domingo, 18 de septiembre de 2016

Acerca de la ebriedad que viene de Dioniso

Baco. Leonardo da Vinci

Andros es una isla consagrada a Dioniso, un dios que representa la Fuerza de la Naturaleza, del vino y del éxtasis que éste procura, pues a decir de Hesíodo, "es el vino un fermento que la gracia del cielo dona a los hombres". Sin embargo este vino, y la embriaguez que procura Dioniso, tienen otras connotaciones que van mucho más allá de la simple borrachera. Recordemos que Sócrates, maestro de nuestra Tradición filosófica, vencía a todos en la bebida, pero nunca se emborrachaba.

La ebriedad que viene de Dioniso es la de ese Amor al Conocimiento, una energía cuyos efectos han sido desde siempre comparados con la sensación de alegría y entusiasmo que siente el corazón enamorado cuando está junto a su amor. 

Ese estado también tiene que ver con la memoria de lo que es, ha sido y será, pues sus efectos son capaces de abrirnos la mente y hacernos ver que muchos de nuestros pesares son pasajeros. Y que la alegría es el mejor antídoto contra la tristeza.
Hypnerotomachia Poliphili

Los verdaderos ritos dionisíacos se encuentran especialmente recogidos en un libro enigmático donde los haya, titulado Hypnerotomachia Poliphili, el cual está basado, precisamente, en los Hieroglyphica de Horapolo.

Por cierto, Hypnerotomachia Poliphili fue un libro secreto que gracias a estar escrito en una «lengua especial», no interpretable a primera vista, no pereció en la hoguera de la Inquisición italiana que en esa época perseguía ferozmente a los hermetistas y sus ritos literarios. Recuerdo haber oído hablar por primera vez de esta obra a Federico [González Frías]. Fue durante una conferencia en la sede del Centro de Estudios de Simbología de Zaragoza (España),  la cual ofreció justamente para presentar su libro sobre Las Utopías Renacentistas(1). 
Hypnerotomachia Poliphili


Allí, aunque aludió a varias de las utopías que había estudiado en dicha obra, se centró bastante en hablar de Hypnerotomachia Poliphili, un relato que describió como “un sueño de amor, donde el enamorado, llamado Polifilo, emprende un camino en pos de la ninfa Polia, su amada”. Esta a su vez es la que le va guiando a base de ofrecerle jeroglíficos y enigmas que él tiene que descifrar. "Esta Polia, dijo Federico, es para Francesco Colonna, su autor, lo que Beatriz es a Dante, es decir la Sabiduría Universal, a la que Polifilo ama tan profundamente que es capaz de seguirla con exclusión de cualquier otra cosa y dejarse guiar por ella abandonándose a su puro amor al punto de entender que la única gratificación que ansía es poseerla, ser uno con ella".


Hypnerotomachia Poliphili es una obra muy misteriosa que trata sobre los secretos de Amor, por lo que está escrita en clave. Consta de 38 capítulos y 171 grabados o xilografías en las que se representan cultos y festividades. Está pues repleta de enigmas tanto esotéricos, filosóficos como políticos, que van siendo intercalados en todo el libro. 


Se dijo durante mucho tiempo, que el libro era anónimo, sin embargo podemos señalar que existe un acróstico donde se encuentra escrito, y a la vez oculto, el nombre de su misterioso autor, Francesco Colonna. Este nombre no aparece escrito de forma normal sino que se obtiene de juntar las letras iniciales, o letras capitales, con las que comienza cada capítulo, y así se lee: Poliam frater Franciscus Columna peramavit, que debería traducirse como: «El hermano Francesco Colonna ama apasionadamente a Polia». Este sistema de enmascarar mensajes dentro de otro texto, de imágenes o de objetos, es una de las artes que practicaron los hermetistas, con la finalidad de ocultar a los profanos lo que sólo los iniciados sabían interpretar. (Fragmento.Texto del libro: Viaje Mágico-Hermético a Andros. Una aventura Intelectual M.A.D. Editorial. Symbolos.

