las artes liberales, el conocimiento de los clásicos y el aprendizaje de distintas lenguas entre ellas griego y latín. A dicha escuela ferrarense asistieron igualmente personajes de la talla de Pico de la Mirandola o el editor Aldo Manuzio entre otros muchos humanistas venidos de distintas cortes de Europeas. De Ferrara se trasladó a Mantua donde al casarse con Francesco Gonzaga, condotiero de profesión, se convirtió en Marquesa de esa pequeño estado que bajo su mecenazgo llegó a ser la corte más atractiva del momento, pues a pesar de contar con poco presupuesto en comparación con la de Milán donde era duquesa su hermana Beatriz, casada con Ludovico el Moro, o la de Urbino, en la que era duquesa su cuñada Elisabeth Gonzága, o la propia corte de Ferrara, donde la duquesa era Lucrecia Borgía, esposa de su hermano Alfonso, sin embargo la de Mantua fue la que alcanzó, en esa época, mayor nivel cultural de tal modo que todos los artistas acudían a ella a ofrecer sus servicios. Se decía entonces que la marquesa conseguía grandes cosas con mínimos recursos.

Nada más llegar a Mantua Isabel construye su studiolo en la torre del castillo de San Giorgio, en donde guarda los objetos más queridos, pequeños bronces, preciosos manuscritos, instrumentos musicales y un globo con el que sigue los viajes de Colón. Isabel fue la primera mujer en tener en su residencia, una habitación privada de esas caracteristicas, que hasta entonces sólo poseían los señores y que utilizaban para entrar en ella a meditar antes de tomar una decisión importante. Isabel cubrió de pinturas mitológicas las paredes de su studiolo para ello cuenta con Andrea Mantegna, pintor de la corte que ya había realizado en el palacio otras obras como los frescos de la "Camara de los esposos", quizá la habitación más preciosa de cuantas se han decorado. A este maestro de la perspectiva le encarga dos escenas: "El Parnaso" y " El triunfo de la Virtud ", aunque también intervienen en la decoración de su studiolo Perugino, Giovanni Bellini, Lorenzo Costa y Corregio, entre otros. Sus piezas arqueológicas, sus esculturas y sus pinturas distribuidas en distintas zonas de la casa significó un cambio fundamental en la decoración del palacio, pues no serán los retratos familiares o de vida palaciega, ni las escenas de caza, militares o religiosas, las muestras que decorarán las estancias de San Giorgio, sino que trae al entorno imágenes que evocan su propio mundo interior y aquellas ideas que quería traer a su meditación para que influyeran en su pensamiento. Todo lo cual forma parte de la magia-teúrgica que acaba confirmando que uno es de la misma sustancia de las imágenes que le alimentan.

A su studiolo solía invitar a sus íntimos amigos, todos aquellos con los que podía mantener conversaciones que elevaran el espíritu y la mente, tocar y oír música, otra de las pasiones de Isabel, y recibir comunicaciones de lo que sucedía en otras. Cortes o novedades de América. Isabel es del todo exigente con los pintores a los que prescribía los temas que quería para los cuadros, y no sólo eso, también las dimensiones exactas que debía tener el lienzo y hasta los colores, los tonos e incluso la composición de las imágenes, también tenía en cuenta por donde, una vez colgados, debía llegarles la luz, cosa que dependía de si iban a tener cerca un ventanal a la izquierda, a la derecha o en frente. El caso es que el cuadro llegara a formar parte del escenario de modo que todo estuviera en armonía. A veces los artistas se quejaban de que nos le dejaba libertad en el diseño y ella a su vez les reprochaba ser menos dóciles que los escritores que sí seguían sus indicaciones. Pero Isabel no era una excéntrica sino que sabía muy bien qué deseaba obtener a sus artistas plásticos para quienes había traducido, junto al platónico Equicola, el libro de Filóstrato, donde este autor clásico describe una galería de la antigüedad construida sobre la bahía de Nápoles, poniendo en palabras todas las pinturas que allí había para que los jóvenes artistas que le escuchaban supieran qué atributo identificaba a cada dios, a cada mito, a cada escena, no fuera el caso que por desconocimiento de esos atributos, dejándose llevar de sus inspiraciones personales, tergiversaran el sentido de la obra. En 1519, tras enviudar, Isabel decide trasladar su studiolo desde la torre del castillo a un nuevo emplazamiento en la planta baja , donde reproduce su antiguo studiolo con todos sus tesoros, pero además añade espacios nuevos, como la Gruta, el Jardín Secreto y un gran Salón para reuniones a donde lleva todas sus antigüedades y piezas arqueológicas, algunas obtenidas en Delos, cuna del mayor templo de Apolo, recuperándolas así de la destrucción, ya que nadie, por aquél entonces, ecepto estos humanistas, conceden importancia a lo que se considera algo viejo y ruinoso.

Para la Gruta se realizaron trabajos de incrustaciones extraídos de arquitecturas literarias donde se describían ciudades imaginadas . Mario Equicola, que era uno de los que conocía bien este lugar nos cuenta que la gruta estaba plagada de toda clase de delicias. Isabel no sólo se ocupó de crear en Mantua las mejores bibliotecas y de encargar las más bellas ediciones de los libros de los clásicos, en especial de Virgilio que por algo sus obras habían sido escritas en aquella tierra mantuana. También gobernó con decisión para conservar la estabilidad de su estado, dado que su esposo Francesco, como capitán de un ejército, se pasó la vida en combate, preso o postrado en cama por la enfermedad que se lo llevó con poco más de 50 años. Isabel, que vivió una larga vida dedicada al estudio, la música, los viajes y las relaciones personales, se interesó también en la figura de María Magdalena haciéndose retratar ella misma en ese papel, asimismo compuso, junto a su amiga Verónica Gambara, una iconografía propia para esta discípula de Cristo, una forma nueva que mostraba a la santa desnuda como una Venus y absorta en la lectura. Esta Magdalena Leggente, fue un encargo que la marquesa hizo para su gruta a Correggio. Por cierto una representación que en los siglos sucesivos fue imitada por otros pintores. Equicola, autor entre otros De natura de amore, donde trata de la naturaleza metafísica y poética del Amor Cortés, obra inspirada en el De Amore, de Ficino, escribió también un tratado sobre la divisa de Isabel: Nec spe nec metu. “Si nada espero, nada temo”. Mª Angeles Díaz.