sábado, 29 de noviembre de 2014

Federico González Frías. Por Siempre vivo


En lo más profundo de la madrugada del día 9 de Noviembre de 2014, a tan solo dos días de sus 81 años (que se cumplen ...precisamente hoy, día 11), ha fallecido uno de los hombres más excepcionales que sin duda ha dado nuestro tiempo: Federico González Frías. Es una pérdida irreparable para su familia, de la que sus alumnos y amigos más cercanos formamos parte, y una pérdida también para quienes en algún momento de sus vidas lo conocieron, a él personalmente o a su obra y se vieron beneficiados por su pensamiento, como está quedando demostrado por las numerosas muestras de cariño, respeto y admiración llegadas de todas las partes de la tierra que estamos recibiendo estos días desde distintos medios.


Federico ha dejado un vacío en este mundo ya crepuscular, que quizá se haya hecho un poco más oscuro sin él, aunque estamos convencidos que ese vacío lo llenará todo lo que hizo por la permanencia y actualización de la Filosofía Perenne o Ciencia Sagrada, a la que en algún momento describió como una panacea o medicina universal expresada a través de “una serie ordenada de conocimientos interrelacionados, de una doctrina (jamás de un dogma), capaz de explicar a los hombres su propia naturaleza y la del mundo en que viven” ("Introducción a la Ciencia Sagrada. Programa Agartha").


De Federico podría afirmarse aquello que los antiguos manifiestos rosacruces decían acerca de los verdaderos sabios, y que él mismo recoge también en "Las Utopías Renacentistas", una de sus obras fundamentales sobre la historia de las Ideas:

“téngase por seguro que las personas enviadas y reunidas por Dios, los seres más sutiles de cada siglo son obra de la máquina del mundo, y ellos viven por encima de los demás en la más alta unidad y el mayor secreto”  

Pero si hay momentos en que las palabras se hacen más difíciles de articular este es uno de ellos, y sin embargo nos vemos en la necesidad imperiosa de decir, de expresar, de manifestar precisamente ahora, cuando más turbada está el alma por la pérdida del amigo, del hermano y del padre espiritual, estas brevísimas palabras, apenas un esbozo, acerca de qué hombre excepcional estamos hablando.


En este turno tenía que leer el Salmo 103, titulado “Dios es amor”, un Salmo bellísimo y profundo, pero finalmente me di cuenta que en verdad no tenía necesidad alguna de acudir al rey David para hablar de ese amor y sus bendiciones que nos rescatan del olvido, del sueño y la fosa de la muerte (a-mor: no muerte, como decía Dante en la Vida Nueva). Ese amor nos fue dado en abundancia por Federico, quien también nos enseñó a todos los aquí presentes el respeto hacia lo sagrado, imprescindible en una vía de Conocimiento en la que el propio Federico, con la Enseñanza de su obra escrita y oral, y también por medio de su Escuela de Pensamiento basada en ella, nos introdujo a través de los vehículos simbólicos de la Tradición Hermética, a la que Federico ha contribuido decisivamente a refundar para nuestro tiempo, dándole una nueva vitalidad para seguir siendo lo que ésta ha sido siempre para Occidente: su luminoso faro intelectual.


No en vano el lema de Federico, y que resume su acción en el mundo, es In Omnia Caritate, “En todo la Caridad”. ¿Y cómo no iba a dar él esa caridad, ese amor, a quienes se acercaron y oyeron su verbo fecundo, espermático, y estudiaron su obra escrita, y la siguen y seguirán estudiando, y recreándola, asumiendo esa herencia recibida? Pues su Enseñanza es como una brasa siempre encendida capaz en cualquier momento de inflamar el alma y arrebatarla hacia “las regiones siempre vírgenes” del Espíritu. El amor, como la inteligencia a la que está íntimamente unido, es hijo de la Sabiduría, y es ella, madre y amante generosa, la que lo nutre y alimenta, como el Pelícano alimenta a sus hijos con su propia sangre. En su primer libro, El Simbolismo de la Rueda, Federico recoge estas palabras de Salomón acerca de la Sabiduría:

“Hay en ella un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil, perspicaz, inmaculado, claro, impasible, amante del bien, agudo, incoercible, bienhechor, amigo del hombre, firme, seguro, sereno, que todo lo puede, que todo lo observa, penetra todos los espíritus, los inteligentes, los puros, los más sutiles. Porque a todo movimiento supera en movilidad la Sabiduría, todo lo atraviesa y penetra en virtud de su pureza. Es un hálito del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipresente, por lo que nada manchado llega a alcanzarla. Es un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de su bondad. Aun siendo sola, lo puede todo, sin salir de sí misma renueva el universo, en todas las edades entrando en las almas santas, forma en ellas amigos de Dios y profetas, porque Dios no ama sino a quien vive con la Sabiduría.”

No se puede hablar nunca en pasado de la Enseñanza y la obra de Federico. Su espíritu es una fuente sobreabundante, un torrente de agua viva que no cesará nunca de manar pues se ha fundido con el Uno y Solo de que habla el "Corpus Hermeticum". El es la encarnación de Hermes, heraldo divino, intérprete del Misterio, un teúrgo, un mago, un chamán u hombre-medicina, un héroe civilizador, que une permanentemente el cielo con la tierra, y la tierra con el cielo. Por eso mismo fue también un celoso guerrero, un poderoso león que guarda y protege el recinto sagrado.

Cuando mi Maestro pronuncia su palabra la imagen sonora de una Idea arquetípica irrumpe como un relámpago en la oscuridad de la ignorancia, y se hace la posibilidad de ser en el corazón. La realización espiritual es ahora, y jamás ha estado sujeta al tiempo cronológico. El mito sagrado, como el símbolo y el rito, están vivos y pueden ser encarnados. De lo contrario, ¿qué sentido tendría entonces la transmisión del Conocimiento, de la Gnosis? Recordando la Primera Epístola de San Juan, podríamos decir con el águila de Patmos:

“Lo que existía desde el principio, / lo que hemos oído, / lo que hemos visto con nuestros ojos, / lo que contemplamos / y tocaron nuestras manos / acerca de la Palabra de vida, / -pues la Vida se manifestó, / y nosotros la hemos visto y damos testimonio / y os anunciamos la Vida eterna, / que estaba vuelta hacia el Padre y que / se nos manifestó- / lo que hemos visto y oído, / os lo anunciamos, / para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre / y con su Hijo…”

Esto fue, es y será por siempre nuestro Querido Maestro, Federico González Frías, que ha tomado como soporte una estrella en el firmamento para realizar su último viaje, más allá del Ser, hacia la Libertad absoluta, No-dual e Incondicionada, un estado que es la esencia misma de su pensamiento y su Enseñanza metafísica.

Federico, “Príncipe de la Paz”, ave Phoenix de nuestro tiempo, permanecerás por siempre vivo en la memoria y en el corazón de todos aquellos a los que acogiste bajo tus alas, los que, como señalaste en cierta ocasión, “habiendo heredado no hurtan”. Descansa en la Paz.

Francisco Ariza. Palabras pronunciadas durante sus Honras Fúnebres (11- 11- 2014). 

(Se publica con autorización)

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