lunes, 25 de agosto de 2014

Elogio a la Jara

Preciosa Jara en el camino.

Una flor singular ilumina, como si de estrellas se tratara, las montañas de Sierra Morena. Se trata de la Jara, la cual crece crece en tupidos arbustos que se propagan en distintas zonas del sur de la Península Ibérica, y que son propios de otros varios lugares de la geografía mediterránea.


La Jara tiene bellísimas flores de una textura muy peculiar, algo pegamentosa en sus pétalos blancos, como de papel de seda, medio textil. Pétalos que al recibir la luz del atardecer la retienen de tal manera que cada flor se convierte en un punto de luz centelleando entre los verdes matorrales cual mariposas luminosas, produciendo preciosos efectos ópticos

¿Cómo no pensar, al ver estas luciérnagas florales, en las antorchas que portaba la diosa Deméter en sus propios dedos cuando iba en busca de Perséfone,  o sea Kore, la hija secuestrada por el dios del inframundo?

En mis viajes al sur de España, al cruzar por Sierra Morena donde la jara se extiende durante kilómetros,  he podido observar la relación de esta flor con el sol y con el fuego y he descubierto que es verdaderamente extraordinaria, pues no sólo es luminaria para los viandantes que por carretera o a pie cruzan la sierra, sino que el Gran Arquitecto del Universo la ha creado justamente para que tenga una relación íntima con el ardor de las llamas. 

Sucede que esta aparentemente frágil flor, del tipo de la amapola o la anémona, está dotada de un misterioso mecanismo para reforestar la tierra cuando ha sido devastada por el fuego, dado que sus semillas están encapsuladas en un pequeño armazón con forma de trompo que resiste al incendio y que posteriormente a este, tras recibir directamente los rayos plenos del sol sin interferencias de árboles u otros pobladores vegetales, se abren esparciendo cientos de semillas que prosperan rápidamente en el bosque calcinado al absorber los nutrientes de las cenizas.

Jaras, cual mariposas florales
Esa afinidad de la bella jara con el fuego también se descubre cuando se conoce que es portadora en sus hojas de propiedades medicinales que curan las quemaduras, mientras que infusionadas alivian los problemas de quemazón gástrica.

Y por si fueran pocas todas estas cualidades de la jara decir también que tiene un perfume de embriagadora dulzura, tanto para las abejas como para los pastores que dirigen sus rebaños de ovejas a cruzar por los jarales con el fin de que impregnen su lana con el láudano, un producto que exalan estas flores el cual desde antiguo se emplea en perfumería por su efecto fijador, ya que hace durar más el aroma del perfume sobre la piel.

Y para concluir este elogio a la jara y a su naturaleza pirófila (del griego pyrós que significa 'fuego' y philia
, 'amistad') aquí van unas fotos de esta preciosa flor, que para quien la descubre ya nunca será una simple y frágil floración, adorno de los caminos, sino que tendrá que admitir que la jara es el símbolo de un trazo divino, origen misterioso de su hermosura y una muestra más de la eterna sabiduría natural. Mª Ángeles Díaz

Jaral en flor.



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