Hypnerotomachia Poliphili

Nota: (1) Unos días antes lo había presentado en la sede del CES de Barcelona, ambos Centros de Estudios fundados por él. En dicho libro nuestro autor le dedica a este tema el capítulo VIII, titulado: «Las Utopías del Sueño. Hypnerotomachia Poliphili»

jueves, 15 de septiembre de 2016

Zen en el Arte del Tiro con Arco



"Cuando la cuerda está estirada hasta donde le permite el arco, éste encierra el Universo." 




El tiro con arco o arquería es otra disciplina en la instrucción del Zen. Por medio de esta práctica los alumnos consiguen ser unos expertos en disparar al blanco, pero lo que realmente pretenden los maestros no es hacer de sus alumnos expertos tiradores, sino que lo que en realidad persigue la concentración que exige esta actividad es despertar la intuición natural del aprendiz arquero, de modo que una vez éste ha logrado un buen conocimiento de la herramienta (el arco) y arte en el tiro, el disparo se produzca de modo intuitivo, sin apuntar o concentrarse en el blanco, que nada importa a la naturaleza de las enseñanzas Zen. "Comprometed toda vuestra vida en el tiro de una sola flecha" dicen los maestros arqueros, y es que en esa acción, arquetipo de la acción original, se descubre todo el Zen.

El arco, construido en madera de bambú llega a medir unos dos metros de longitud, por lo cual es fácil imaginar la enorme dificultad que entraña su manejo, y por consiguiente se ve que no ha sido diseñado para competir deportivamente, por ejemplo, sino que su diseño está adecuado para servir de apoyo a las enseñanzas del Zen. 


La primera fase del aprendizaje consiste únicamente en hacerse con el manejo del arco y la cuerda. Es ésta una tarea tan dificultosa y que exige tanto tiempo de entrenamiento que el practicante acaba por olvidarse de la flecha y el disparo. Su interés se halla centrado exclusivamente en conseguir la tensión correcta de la cuerda, para lo cual necesita acoplarse íntegramente al arco, con firmeza pero con ductilidad, evitando que todo su cuerpo se tense al mismo tiempo, pues el tiro sólo será correcto cuando consiga liberar su cuerpo (y su mente) de tal tensión, y concentre toda su fuerza en la mano. 

Esto podría inducir a la idea de que el arte de la arquería está reservado a personas de físico fuerte, pero esto no es así ya que tanto hombres como mujeres se ejercitan en él. Ahora bien, sí que son necesarias la paciencia, el tesón y la fuerza de voluntad para no abandonar antes de obtener resultados.  En esta primera fase de instrucción el maestro del Zen no ejerce ninguna presión o influencia en el discípulo, y su papel consiste en indicarle las reglas básicas de posición y respiración, que deben adoptarse en el ejercicio. 

Como todo guía espiritual o intelectual verdadero, el maestro pertenece al linaje de los hombres auténticos y éstos no están interesados más que en lo original y genuino de los seres, donde radica la verdad y libertad de todos ellos. Indicando a quienes muestran interés, el camino que sirvió a su propia liberación. El maestro es un ejemplo a seguir (no a imitar) y su método tiene la fuerza de su propia experiencia, requisito imprescindible en toda transmisión real de iniciación al conocimiento.


El propio aprendiz arquero tendrá que desarrollar una autodisciplina para llegar a conocer sus fuerzas y debilidades, a medida que se descubren las propias energías, se advierte el modo de integrar el cuerpo y la mente en el espíritu del tiro. Sólo de este modo se puede llegar a entender el espíritu que vehícula el arte del tiro con arco. El ardid, por parte del discípulo, queda excluido completamente y los maestros, cuando comprueban cualquier tipo de engaño para llegar a dominar el tiro de forma artificial, sencillamente le quitan el arco al aprendiz y le dan la espalda negándose a seguir instruyéndole. 

Una vez superada la fase con el arco y la cuerda es el momento adecuado para tomar la flecha y prepararse para el disparo



La finalidad del ejercicio es el conocimiento que uno mismo ha logrado adquirir de sí mismo, llave con la que se abren otros espacios de la realidad; y sólo cuando se posee ese conocimiento se está en condiciones de lanzar la flecha. Esta debe sujetarse hasta el momento idóneo para el tiro una vez que el arco obtiene la curvatura precisa, la cuerda la tensión necesaria y la mano se halle en el justo medio. En ese momento de preciso equilibrio entre el arco y el tirador se produce la liberación de la flecha, quedando en ese mismo acto de comprensión simultánea liberado el espíritu del arquero. 


La propia figura del tirador, envuelto completamente en el círculo que forma el arco extendido, sitúa al corazón del arquero en el centro mismo del círculo, siendo de ese modo como puede verse que este centro desde el que se proyecta la flecha es, a la vez que punto de partida, verdadero blanco de la flecha, al que ésta retorna una vez trascendidos o superados los límites individuales. "Cuando la cuerda está estirada hasta donde le permite el arco, éste encierra el Universo." 

El arquero inspira intensamente a la vez que estira la cuerda, hasta quedar lleno de aire, conteniendo la respiración al tiempo que retiene la flecha en un estado máxima tensión o equilibrio. Cuando su intuición inteligente, concretizada en su habilidad en reconocer la sincronía perfecta del momento, le indica soltar la flecha, ésta parte con su hálito que se mezcla con el mundo, en una acción única, y que por cierto, no tiene intención ni interés alguno por los resultados.

Sólo entonces los maestros presentan el blanco a sus alumnos, situado ahora a unos 60 metros de distancia. Los aciertos son certeros en la mayoría de los disparos, pero ningún iniciado o maestro del arte de la arquería les presta ninguna atención. Cuando aciertan en el blanco (cosa que hacen incluso con los ojos tapados) no se conceden ningún mérito, y tampoco cuando fallan se inmutan, puesto que no hay intención en los disparos. Así el espíritu del Zen siempre decide; lo que importa es estar en sintonía con él de modo que pueda manifestarse en todos y cada uno de los hombres que aman el "Arte sin artificio" por encima de todo.


¿Dónde o cuándo se inició verdaderamente el disparo?: "La infinita profundidad es la fuente donde se origina todo lo que hay en el Universo", dice Lao-Tse. Caer en la cuenta de esta verdad trascendente supone desinteresarse por cualquier resultado, pero también supone prescindir del arco, o de cualquier ejercicio externo programado. La experiencia cognoscitiva queda impresa en el corazón del artista, que todo hombre es, y toda obra que realiza, a partir de entonces, es una obra con arte. M.A.D.

Publicado en Revista SYMBOLOS 
Arte - Cultura - Gnosis
 

martes, 6 de septiembre de 2016

La Única Enseñanza es Aprender




Es en la pura contemplación, vacío de formas y de conceptos adquiridos, como el hombre consigue penetrar el núcleo de las cosas.
Es vaciando su espacio mental, su estructura psicológica o su adulterada personalidad, plagada de egos o poses, como el hombre obtiene su experiencia de satori o iluminación, restaurándose en él su ingenuidad primigenia, la del no saber, o de la "docta ignorancia".
 Ahí se produce la iniciación y empieza el aprendizaje, es decir, el arte de vivir la iniciación, pues la "única enseñanza es aprender" como dice Federico González Frías.
 -"¿Qué es el Zen? -preguntó un discípulo a su maestro Seug Sahn.
-¿Qué eres tú? -respondió éste
 (Silencio)
-¿Comprendes?
 -No sé
-Esa mente que no sabe eres tú. El Zen es comprenderte a ti mismo".
Significa que las cosas deben ser observadas como verdaderamente ellas son: tremendamente simples o naturales y sorprendentemente misteriosas o sagradas. Sin que entre ellas y nosotros interfieran los juicios que sobre ellas tengamos pre-fijados, (prejuicios) pues son puntos de vista siempre relativos. Implica, por consiguiente añadirse a ellas, o más bien contemplar que uno ya está añadido.
Si algo nos separa de esa perspectiva de unidad, es decir de la Realidad, es nuestra mente, esa que nos hace creer que somos su producto, que quiere comprender por ella misma, que se siente capaz de razonarlo todo partiendo de unos condicionamientos impuestos por las múltiples anécdotas personales, privando al hombre verdadero de reconocer su auténtica naturaleza esencial. Esa mente prepotente (individualista) que hace al hombre esclavo de su ignorancia es la que hay que regenerar, es decir, vaciar, para estar en condiciones de comprender el Zen o el Ser. (Fragmento).

Publicado en la Revista SYMBOLOS: Arte – Cultura – Gnosis.